Autor: Sotelo, Ignacio. 
   Los peligros de la involución     
 
 Diario 16.    02/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Los peligrosde la involución

Ignacio Sotelo

Una cosa es segura: el régimen de Franco ha desaparecido definitivamente, sin vuelta posible. Quiero

pensar para alborozo de los más, pero no sin que el número de los nostálgicos sea despreciable. Cuarenta

años dejan huellas perennes en la historia de un país, máxime cuando han estado cargados de experiencias

tan angustiosas y profundas. Si Franco hubiera caído en 1945, su régimen hubiera quedado en la memoria

colectiva como una pesadilla de terror, debido al vano empeño de levantar en nuestro siglo un imposible

imperio teocrático. Habiendo durado hasía 1976, el fenómeno del franquismo es mucho más complejo.

Paradójicamente, muchos lo recordarán por aquello, contra lo que se opuso con mayor violencia: la

modernización del país. En la década de los sesenta, un crecimiento económico, inducido desde fuera,

lleva a muchos españoles a saborear por vez primera lo que puede significar la noción de bienestar. Ha

serán los años del hambre y de la represión brutal de los cuarenta, los que impregnen la imagen del

franquismo —conscientemente, no los han vivido más que una parte, ya minoritaria de la población, que

han cumplido los cincuenta—, sino los que, con todas sus miserias y limitaciones, se vinculan a la

participación en el consumo.

Según sea el tenor de los años venideros, los franquistas disminuirán rápidamente, o podrán consolidar

una ultraderecha, que mitifique un "pasado glorioso de orden y progreso". Seria ingenuo, si no suicida, el

pensar que el franquismo, como fuerza política, pertenece al pasado, pero también el considerar

seriamente su posible retorno. El régimen de Franco, en cuanto dictadura personalistas, con los caracteres

específicos que le imprimió el dictador, es irrepetible. Pero esta seguridad no nos libra de tener muy

presente oirás posibilidades de involución, todavía implícitas en el actual proceso de transición.

Improbabilidad de un golpe de Estado

A nadie con un mínimo sentido de responsabilidad puede ocultársele que, a pesar de los pasos de gigante

ya dados, estamos aún muy lejos de tener asegurada la democracia. Lo único seguro es que el franquismo

ha muerto con Franco» y que es irrepetible. Pero existen innumerables formas de escamotear los pueblos

de España la democracia, y no son las más violentas y directas, las que actualmente parecen las más

peligrosas.

Desde luego que no cabe descartar por completo una intervención militar, pero hay que decir que, por lo

pronto en los próximos años, parece harto improbable. Larga es la serie de factores que se oponen a una

salida golpista. El primero y fundamental es la institución Monárquica misma, consciente de los intereses

básicos del país y de la dinastía. Los ejemplos de Alfonso XIII y de Constantino de Grecia son lo bastante

axplicitos para que pueda tolerar, y mucho menos apoyar, esta suerte de devaneos. Segundo, una solución

de este tipo no contaría en el país más que con la aprobación de una minoría fanática, numéricamente

insignificante, y en el exterior, con un repudio general. Por lo menos en este punto existe consenso

general; una dictadura militar, lejos de resolver ninguno de tos graves problemas planteados, no haría más

que agravarlos, colocando al país en una situación p r e r r evolucionaría. Tercero, el Ejército es

consciente de todo esto, y está, por tanto, realmente interesado en mantener su neutralidad política,

dedicado por entero a sus tareas profesionales.

Peligro de involución; la integración de la izquierda

Si este análisis es correcto, a quien debería interesar en primer lugar es a la izquierda. Nadie duda

seriamente que lo que ahora importa es consolidar el proceso democrático; que no tiene el menor sentido

—nunca lo tiene— el gastar la pólvora en provocaciones vanas, que sólo favorecen a los enemigos de la

democracia. No es mala cosa predicar moderación y realismo —la buena política tiene siempre que ser

realista, y, por tanto, moderada y a su ritmo—, pero siempre y cuando no sirva para ocultar la propia falta

de imaginación política, o el afán burocrático de estabilizar desde ahora las posiciones adquiridas.

Si la izquierda entiende que no hay socialismo sin democracia» también debe saber que tampoco hay

democracia sin socialismo; que el socialismo no es más que la realización de la democracia, en los

diversos planos político, social y económico. Cierto que en las actuales circunstancias estamos muy lejos

de poder realizar una democracia verdadera, que son muchas las etapas que quedan por recorrer y

enormes los peligros y dificultades que es preciso vencer, Pero hay que decirlo abiertamente sin

refugiarse en la ambigüedad del concepto de democracia, apelando a las amenazas de involución, para

calmar a los entendidos.

La historia no está escrita. Todo avance conlleva riesgos de retroceso, y un retroceso puede significar la

base para un salto hacia adelante Nada de aventurerismo ni de dialéctica de lo catastrófico —cuanto peor,

mejor—, pero tampoco una definición a priori de lo posible, que recorte cualquier posibilidad de cambio

sustantivo. E1 verdadero peligro de involución no reside, hoy por hoy, tanto en el golpe de Estado

violento como en la consolidación demasiado temprana de una "democracia" que cierre las puertas a todo

cuestionamiento del sistema, integrando incluso a la izquierda tradicional, llámese socialista o comunista.

 

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