Autor: Salmador, Víctor. 
 Después del desenlace. 
 Andalucía-España: una extrapolación     
 
 ABC.    27/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

247ABC

JUEVES 27-5-82

Tomas de posición

Después del desenlace

A las apresuradas informaciones sobre el curso y resultados de las elecciones andaluzas sucede, ahora, la

reflexión sobre sus consecuencias

inmediatas y futuras. Tres aspectos sobre ellas ocupan hoy nuestras páginas: un estudio comparativo entre

los comicios de 1979 y los actuales,

realizado por Gonzalo Fernández de la Mora; una extrapolación de los votos ante las elecciones generales

de 1983, a cargo de Víctor Salmador, y un análisis de las causas que han llevado a UCD a la derrota,

escrito por Juan G. de Mádariaga

Andalucía-España: una extrapolación

Por Víctor SALMADOR

UNA extrapolación de las cifras electorales andaluzas a niveles nacionales, aun corregida a favor del

bloque conservador —como corresponde, pues no todas las Españas son para el socialismo tierras de

votos llevar, como las del Sur—, no sólo no atenúa el desplome de UCD, sino qué anticipa que, en

algunas provincias, el actuar partido del Gobierno quedaría sin representación parlamentaria.

La única esperanza del bloque político liberal-conservador es Manuel Fraga, siempre que vaya unida a la

posibilidad de que la espectacular subida de éste de uno a cuatro en Andalucía pueda ser repetida en las

demás provincias españolas. El dato matemático clave en el futuro electoral es éste: el descenso de tres a

uno de UCD que, en algunas áreas de la geografía nacional, podría ser de cuatro a uno, sólo cabría ser

contrarrestado si Fraga multiplicase por cuatro su propios votos, proyección que no se dio en Galicia,

donde solamente dobló su electorado; que en Andalucía ha sido lograda y que pudiera serlo en otras

partes, salvo que al líder conservador le falte tiempo y resuello.

Para extrapolar los resultados de Andalucía a las hipótesis de unas elecciones generales, resulta

indispensable manejar matices correctores, si bien es cierto que la sensibilidad política andaluza está más

cerca de la media nacional de lo que suelen estarlo otras áreas. Pero combinando los datos conocidos de

varios extremos: un bastión tradicional de la derecha, como es Galicia; un clásico baluarte izquierdista,

como es el Sur; un lugar aquejado por la conflictividad terrorista, como es el País Vasco; otro conjunto

como es el catalán, sin aparentes problemas; Extremadura, Aragón, Castilla..., visto .todo ello con la

óptica que enseñó André Sigried, el gran analista de la geografía electoral, es decir, teniendo en cuenta los

factores sociales y tradicionales que confluyen al tema, podemos obtener un diagnóstico creo que bastante

aproximado de los volúmenes y tendencias de voto existentes hoy mismo a escala nacional.

A tenor de estos cálculos, en los que podrán entrar elementos subjetivos, pero que se basan en datos

objetivos, pueden hacerse varias afirmaciones:

La primera, que UCD vería el número de sus actuales diputados reducido casi a un tercio. Aplicando la

ley D´Hont a los cálculos de extrapolación, provincia a provincia, y sumando luego los escaños re-

sultantes, UCD no pasaría de cincuenta-sesenta diputados en la mejor de las hipótesis.

La segunda conclusión es que Fraga llegaría a tener cerca de un centenar de diputados, atendiendo, como

se ha dicho, a que no en todos los distritos podrá mantener el alza de uno a cuatro, que es la regla

matemática del trasvase procedente de UCD.

La tercera conclusión se deduce de las dos anteriores. En principio, la suma de ambos sectores no alcanza

para la retención del Poder. Si se produjera un repunte —¿en virtud de qué podría producirse?—, y si

además de unirse los diputados de ambos grupos se agregaran otros de la periferia, acaso el bloque

conservador pudiese conservar el Ejecutivo, o sea, la Moncloa; aunque la precariedad del apoyo

legislativo resultase patente. La situación se complica por la gravitación que pretenderá ejercer Adolfo

Suárez, pues en el caso de que éste y sus seguidores se negasen al entendimiento con Fraga, se repetirá la

historia de Sansón y los filisteos: el bloque entero se vendrá abajo.

