Autor: Sotelo, Ignacio. 
   ¿Cabe una política socialista?     
 
 Diario 16.    25/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

¿Cabe una política socialista?

Ignacio Sotelo

El conciudadano que se sienta monárquico, de talante liberal y que crea que la democracia representauva

en lo político, y el capitalismo en lo económico, constituyen las mejores opciones —o. si se quiere, las

menos malas— ha de saludar alborotado la actual "reforma política ". El cambio de régimen se ha

conseguido con menos traumas de tos esperados y va rodando por el buen camino. Pavor tan sólo produce

volver la vista atrás: tan grandes y sustanciales son las transformaciones que ha experimentado nuestro

país y estaban, como quien dice, al alcance de la mano. Nos reconcome pensar en las posibilidades

definitivamente perdidas para el país y para la biografía personal de cada uno, sencillamente porque los

aliados no supieron imponer la restauración a su debido tiempo. Claro que, a "posteriori", la Historia

siempre resulta explicable: la España de 1946 no era la de 1975; los odios fraguados en la guerra civil

continuaban al rojo vivo; la izquierda seguía soñando eon la idea de dar "la vuelta a la tortilla" y la

"guerra fría" enseñaba ya la oreja, cortando de raíz cualquier afán de experimento en las respectivas zonas

de influencia.

Puede ser que una buena parte de los españoles participen de este alborozo y apoyen sin reservas los

cambios efectuados y la manera de hacerlo. Pero no se olvide que fuerzas sociales, reciamente arraigadas,

tienen un interés manifiesto en hacérnoslo creer así. Los resultados electorales, si bien muestran

palpablemente que nuestro pueblo quiso el camgio —el franquismo y el neofranquismo se han convertido

en una minoría casi residual—. no permiten concluir, sin embargo, que los millones que han votado a los

socialistas y a los comunistas temblarían ante una política cabalmente socialista. El problema no consiste

en que no haya en el país un ambiente favorable al socialismo —lo hay y mucho más enraizado de lo que

el más optimista hubiera podido prever—, sino en la falta absoluta de claridad sobre lo que pudiera ser

hoy una política que, sin desconocer la correlación de fuerzas en el interior y el modo de nuestra inserción

internacional, cabría calificar de socialista.

Pero esperar de los socialistas una política que, adaptándose a las circunstancias, no deje de

constituir una alternativa real al reformismo del Gobierno, no es invitarles a que saquen del desván el

arcén de viejas mitos revolucionarios, que la ciase obrera ha desmentido una y otra vez en más de cien

años de incesante lucha. Nada en el fondo más fácil, pero también más inocuo, que una oposición basada

en un verbalismo revolucionario; aisla al movimiento obrero en un "ghetto", sin incidir apenas, sobre la

realidad que pretende transformar. No seremos nosotros los que reprochemos un lenguaje realista y

moderado, Dejemos esta crítica a una seudoizquierda, fetichista de viejos conceptos y de máximas

desfasadas. Ya comprobarán la impotencia asfixiante del radicalismo verbal, sin otra disyuntiva que

hacerse cargo de la realidad acoplando el lenguaje a los hechos, o negarla rotundamente, acudiendo a la

"acción armada", con lo que terminan por servir, sean o no de ello conscientes, a los intereses más turbios

y reaccionarios.

Lo único que queremos señalar, y muchos ya han caído en la cuenta, es que hasla ahora no existe, ni

siquiera en atisbos, "una política socialista para la coyuntura actual", es decir, una política que se deslinde

claramente de una capitalista, por progresista y avanzada que ésta pudiera ser, sin caer por ello en un

mero radicalismo verbal; una política que, tomando en consideración los condicionamientos, pero

también las posibilidades que yacen en el actual proceso de transición, fije los cauces imprescindibles

para que el proceso de democratización no se agote en sus formas burguesas. Lo que propugnamos es,

sencillamente, una política socialista, lo que implica, primero, que incluya en el análisis de la realidad y

en la toma de decisiones una perspectiva distinta a la inherente, a] orden socioeconómico establecido;

segundo, que esta dimensión del futuro por el que se lucha» se refleje en la política concreta que se hace

en el presente.

Para Pietro Nenni, un dilema define al partido socialista que como tal no renuncia a su función

transformadora de la sociedad, ni cae en un mero verbalismo revolucionario: el tener que ser, a la

vez, un "partido de futuro", que supone en so estrategia un orden social distinto y un "partido de presente"

que asume plenamente la realidad dada y de alguna forma se arregla con ella. Sin sumergirse por

completo en la realidad y sin un cierto instinto de oportunidad y aún de oportunismo, no hay política que

vaya adelante; pero tampoco cabe calificarla de socialista, si no incluye una dimensión de un futuro

distinto en las medidas concretas que se tomen aquí y ahora.

El socialismo, ¿cuestión del mañana?

Pero, ¿cabe realmente una política socialista, enunciada en estos términos? No se tratará, dirán los

"realistas", de una abstracción más, que sólo pone de manifiesto la imposibilidad del socialismo, por lo

menos en las condiciones de la España de hoy. La socialdemocracia hace tiempo que ha sacado esta

conclusión, reduciéndose a una política reformista dentro de los estrechos márgenes que permite el

sistema y catapultando la cuestión del socialismo a un futuro tan lejano como impreciso. Muchos

socialistas que se sienten muy alejados de las posiciones socialdemócratas, alegarán que establecer y

consolidar un régimen democrático es, hoy por hoy, la única política realmente socialista, si es que por

socialismo entendemos el despliegue y profundización de la democracia y de la libertad. Los

eurocomunistas, que desde hace poco se mueven dentro de las mismas coordenadas, pretendiendo incluso

encarnar una alternativa socialista para la sociedad capitalista avanzada, distinguen también una primera

etapa en la "que se restablezcan las libertades. Mañana se planteará el problema de la marcha nacía el

socialismo", para decirlo con palabras de Santiago Carrillo.

¿Es el socialismo, realmente, una cuestión que no se plantea por ahora? Y ¿cuándo llegará ese mañana?

¿Tal vez en esaa calendas griegas, adonde lo desplazó la socialdemocracia? E1 tema puede ser atractivo,

por lo menos para ese par de ingenuos «pie todavía creemos que una política socialista, como toda

política, sólo tiene interés si es cuestión de aquí y ahora.

 

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