Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
   Después del pacto     
 
 Diario 16.    04/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Después del pacto

José Félix Tezanos

La evolución de la situación económica y las aún especiales circunstancias políticas del presente han

contribuido a que en nuestro país se haya generalizado una clara conciencia de que sólo mediante un

acuerdo socio-político será posible —para bien de todos— remontar el delicado momento actual. Nadie

quiere vivir un progresivo deterioro de su situación económica y son muy pocos los que sueñan con

nostálgicas "vueltas al pasado", o con "aventurados" saltos en el vacío. En una sociedad como la nuestra

todos tenemos bastante que perder si se produce un grave deterioro económico y, por ello, todos estamos

dispuestos a poner algo de nuestra parte para que el país no se vaya a pique.

Ahora bien, que exista una voluntad popular de acuerdo y que los partidos de izquierda estén dispuestos a

asumir, con gran responsabilidad y sentido patriótico, el papel de contribuir a la recuperación económica

y a la consolidación de nuestra democracia sobro bases sólidas y seguras, no significa, por sí solo, que

todo esté en vias de solución.

Para que un pacto sea sólido es preciso que sea algo más que una declaración "teórica" de intenciones. Es

necesario que sea coherente y viable y que haya garantías de que se vaya a llevar a la práctica. En suma,

es preciso que el pacto, y sus gestores, despierten confianza.

Las bases sociales del pacto

Así pues, cuando algunos sectores sindicales y políticos han manifestado reticencias sobre el pacto de la

Moncloa y sobre la manera en que se ha gestado y desarrollado, le que están haciendo no es mantener un

comportamiento negativista, sino exigir un planteamiento mucho más serio y profundo del asunto.

Ciertamente, un pacto implica una previa clarificación de la identidad social de los pactantes, así como un

ajuste a los intereses que representan. Un pacto en el que los grandes intereses económicos no confian en

quien pretende representarlos, es el que los intereses de la pequeña y mediana empresa no están

claramente presentes, y en el que algunos de las representantes de los trabajadores, obsesionados por otros

objetivos políticos, no asumen claramente la defensa de sus intereses, es un pacto que tiene bastantes

elementos poco propiciadores del grado de consenso necesario para que sea eficaz.

La crisis social que abrió el franquismo, en cuanto sistema político inmovilista y no ajustado a las

necesidades de nuestra dinámica social, debe prevenirnos de los peligros que se derivan de cualquier

situación en que se produzca un desajuste entre sistema político y realidad social. ¿Se ha superado esa

situación de divorcio sociopolítico?

Para algunos sociólogos, uno de los rasgos más característicos de la ideología fascista, en cuanto

metodología política, es situar al Estado, como encarnación del poder político, por encima de la

economía. Como ha señalado Horowitz, para el fascista es como si la base fuera "el Estado y la economía

la superestructura". Ciertamente esta confianza omnímoda en el Estado y su poder conformador de la

realidad ha producido en algunas ocasiones resultados sorprendentes, que han dado lugar a profundas

corrientes de revisión teórica sobre el papel del poder político y las ideologías en la conformación de la

dinámica social. Pero la cuestión, para nosotros, aquí y ahora, no es una cuestión teórica ni académica,

sino una cuestión vital que puede condicionar de manera importante nuestro futuro.

Posfranquismo y democracia

Creo que somos muchos los que tenemos la sospecha de que algunos hombres formados en el franquismo,

aunque ahora practiquen procedimientos democráticos, están tan poderosamente influidos por las

metodologías políticas que durante tantos años aprendieron y practicaron que continúan creyendo que

desde el Poder se puede "fabricar" la realidad. La configuración de UCD como un gran partido del

Gobierno y para el Gobierno, y su éxito en las elecciones, revela ciertamente la fuerza del Estado

moderno. Desde el Estado se pueden hacer partidos y se les puede llevar al éxito. Desde el Estado se

pueden desarrollar políticas inteligentes orientadas a monopolizar espacios políticos. Ahora bien, lo que

no se puede hacer, utilizando el poder del Estado, es suplantar los intereses socioeconómicos que existen

en la realidad social. La CEDA era un partido político que representaba intereses económicos y sociales

bien identificables en la España de la década de los años 30. Pero, ¿qué intereses representa la UCD en la

España actual? ¿No nos encontraremos, quizá, ante un nuevo caso do desajuste entre situación política y

realidad social? ¿Cómo se explica el bajón en la popularidad de UCD que revelan los últimos sondeos

electorales?

Sin duda, un grave problema en nuestra evolución política sería que la izquierda se encontrara sin

interlocutores válidos y representativos en la derecha y en el centro como para poder llegar a establecer

acuerdos eficaces.

Confianza en el futuro

La forma en que se ha venido utilizando, desde ciertos sectores, el poder del Estado ha engendrado

desconfianzas nada fáciles de superar. Por ello el que se haya llegado a ciertos acuerdos, exigidos por el

bien común, no significa que determinados partidos —y los intereses sociales que representan— se retiren

a los cuarteles de invierno. La vieja clase dominante continúa en el Poder, y lo que aún está por ver es si

la construcción de nuestro futuro no pasa necesariamente por la superación de todas las hipotecas y trabas

sociales y políticas que el poder oligárquico de esa clase supone. Por ello, por muchos pactos a que se

llegue en este momento, lo que continuaremos planteando legítimamente muchos españoles es que, sin

caminar decididamente hacia procedimientos socializadores de nuestra economía, será muy poco lo que

se podrá hacer para que mejoren las condiciones de vida de la gran mayoría de los ciudadanos. Para lograr

esto, parece evidente que lo que se necesita es otro gran pacto: un pacto de todos los sectores

antioligárquicos que quieran acabar con la lesiva dominación de las viejas clases dominantes. Esta va a

ser, sin duda, la tarea política más importante para un futuro inmediato. ¿Será posible una convergencia

de acuerdos entre la clase trabajadora manual, los trabajadores administrativos y profesionales, y los

amplios sectores de trabajadores independientee y pequeños y medianos empresarios en un gran pacto

modernizador y antioligárquico? El tiempo lo dirá. De lo que no cabe dudo es de que los intereses de

España son, en estos momentos, los intereses de la gran mayoría de los españoles y no los de unas pocas

familias de la oligarquía, empeñadas en mantener un sistema de dominación en claro proceso de

decadencia.

 

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