Autor: Sotelo, Ignacio. 
   Gobierno de concentración (1)     
 
 Diario 16.    15/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Gobierno de concentración (1)

Ignacio Sotelo

Si se hubiera producido la ruptura y nos encontrásemos en un periodo de verdad constituyente, ten

dríamos al frente del país a un "Gobierno provisional". La llamada "«posición democrática" consideró la

formación de un "Gobierno provisional", integrado por todas las tuerzas democráticas del pais de la

derecha a la izquierda, es decir, un "Gobierno de concentración nacional", como ineludible en el periodo

de transición que iría desde la ruptura con el franquismo hasta la institucionalización de un sistema

democrático, al aprobarse la nueva Constitución. Recientemente, el constitucionalista Pedro de Vega

recordaba en este mismo periódico que, en un periodo cabalmente constituyente, la soberanía nacional

radica en las Cortes, y mientras no exista una Constitución que regule las relaciones y responsabilidades

del Gobierno con las Cortes, el Gobierno no puede tener más que un carácter "provisional y transitorio",

integrado por todos los partidos representados en el Parlamento, sin que pueda funcionar, naturalmente,

la dialéctica Gobiernooposición. En buena teoría constitucionalista, el Gobierno provisional de

concentración nacional es el que corresponde a un periodo constituyente.

No hubo ruptura

Pero en el pais no se ha producido la esperada "ruptura democrática". No es el momento de discutir

si las fuerzas democráticas hubieran podido realmente imponerla parece que no— ni tampoco si la

continuidad legal e institucional del régimen franquista, transformándose desde su interior, ha sido un

factor positivo para el tránsito pacífico hacia la democracia —la cosa está aún por ver—, sino

simplemente hay que dejar constancia del hecho fundamental de que no estamos viviendo un proceso

constituyente, aunque estemos preparando una Constitución, sino un proceso de ´´reforma política´1,

como así lo denominó la Ley Fundamental, en virtud de la cual se celebraron las elecciones del 15, de

junio.

Desde los supuestos de la "reforma política´´, que mantiene vigentes Jas Leyes Fundamentales y las nor

mas constitucionales del régimen anterior que no han sido expresamente derogadas, el presidente del

Gobierno es nombrado por el Rey para un período determinado, siendo responsable, mientras nuevas

normas constitucionales no establezcan otra cosa, tan sólo ante el Monarca. No se olvide a estas alturas

que se habla formado Gobierno antes de que se constituyeran las Cortes y que, por tatito, no se sabe si

cuenta con su confianza, ni existen por ahora instrumentos jurídicos adecuados para derrocarle

parlamentariamente. Permítasenos la verdad rivial, pero que en este país no parece ociosa, de insistir en

que la elección libre de unas Cortes no basta para que exista un régimen democrático.

Clamor comunista

Estas consideraciones pudieran servir para encajar correctamente el clamor comunista, que va con

tagiando a ranchos de la necesidad de un "Gobierno de concentración nacional". Si admitimos la ficción

de que vivimos un periodo cabalmente constituyente, no se explica, desde luego, cómo no tenemos, en

los meses cruciales en que las Cortes elaboran una Constitución, un Gobierno "provisional y transitorio",

en el que participen todas las fuerzas democráticas del país. Pero cabe suponer que hasta los comunis

tas se han enterado de cuáles son los mecanismos jurídicos de la "reforma política", así como conocen las

fuerzas sociales y políticas que han montado esta operación de democratizar al antiguo régimen y con

qué objetivos. Si incluyen estos elementos en su análisis, el pedir al Rey y al Consejo del Reino —úni

cas instituciones que según los normas vigentes podrían nombrar a un nuevo presidente dispuesto a for

mar un Gobierno de concentración— o al señor Suárez que bajo su presidencia transforme el actual Go

bierno monocolor en uno en que par» tícipen todos los partidos representados en las Cortes, parece tan

ingenuo como descabellado. Procure el lector barajar por su cuenta las distintas hipótesis —qué personas

podrían presidir este Gobierno de concentración desde el punto de vista de su aceptación por la Co

rona,— y comprobará lo ilusorio de la demanda. La "operación democracia" no va saliendo tan mal —

desde la perspectiva de sus intereses— para que aquellos que la concibieron y la están llevando a la

práctica tengan que recurrir al señor Carrillo.

Constitución y crisis

Pero lo verdaderamente trágico de la demanda comunista de un "Gobierno de concentración nacional" es

que no se hace desde una denuncia de los elementos no democráticos que conlleva el actual proceso de,

"reforma política", exigiendo, en consecuencia, un proceso constituyente neto, con todas sus implica

ciones democráticas, entre las que cabría señalar la formación de un Gobierno de concentración, con ca

rácter provisional y transitorio, mientras se elabora la Constitución. Esto tendría por lo menos un valor

clarificador de la situación en que nos encontramos. Pero el Partido Comunista concibe el Gobierno de

concentración que propugna como la respuesta adecuada a la grave crisis económica y social que atra

viesa el país. El PC estima que la consolidación de la democracia no es posible sin la superación de la

crisis: resolvamos primero la crisis económica uniéndonos todos, que sobre las cuestiones formales de la

Constitución fácilmente nos pondremos de acuerdo.

Nadie con un mínimo de información y de responsabilidad puede desconocer la gravedad de la crisis,

así como el que a mediano plazo la democracia no se estabilizará en el pais si no se logra detener el

deterioro económico actual. En esto hay acuerdo general entre los parlamentarios de todos los partidos, y

asf piensa la mayor parte de los ciudadanos. Lo que ya no está tan claro es si un Gobierno de crisis» como

sería el de concentración que conciben los comunistas, en Jas actuales circunstancias, lejos de domeñar

la situación, acelerase su detortoro. El asunto en grave y existe un tratamiento especial.

 

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