La cuarta conclusión en el sistema extrapolador es que en el palacio de la carrera de San Jerónimo

aparece Felipe González con ciento sesenta y cinco escaños. No aspirará el PSOE a que los resultados

andaluces se reproduzcan en todos los sitios (si así fuera, tendrán más de ocho millones de votos,

equivalentes a doscientos diputados), pero el socialismo cuenta con gran maniobrabilidad a su izquierda y

a su derecha en el propósito de completar la mayoría necesaria para la investidura .presidencial. A la

izquierda está visto que la fagocita; a su derecha puede abrir alianzas preelectorales. En Andalucía se han

trasvasado al PSOE, es evidente, trescientos mil votos de Rojas Marcos y del Partido Comunista. Pero

otros doscientos mil no pueden haberle ido sino del centro izquierda de UCD. Parece natural asignar una

expectativa nacional aproximada al voto del centro izquierda, esto es, a la burguesía liberal, a la modera-

ción azañista, a los núcleos no marxístas ni siquiera socialistas.

De todas las conclusiones qué nos muestra la extrapolación, la más espectacular, aunque no sorprendente,

y la que más incide en la política inmediatísima es la que concierne a Fraga, puesto que a todas luces su

sector se convierte en el mayoritario con relación a UCD. La hipótesis de un bloque liberal-progresista-

conservador que pudiera mantenerse en el Poder sólo puede sostenerse contando con Fraga, ya sea

preelectoral como poselectpralmente; El sentido del «voto útil», que tanto perjudicó a Fraga en las

elecciones de 1979, trabaja ahora a pleno rendimiento del fraguismo.

Merece la pena significar que las otras figuras del campo liberal-conservador son hoy a Fraga lo que en su

tiempo Silvela con respecto a Maura. Así como el primero empujó al segundo ante sus gentes diciéndolas:

«Ahí le tenéis, es vuestro jefe», los Silvela de hoy tendrán que cederle a Fraga la primacía. Ni siquiera

puede saberse si llegarán a tiempo, porque han dejado a doña Inés imposible para Fraga y para todos.

Cuando UCD no ha sido capaz de vencer la dispersión y las colisiones internas estando en el poder y

teniendo en.su mano la bolsa de las canonjías, lo que resulta previsible es una desbandada general: hacia

AP por un lado, y hacia el PSOE por el otro.

En este cuadro, tanto da ya que las elecciones generales sean después de los mundiales, de la visita del

Papa o en marzo de 1983. No es previsible que aparezcan modificaciones sustanciales de aquí a entonces.

Los personajes del centro no pueden ya resolver, ni siquiera atenuar, |os problemas pendientes, cuando

han tenido ocasión sobrada y no han sabido, podido o querido hacerlo. Y aunque pudieran no daría

tiempo a que calasen las soluciones en el ánimo de los electores en medida suficiente para que éstos

modifiquen el juicio que, seguramente, tienen ya formado.

Dije hace tiempo en estas páginas que el dilema es Fraga o Felipe. Vamos acercándonos a las elecciones

generales y los datos lo confirman. Lo que saldrá, pues, de ellas es un cambio radical en la política

española, sea en un sentido o en otro. Ello permite augurar una transformación histórica. Pero también

estoy seguro que ese cambio y transformación van a ir acompañados por una sensacional barrida de

gentes que hoy ocupan cargos y detentan poder. ¿Qué podría suceder-, sin embargo, desde hoy mismo en

adelante, hasta la convocatoria de elecciones generales? Por el lado de la izquierda no es previsible que

ocurra absolutamente nada, salvo esperar sin prisas ni alborotos a que llegue el momento de la cosecha

nacional. Para asegurarse ésta y, sobre todo, para consolidarla, el PSOE acentuará la moderación. Por la

derecha lo que se impone es que Calvo-Sotelo y los líderes del partido gubernamental tiendan a toda prisa

los puentes con Fraga. Eso, ;o como decían los latinos: «Soccornbere»

 

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