Autor: Sotelo, Ignacio. 
   El pragmatismo de Suárez     
 
 Diario 16.    08/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El pragmatismo de Suárez

Ignacio Sotelo

Nadie podrá negar al presidente del Gobierno una habilidad especial para apropiarse de las ideas de la

oposición, convirtiéndolas en realidad muy a su manera. Gritabais democracia, decíais que sólo el

restablecimiento de un régimen democrático podría sacar al país de su secular postración, pues ahí va

democracia, traída por los caminos más recónditos, pero siempre legales, desde el corazón mismo del

Movimiento, logrando incluso que fuera aprobada por mayoría aplastante en las últimas Cortes del

franquismo. Suárez ha invalidado en la práctica que es la forma adecuada de refutar teorías— el

prejuicio, harto extendido en los medios de izquierda, de que el régimen franquista nunca podría

evolucionar hacía una democracia: le hemos visto a lo largo de todo un año tirando del ovillo, pero

cuidando mucho de no romper el hilo, hasta encontrarnos con una democracia surgida legalmente del

franquismo. Los teóricos tratarán de averiguar durante mucho tiempo para eso están— en qué se distingue

la democracia legal que ha parido el franquismo de una verdadera democracia. Pero los políticos y los

partidos de izquierda que cuentan ya nos han dicho que la resultante es la buena, y su opinión es la única

que importa. Lo demás son ganas de disquisiciones bizantinas, propias de eruditos y académicos, que de

alguna forma tienen que llenar la oquedad de su cabeza.

Gritabais autonomía para las nacionalidades y las regiones, y ahí tenéis al señor Suárez convertido en

adalid del autonomismo, negociando con tirios y troyanos para que un día ya no lejano las autonomías

surjan relucientes y acabadas, como Atenea de la cabeza de Zeus. Tendremos autonomías antes de que los

parlamentarios hayan dado a conocer públicamente lo que piensan en concreto sobre el particular, y,

desde luego, mucho antes de que los pueblos puedan manifestarse al respecto. Algunos, los de siempre, se

preguntarán si las autonomías negociadas por el Poder con algunos representantes históricos sacados de

las catacumbas son los autonomías por las que han luchado los pueblos. En algunas regiones se ha notado

poco la lucha, también hay que decirlo.) Pero los partidos que tienen la palabra nos sabrán reconfortar,

zanjando por las buenas las cuestiones insidiosas que puedan hacer unos cuantos que, por no estar en el

ajo, no saben de dónde sopla el viento.

La etapa de construcción

Según va tomando cuerpo la democracia y las autonomías se colocan a una proximidad esperanzadora,

crece el número de los que echan de menos una especie de proyecto nacional con el que dar aliento y

sentido a las nuevas instituciones. Porque las realidades creadas —partidos, Cámaras legislativas— son

simplemente instrumentos, funcionales en alto grado y desde luego irrenunciables, pero instrumentos al

fin y al cabo de una política concreta. Mientras el presidente se encargó de desmontar el franquismo

sabíamos a qué atenernos. Pero si se considera que esta tarea está finalizando, como se inclinan a pensar

las gentes más o menos ligadas a la UCD, entonces cabe reprochar al señor Suárez la falta de una visión

política que vaya un coquito más allá de un pragmatismo enlumecedor. Las cualidades de Suárez serían

las del mago capaz de transformar el franquismo en democracia, pero inservibles a la hora en que ya no se

trata de desmontar, sino de construir. En la siguiente etapa ,1o que se precisa al frente del Gobierno ya no

es un manipulador pragmático, sino un estadista de verdad.

No estoy muy seguro si este tipo de argumentación, además de su función evidente en las luchas por el

poder dentro de la UCD, contiene algo más que la verdad de Perogrullo de que siempre es mejor tener al

frente de los destinos de un país a un estadista con una visión general que a un pragmático cuyo único arte

consiste en dar con el agujero oportuno para ir saliendo de apuros. Porque lo que si es completamente

falso es la presunción de que en los periodos de desmontaje sirve mejor el pragmático, mientras que los

de edificación exigen ya un estadista. Distinguir claramente entre el periodo de derribo y el de

construcción puede ser útil en ingeniería; en política, el modo cómo se desmonta y la profundidad que

alcance el desmantelamiento prefigura ya irremisiblemente el futuro. De ahí que no quepa ponerse a la

obra sin una visión clara de lo que se pretende construir para saber lo que hay que derruir y de qué forma;

en política no se tiene nunca el solar limpio, para luego pensar tranquilo lo que se puede hacer con él.

Operación de poda

El que el pragmático Suárez haya dirigido la operación de poda —con el aparato estatal del franquismo

incólume, malamente se puede hablar de derribo— configura ya el alcance de lo que se va a poder hacer

mañana. El pragmatismo de Suárez ha arrastrado el pragmatismo de los demás políticos, y a la inversa, de

modo que hoy en España, a diestro y siniestro, no se divisan más que pragmáticos, pero muchos de ellos

sin la habilidad negociadora que por lo menos el señor Suárez ha puesto de manifiesto.

Porque si el presidente se está quedando sin ideas, él que tan afanosamente las ha ido recogiendo de la

oposición, es porque ésta tampoco tiene mucho que ofrecer. En su indigencia, a los comunistas no se lee

ocurre otra cosa que pedir un puesto ministerial bajo la fórmula de "Gobierno de concentración nacional".

Y eso si que no. Para gobernar se basta y se sobra el señor Suárez. No ha llevado a cabo la complicada

"operación democracia" para perder el poder, o compartirlo con los que ni siquiera han estado dispuestos

a entrar en su partido. Que los comunistas definan claramente la política concreta que desarrollaría ese

"Gobierno de concentración nacional", que el señor Suárez ya la llevará a la práctica, como ha estado

haciendo hasta ahora, a su manera y por andurriales muy suyos. Pero pedir nada menos que participación

en el Gobierno, como si los comunistas fueran los únicos que todavía no se han enterada de qué va el

juego y quién tiene el poder en el país. ¿Cabe mayor pereza mental?

 

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