Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   Lo iberoamericano en la etapa actual de la política española     
 
 Ya.    03/11/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 8. 

LO IBEROAMERICANO EN LA ETAPA ACTUAL DE LA POLÍTICA ESPAÑOLA

Es en la respuesta a los problemas de la vida cotidiana donde ha de darse—para que sea real — "la

compenetración con los países iberoamericanos", aludida en el reglamento del Senado como meta de una

nueva y necesaria actitud política. El senador y catedrático de Derecho Internacional. Mariano Aguilar

Navarro hace en este artículo una introducción al tema.

EN el reglamento del Senado, al tratarse, en su capítulo III, "De las comisiones", figura un artículo de

especial significación para entender, en buena parte, la orientación que "quiere" tomar la nueva

diplomacia española. Aludo concretamente al artículo 50, que viene redactado como sigue; "Se

constituirá en el Senado una comisión especial para asuntos iberoamericanos, que prestará asesoramiento

e información a las comisiones legislativas y podrá realizar estudios y promover reuniones y consultas

con la finalidad de mejorar e incrementar nuestra compenetración con los países iberoamericanos." La

creación de esta comisión especial merece una cuidadosa atención por parte de los señores senadores y,

naturalmente, por la de los gobernantes y gobernados. Trataré de alegar algunas razones en apoyo de esta

afirmación.

NOSOTROS llegamos en un mal momento a la negociación con las Comunidades europeas. Lo vengo

afirmando en mis últimas colaboraciones periodísticas y lo veo confirmado en muy diversos planos.

Ultimamente lo ha señalado e1 mismo "premier" británico. Cuando hace algunas semanas, en pleno

verano, "Le Monde" aludía a nuestra renovada decisión de adherirnos a las Comunidades, creyó oportuno

mencionar la situación crítica, enfermiza, de la actual España. No niego el dato; lo que sí afirmo, y lo

puedo hacer apoyándome en muy numerosos artículos del prestigioso rotativo francés, que sería más justo

y certero extender el diagnóstico a toda la Europa comunitaria. En estos últimos meses puede, decirse que

no hay un solo país de esas Comunidades europeas que no manifieste síntomas muy claros de malestar y

de confusión. Los movimientos ecologistas, en los que no ha sido infrecuente incrustaciones ácratas; el

sentimiento de desazón y de hostigamiento que experimenta la República Federal Alemana; la crisis

siempre latente en Italia; la confusión reinante en Francia y en todas sus fuerzas políticas; las crisis de

distinto grado que acosan a belgas y holandeses, etcétera. Y si todo ello no bastara, habría que añadir el

sombrío horizonte de las mismas Comunidades europeas. El hecho mismo de la polémica, en cuanto a la

problemática de su "ampliación", es un dato significativo, al igual que su inclinación al proteccionismo y

chovinismo. Cuando una comunidad política declara que ha llegado, aun cuando sea de momento, al

límite de su expansión, es que en ella se ha detenido su proceso vital y ha comenzado su otoño histórico.

Recordemos la vocación paneuropea con la que estas Comunidades se presentaban en los preámbulos de

sus respectivos tratados y habremos comprobado su estado actual enfermizo.

POR todas estas razones puede decirse que España llega tardíamente a Europa y que esta Europa, al

menos hoy, está un tanto estancada. ¿ Sucedería igual si nos orientásemos hacia Iberoamérica? Quiero

adelantar una valoración de los términos propuestos. Yo no me pronuncio en contra de esas negociaciones

con las Comunidades, como tampoco niego en modo alguno nuestro destino europeo. Lo único que me

interesa hacer es una operación de matización y de pluralidad de caminos. Sin excluir la "operación

Europa", lo que debemos es afanarnos por dar e1 máximo relieve a "nuestra operación Iberoamérica".

Aqui sí podemos llegar a tiempo, y hacerlo con la "estatura" política, tecnológica, cultural, etc., adecuada,

y no como enanos y pedigüeños.

No es suficiente crear unos órganos, como puede ser esta comisión especial, ni cambiar la denominación

de otros ya establecidos desde hace bastantes años. Aludo a la recién bautizada Oficina Iberoamericana de

Cooperación. Ha dicho recientemente en "El País" Carlos Santamaría que el Régimen tuvo la propensión

a "creerse" que un simple cambio de nombre resultaba suficiente para introducir una nueva forma política.

