Autor: González Márquez, Felipe. 
   Crisis política     
 
 Pueblo.    10/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

«CRISIS POLÍTICA»

El secretario general del PSOE, Felipe González, firma en el último número de «El Socialista» el siguiente artículo:

«Sin pretender agotar el tema, cuyo análisis en profundidad trasciende de las fronteras de un solo articulo, merece la pena, en la actual coyuntura, hacer una primera aproximación al problema de la crisis de Gobierno. En principio, es necesario superar la falso dialéctica de si existe o no existe crisis de Gobierno. Existe crisis de Gobierno desde el momento en que medios de comunicación, con extraña unanimidad, se hacen eco de las contradicciones del Gabinete actual y, de modo dispar, apuntan soluciones. Sería ridículo pensar que la definición de la crisis pertenece, subjetivamente, al Gobierno. En este caso, rara vez nos hallaríamos ante la aceptación de la existencia de una crisis política.

Inoperancia del Gobierno

Otro problema es el de conocer o determinar las razones de esta crisis, A mi juicio, las constantes políticas, económicas, sociales, etc., del país no han variado sustancialmente como para afirmar que existe hoy una situación critica, en mayor medida de la que podríamos haber constatado hace uno o dos meses. El factor determinante de la crisis de Gobierno no es, por consiguiente, la aparición de circunstancias externas al Gabinete, que hayan condicionado su vida como equipo.

Si estas razones no existen, o existen en la medida que en el momento de la formación del Gabinete, la única motivación real de la crisis estaría en la inoperancia del Gobierno, sumido en contradicciones internas, en faltas de confianza mutua. En definitiva, en la inexistencia de un equipo armónico que pueda afrontar los problemas de nuestra transición, sin duda graves y difíciles.

Ante este panorama, la tercera cuestión que habría que plantearse es la de la salida de la crisis. Sin entrar en las razones que pueden motivar a algunos partidos de izquierda a algunos sectores radicales de la derecha, para proponer un Gobierno de concentración, sin inmediatamente plantearse si este Gobierno de concentración o de coalición va a añadir mayor coherencia al equipo, o, por el contrario, va a complicar aún más el entendimiento interno.

Rendir cuentas ante las Cortes

En democracia, un Gobierno de concentración es siempre un Gobierno contra "natura", en el cual se confunden criterios alternativos de poder, y el porqué y el para qué de gobernar. Un Gobierno de concentración solo se justifica cuando, una vez ensayadas todas las fórmulas democráticas, el país sigue amenazado en su funcionamiento, por circunstancias objetivas que exigen olvidar la representación de intereses de los distintos grupos políticos, sus criterios y modos de afrontar la solución de los problemas, para defender únicamente la supervivencia de las Instituciones.

A mi juicio, no sólo no se han agotado las fórmulas democráticas, sino que ni siquiera se han empezado a ensayar. Al hilo de las informaciones de numerosos sectores de opinión, se tiene la sensación de que el Parlamento no funciona. La afirmación no me parece del todo justa, pero es cierto que el Gobierno ha procurado dar una sensación de continuismo peligroso para el restablecimiento de la democracia. Las Cortes no tienen aun normas precisas de funcionamiento, pero están ahí como organismo de representación de la soberanía popular. Ante ellas, el Gobierno debe rendir cuentas de sus proyectos en materia de política interior, de las relaciones industriales, de política educativa, de política económica, política exterior, etcétera.

Todo ello, sin restar la eficacia que el ejecutivo necesita, pero con la conciencia plena de que las Cortes, en su función de control de la marcha política que el ejecutivo debe imprimir a la vida del país, podría reforzar o negar el proyecto gubernamental.

Democracia y no catástrofe

¿Por qué antes de hablar de crisis no se somete al Gobierno al control del Parlamento para saber si goza o no de su confianza? Tal vez, la respuesta no sea una, sino múltiple. Puede que los residuos del pasado pesen mucho sobre los miembros del Gabinete actual y teman que la liquidación necesaria de dichos residuos les arrastre en su falta de credibilidad. Puede, también, que los modos de hacer política en un sistema democrático no hayan calado aún en la vida del país y, mucho menos, en la del Gabinete.

En todo caso, lo que se nos puede exigir es que hagamos funcionar la democracia sin catastrofismos políticos, sin alarmismos innecesarios, conociendo la dimensión y la profundidad de los problemas y los renunciamientos partidarios que esto exija.

No se nos puede pedir que gobernemos porque las circunstancias expresadas de modo catastrófico por algunos interesados asi lo exijan, sin explicar el para qué se nos pide que gobernemos. Los socialistas queremos ser fieles a ese para qué, y si entramos a formar parte de un Gobierno, sea cual sea su composición, ha de ser compatible para nosotros el por qué gobernamos y el para qué gobernamos. Lo contrario será diluir nuestro carácter y negar nuestro futuro como alternativa de poder.

En todo caso, si estuviéramos convencidos de que lo que peligra es el restablecimiento mismo de la democracia, aceptaríamos cualquier sacrificio. Pero no lo estamos, sino todo lo contrario.»

 

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