Autor: Sotelo, Ignacio. 
   ¿Se produjo la ruptura?     
 
 Diario 16.    28/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

¿Se produjo la ruptura?

Ignacio Sotelo

Tál vez a mas de un lector le parezca la cuestión de si se produjo o no la ruptura en exceso bizantina, afán

de rizar el rizo sin ninguna relevancia práctica. Porque de lo que no cabe la menor duda es que el régimen

de Franco ha dejado de existir, encontrándonos navegando en mares muy diferentes. Pero si el régimen ya

no existe, dé algún modo y en algún momento ha debido de producirse la ruptura.

En un país que vive una tan rápida transformación política y que a pesar de su falso culto por la Historia,

quizá justamente por eso, se caracteriza por una escalofriante falta de memoria histórica, no tiene

demasiado sentido recordar una distinción publicada en este mismo periódico, en aquella lejanísima fecha

del 28 de abril del presente año. Con todo, no puedo menos de recordaría, superando a regañadientes el

mal gusto de la autocita. Hasta tal punto me parece esencial en el momento que vivimos.

"No se produjo la ruptura democrática a que aspiraba la oposición antifranquista. Ello hubiera supuesto

uña verdadera ruptura, no sólo de la legitimidad, sino también de la legalidad del franquismo, abriendo un

proceso constituyente que hubiera presidido un Gobierno provisional, que empezaría por convocar un

plebiscito sobre la forma del Estado, Monarquía o República. Tampoco ha logrado mantenerse más de

ocho meses la continuidad del régimen que Franco había dejado "atado y bien atado"... Ni ruptura ni

continuidad, sino una tercera vía que comporta el mantenimiento de la legalidad que el Rey hereda del

franquismo, pero volviendo al principio de legitimidad democrática que proclamó su padre en 1945."

La reunión de unas Cortes elegidas libremente no implica sin más la ruptura, cuando sigue vigente la

legalidad franquista, desde la ley de Antiterrorismo hasta ,el Consejo del Reino; cuando los juristas

discuten hasta qué punto son hoy aplicables las Leyes Fundamentales, que la ley para la Reforma Política,

al establecer el principio de la soberanía popular, contradijo en el espíritu que las anima, sin por ello

haberlas derogado explícitamente. Pero no se trata tan sólo de la continuidad legal —harto manifiesta y

cuya importancia no cabe ignorar—, sino que se mantiene también —y esto es más grave y

significativo— la continuidad dei poder establecido, representante de los intereses sociales y económicos

que sustentaron cuarenta años al franquismo.

Sin solución de continuidad

No ha habido solución de continuidad ni en el plano legal ni en el de los poderes constituidos. Desde el

poder franquista y en las Cortes franquistas se elaboró la ley para la Reforma Política, que él pueblo

aprobó en el último referéndum del franquismo, en el que, muy coherentemente, la oposición democrática

prefirió abstenerse. Desdé el poder se dictó la ley Electoral, favoreciendo claramente a los grupos sociales

y políticos que, desde el interior del régimen, optaron por la "reforma política" como la operación más

inteligente para salvaguardar sus intereses. Y el que hoy socialistas y comunistas se sienten en las Cortes,

constituyendo un cambio cualitativo de trascendencia innegable, fue decidido desde el poder como

instrumentó indispensable para la consolidación de la Monarquía.

El que no abunden las reformas sustanciales hechas desde el poder no quiere decir que la nuestra no tenga

precedentes. Hablar de la "originalidad" del proceso actual de transición hacia la democracia implica, o

bien una perogrullada —la Historia ciertamente no se repite, y en este sentido todo lo que pasa es siempre

profundamente original—, o bien conlleva una gran ignorancia histórica: el siglo XIX europeo presenta

ejemplos análogos que convendría estudiar en detalle.

La ruptura democrática

No ha habido ruptura ni continuismo, sino reformismo. De ruptura —"traición"— sólo había hablado

hasta ahora la minoría cuantitativamente insignificante de franquistas acérrimos, empeñados en una

imposible continuidad del régimen fenecido. El Gobierno, protagonista del cambio, ha designado el

proceso, huyendo tanto dé la ruptura como de la continuidad, de "reforma política". El que el primer

secretario del PSOE, el líder real de la izquierda, afirme que ya "se produjo la ruptura" no deja de ser

sorprendente. Identificar desde ahora el reformismo gubernamental con la "ruptura democrática" a que

aspiraba y aspira la oposición antifranquista, confiera riesgos muy graves. Por lo pronto, esta identificado

da por realizado lo que todavía está por conseguir, la verdadera ruptura democrática, trastocando así todos

los planteamientos tácticos.

Parece fundamental tener muy presente que la meta de la izquierda continúa siendo el lograr esta ruptura.

En las actuales circunstancias, la "ruptura democrática" supone alcanzar dos objetivos básicos: 1. Dar al

país una Constitución democrática que implique una profunda reestructuración del Estado desde

principios descentralizadores que no sólo reconozcan las autonomías de las nacionalidades y de las

regiones, sino que permitan una mayor profundización de nuestra creciente democracia. 2. Una vea

aprobada la Constitución, convocar elecciones generales, de acuerdo con los nuevos principios

constitucionales, a sabiendas de que cuanto antes se convoquen mayores son las posibilidades de que la

izquierda gobierne, realizando así la verdadera ruptura con el poder social y económico que, ha dominado

el país en los últimos cuarenta años.

 

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