Autor: Alonso, Miguel. 
   Unidad socialista: Ayer y hoy     
 
 Diario 16.    09/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Unidad socialista: Ayer y hoy

Miguel Alonso

(Ex secretario general de la Federación Madrileña del PSP. Militante de base del PSOE)

La desaparición de la dictadura, con su peculiar configuración política, y la construcción progresiva de la

democracia que los españoles estamos llevando a cabo, conlleva necesariamente la quiebra de grupos y

formaciones políticas que en vida del dictador cumplieran una función, en la medida en que a presión del

régimen frustraba las condiciones necesarias para abrir un proceso de racionalización política dentro de

cada familia ideológica.

Para los socialistas es evidente que la fecha del 15 de junio supone un paso definitivo en orden a la

clasificación de las diversas concepciones que sobre la articulación de la unidad defendían los distintos

partidos socialistas.

A nadie se le oculta que lo que en realidad estaba en juego era el establecer el eje o partido en torno al

cual debería realizarse el proceso unitario.

Eran muchos los que entendían desde distintos partidos socialistas, y en concreto desde el PSP, que no

tenía por qué ser necesariamente el PSOE el núcleo en torno al cual, como defendían sus dirigentes,

debería llevarse a cabo la unidad socialista.

En primer lugar, porque se partía del supuesto de que las fuerzas de las formaciones políticas más

importantes, PSOE, PSP y FPS, alrededor de las cuales se constituía el socialismo español, eran

sensiblemente iguales y no había lugar para eventuales hegemonías. Podría ilustrarse suficientemente este

punto de vista con una cita de la ponencia ampliada que sobre la unidad socialista se presentó en el último

congreso del PSP: "El PSOE... pretende soluciones desde posiciones hegemónicas y elitistas, y arguye la

necesidad de listas elaboradas bajo su sigla, aduciendo motivos históricos, titulo éste que responde a fines

tácticos fundados en una supuesta posición de fuerza más ficticia que real, lo cual entraña la

continuación de un partidismo ahistórico y mecanicista."

En segundo lugar, porque se entendía que de alguna forma la profunda transformación en la estructura de

clases acaecida en nuestro país desde el final de la II República no se correspondía con la denominación

de "socialismo obrero" que anuncian las siglas del partido socialista que demostró después del resultado

electoral contar con la confianza de la gran mayoría de la clase trabajadora.

Y aún había, en tercer lugar, quienes mostraban cierta inquietud y reservas sobre la capacidad política de

los líderes más significativos del PSOE y, además, añadirían una desconfianza sincera por las relaciones

del PSOE con la Internacional Socialista.

Hoy nos parece evidente que el desarrollo político vertiginoso que en tan escasos meses se ha operado en

España ha despejado las incógnitas de quienes con sinceridad nos las habíamos planteado anteriormente.

Estamos ya en condiciones de afirmar que la fuerza del PSOE es más "real que ficticia" y tiene su base

únicamente en la confianza que la clase trabajadora ha depositado en el mismo. Queda, asi, por tanto, el

camino libre del principal obstáculo que, a priori, se oponía a la unidad de los socialistas: el de las siglas.

Así fue además entendido por órganos representativos del PSOE cuando en una declaración pública se

expresaba claramente que las siglas del PSOE son patrimonio de todos los socialistas españoles.

Es una afirmación a todas luces importante que interpreta, sin lugar a dudas, la voluntad política de toda

esa gran parte de nuestro pueblo que el pasado mes de junio depositó su confianza en el PSOE.

Pero además la votación del 15 de junio nos ilustraba que con independencia de la transformación en la

estructura de clases de nuestro país y la ampliación del espectro sociológico con nuevas capas sociales

que se incorporan a la lucha socialista, las siglas históricas y el programa que subyace a ellas han sido

reconocidas como propias por la gran mayoría de la clase trabajadora.

Por último, la inquietud que exponíamos en tercer lugar, y que hacia referencia a las relaciones del PSOE

con la Internacional Socialista y más aún con la Socialdemocracia alemana, pertenece a un orden en el

cual, y dada la importancia de los supuestos que se manejan, deberían presentarse pruebas razonables

antes que establecer reticencias y sospechas. Y esto es más importante todavía cuando se pretenden

enunciar denuncias veladas sin base objetiva alguna, por aquellos que han recabado apoyo, y en ciertos

momentos lo han recibido, y reconocimiento al socialismo internacional, sin haberlo conseguido. Es, por

otra parte, éste un tema que en su momento habrá que debatir públicamente por las sensibilidades que

promueve, para evitar que demagógicamente lo utilicen quienes más saben de su alcance.

En último lugar, respecto a esa supuesta inmadurez o incluso incapacidad política que desde otros

partidos socialistas se le suponía a algunos de los líderes más calificados del PSOE, todo hace suponer

que eran más producto del deseo de quienes lo afirmaban que de la realidad vista desde ciertas

condiciones mínimas de objetividad.

La evolución y desarrollo de los acontecimientos políticos más recientes han confirmado favorablemente

la política unitaria defendida por la ejecutiva del Partido Socialista Obrero Español.

Sólo quienes mantienen un encono con resonancias más psicológicas que políticas, defendiendo

determinadas posturas, pueden negar la evidencia.

Ejercer un cierto carisma para todo líder puede ser gratificador, e incluso el ejercicio del mismo puede

llevar al convencimiento de quien lo ejerce de estar realizando determinados papeles históricos. Pero, sin

duda, con Max Weber sabemos que la erosión del carisma y el "desencantamiento" final son los síntomas

progresivos que acompañan a quienes se nieguen a comprender el final de una cierta etapa histórica. Aquí

parece que esta etapa terminó con la dictadura.

 

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