La historia de la ahora llamada Oficina es un buen ejemplo de lo dicho por el ilustre vasco. Parémonos

en este dato...

EN el cuidado libro de Samuel Flagg Bemis "La diplomacia de Estados Unidos en la América latina"

(Fondo de Cultura Económica, Méjico) se dice (pág. 384), enjuiciando lo que intentaba ser la Hispanidad

como arma al servicio del fascismo, lo siguiente: "El 8 de enero de 1941 el general Franco, dictador de

España, fundó el Consejo de la Hispanidad en Madrid con el fin de fomentar en América latina su propia

marca fascista de hispanismo" (y apoya la afirmación en un interesante articulo del célebre hispanista A.

P, Whitaker, publicado en 1941). Acaso sea un tanto exagerada la versión dada por los historiadores

americanos (nada proclives al marxismo). Mas lo que sí es cierto es que cuando la guerra terminó en 1945

y nosotros, es decir, el Régimen, tuvo que buscar el apoyo de USA, una de las cosas que se hizo fue él

"cambiar" la designación del organismo. Así nació el Instituto de Cultura Hispánica, que evidentemente

estaba al servicio de una muy concreta y politizada versión de la Hispanidad. Puede ser que la tendencia

del anterior Consejo a "atender" sugerencias del Eje pasaba ahora a convertirse en una tendencia a no

disgustar a los norteamericanos y a favorecer a las oligarquías iberoamericanas. ¿ Procederem o s ahora a

una simple modificación de siglas, sin comprender que hay que ahondar mucho hasta llegar a una total

revisión de las líneas maestras de la institución? Una transformación que lógicamente supondrá un

profundo cambio en el personal dirigente, en buena parte ejecutor de la línea política del anterior

Instituto.

EN la acción diplomática del Rey tiene una acusada relevancia la preocupación, el realce de esta

dimensión iberoamericana. Los viajes del Monarca a tierras fraternas es un testimonio evidente de esta

decisión. Y lo es, además, por la preparación de los discursos que en esa tierra iberoamericana el Rey

pronuncia; como lo es, y muy singularmente, por la forma de haber celebrado en sus años de reinado la

fiesta del 12 de octubre, a la que por ventura le ha dejado de designar como fiesta de la Raza, de la

Hispanidad, etc. Creemos que en esta fraseología abandonada se contiene la decisión de "abandonar" una

línea política que era alucinante y contradictoria con nuestro mismo ser, nada racista e imperial.,.

QUISIERA, para concluir este artículo (que en mi intención es simplemente la introducción a una serie de

colaboraciones sobre esta actitud iberoamericana que debe hacer suya España), indicar algunas cosas. Por

ejemplo, la denuncia de una concepción retórica, de juegos florales, en la que se quería envolver esa

dimensión iberoamericana de nuestro propio ser español. La defensa de un iberoamericanismo positivo

(no nostálgico) real, pensado en las tareas futuras, etcétera, es una decisión válida y necesaria. Es

igualmente valiosa a la referencia constante en el último discurso del 12 de octubre en tierras canarias del

Rey a la cultura; que es idioma, pero algo que también trasciende del idioma, y que es legado del pasado,

pero algo que tiene que vivir realizándose en el presente y proyectándose, ante todo, en el futuro. Desde

los marxistas de los imperios centrales (especialmente los de la escuela austríaca) hasta el mismo Stalin,

la referencia a la lengua, a la cultura, es algo que nadie discute seriamente en relación a las formas de

plasticidad política. Mas no incurramos es el error de mal interpretar esta dimensión cardinal. Tenemos q

u e decidirnos a buscar un futuro solidario "desde una comunidad idiomática y una afinidad cultural",

pero entendiendo siempre que esa, es linea de partida, camino, pero jamás meta ni único fin. Y que esa

"compenetración con los países iberoamericanos" de la que habla el artículo 50 del reglamento del

Senado tenga la nota dominantemente positiva, la línea clara de ser una respuesta a los problemas de la

vida cotidiana, pues es en esas superficies donde se hace realidad la compenetración de los hombres y de

los pueblos.

M. AGUILAR NAVARRO

 

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