Autor: Gómez, Sócrates. 
   Necesidad urgente para la izquierda     
 
 Diario 16.    15/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Necesidad urgente para la izquierda

Sócrates Gómez (Del Comité Federal del PSOE}

Por repelida podría parecer tópica, pero es una verdad que necesita cada día do renovada afirmación: las

causas, orígenes y raíces de todo el dramático trauma económico de nuestro país se encuentran en el

proceso de los cuarenta años de dictadura. Pero habría que agregar, e insistir en ello, que esos cuarenta

alus tienen continuidad clara en el periodo gubernamental que protagoniza el señor Suárez a través de sus

dos Gobiernos. Concatenados ambos Gobiernos en lo fundamental con lo sustantivo del franquismo;

siendo a nivel personal y político extracción del franquismo mismo y, en general, con raras excepciones,

sus componentes servidores de la política del dictador en el ejercicio de cargos de relieve y de primera

línea cerca de él, queda claro que no se ha cerrado definitivamente el ciclo histórico que representó aquel

periodo tan brutal como nefasto. Lejos de cerrarse, y en la medida que se lo permite su poder y su fuerza

un aparato represivo y burocrático sin desmentalación, ni siquiera revisión; una Administración local y

provincial a su servicio; la sarcástica renovación del Consejo del Reino; el mantenimiento de estructuras

generadoras de toda la bancarrota que se padece, etc.), los Gobiernos Suárez. el primero y el segundo,

están en línea de absoluta continuidad, por mucho que pretendan desimularlo con paliativos que no

alcanzan, por inoperantes o inocuos, ni a eso. a paliar.

La izquierda está más o menos, numéricamente, representada en las Cortes, Senado y Congreso de

Diputados, pero no está en el Poder. El simplismo, de un lado, y la mala intención do otro, no pueden

identificar a la izquierda con el Gobierno. Me refiero a la izquierda auténtica, entendiendo como tal a la

que acreditó consecuente e ininterrumpidamente su oposición durante cuarenta años al fascismo y

advirtió, con tesón pagado con la persecución o la cárcel, a dónde se conducía al país. A la que, frente a la

cómplice tibieza ron que algún ministro actual lo hace, ha venido diciendo al país la verdad de que el

franquismo nos conducía a la ruina, que su política era la de los grandes privilegios de clase y de amparo

a los poderes monopolistas, escudada en una sociedad de consumo alcahueta de toda su superchería, y

que sólo un cambio fundamental en las estructuras de todo tipo de la nación podrían situarnos en

condiciones de afrontar con éxito la terrible herencia. Cambio a través de la ruptura absoluta, total,

rigurosa, con todo lo que aquello representó y no de la reforma, en tanto ésta, como era previsible —y ahí

está la prueba elocuente de la continaidad del Consejo del Reino— habría de representar, y está

representando, la continuidad. Una continuidad reflejada en la forma "caritativa", muy del estilo

franquista, de afrontar el paro obrero, el hambre y la miseria de amplías zonas de nuestro pueblo, como lo

ha hecho; con el alza en el costo de vida en artículos de primera necesidad que inciden de forma

angustiosa, lacerante, en la economía doméstica de la clase obrera; con tendencias ya acusadas a impedir,

a través de una mal disimulada congelación de salarios, el necesario equilibrio de los poderes gananciales

y adquisitivos, etc.

En todo eso, muy sintéticamente expresado, no está la izquierda. No estamos los socialistas. No estamos

ni podremos estarlo jamás. No se confundan las cosas.

El enemigo de la democracia, al acecho siempre, utiliza la falacia de asociar e identificar estas angustias,

estas carencias, este cada día más brutal desequilibrio de las clases sociales menos dotadas con la

democracia, con la aparición de ésta» "Ahí tenéis la democracia", susurran a los oídos de gentes sencillas,

que viven bajo el peso diario, con sentimiento de impotencia, al acudir & mercados y tiendas y se

encuentran el aceite, el pan, el azúcar, etc., más caro. (También, a comienzos de la II República, sus

enemigos lanzaban los mismos susurros: "¿No quería la la República..., pues ahí la tenéis".) Frente a ello,

a la izquierda, a la auténtica izquierda democrática —distingamos— le cumple la obligación de una

urgente y apremiante movilización a través de una campaña nacional en que se recuerden sus postulados

electorales, en la que se diga claramente al pueblo hasta dónde ha sido posible llegar, cuáles han sido las

posibilidades de hacerlos viables, cuáles son las reales perspectivas de hacerlo en el porvenir inmediato,

el de hoy mismo y el de mañana, de posibilidades tangibles en el contexto de la actual política

gubernamental y de juego de las fuerzas parlamentarias; en la que. en fin, se enmarque la estrategia que la

corresponda en función del claro antagonismo que la distingue de las corrientes de la política a nivel de

Estado.

La izquierda no gobierna, la izquierda no está en el Poder. La opinión pública, la clase obrera como parte

esencial y mayoritaria de ella, tiene que tener conciencia absoluta de esa realidad. No nos van los lirismos

trasnochados ni la demagogia. Intentamos dar la voz de alerta sobre algo, ambientalmente cultivado, que

puede hacer evidente daño al proceso democrático, muy serio daño. Una tarea de clarificación, de amplia,

responsable, clara y firme información podría dar al traste con ese clarísimo propósito perturbador de

pura esencia reaccionaria. Evitaríamos a tiempo que el pueblo llano y sencillo, el auténtico» cayera en el

escepticismo que le condujera a admitir tácitamente que todos los males que existen en nuestra vida social

y económica son de alguna manera imputables a la democracia no rigurosa ni efectivamente estrenada

aún, y no se diera cuenta de que la responsabilidad reside en una política dirigente a nivel gubernamental

y de presión a través de los instrumentos políticos de que se sirve aquélla, que sigue, en lo fundamental,

entendiendo los problemas como los entendía el franquismo, del que son sus herederos y continuadores.

 

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