Autor: Menéndez del Valle, Emilio. 
   Lucha de clase y política exterior     
 
 Diario 16.    30/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Lucha de clases y política exterior

Emilio Meléndez del Valle

(Comisión Internacional del PSOE)

La sociedad española de hoy en día se halla lógicamente institucionalizada en un Estado capitalista, del

cual el Parlamento es, a su vez, una institución. Dicho Parlamento está integrado por partidos o grupos

políticos que representan intereses y clases sociales diferentes e incluso antagónicas. Desde un punto de

vista marxista es anticientífico pretender ocultar la realidad que la lucha de clases supone y el intentarlo

desde cualquier otra óptica es una falta de visión política o una táctica dilatoria. Otra cosa es que desde

las Cámaras los partidos de izquierda se esfuercen en la consolidación de la democracia y en el avance

pacífico hacia el socialismo. Pero sin olvidar que el Parlamento no es la única institución sociopolítica

existente y que los partidos defensores del sistema capitalista trabajarán lógicamente en sentido opuesto.

Si internamente los intereses de las diversas clases sociales no coinciden en lo fundamental (ya que

existen explotados y explotadores), resulta igualmente acientífico sostener la posibilidad de que los

partidos o grupos que aspiran al poder político, social y estatal mantengan un perfecto acuerdo sobre la

política exterior y las relaciones internacionales del Estado. Porque el sentido, enfoque y fines de dichas

política y relaciones dependerán esencialmente del partido o partidos que se hallen en el Gobierno en un

momento dado. La actuación exterior del Estado español sería obviamente contrapuesta (o lo habría sido

en el caso del Sáhara) en temas como la OTAN o la cooperación al desarrollo del Tercer Mundo, por

ejemplo, en caso de que detentara el Gobierno Alianza Popular o, por el contrario, el PSOE.

Normalmente no sólo la política interior condiciona o determina (según los casos) la exterior (y

viceversa), sino que, además, el tipo político-económico de establishment existente condicionará o

determinará (también según los casos) la actuación exterior. Alguna opinión en contra, como la de J.

Wiatr, quien dice que "...los últimos acontecimientos hacen pensar que no existe una relación automática

directa entre el sistema socio-económico y la orientación política externa: desde los años sesenta podemos

ver que los Estados con iguales sistemas socio-económicos llevan su política exterior hacia direcciones

cada vez más diferentes" (1), nos parece exenta del suficiente realismo. Uno de los ejemplos más típicos a

los que podría aludir Wiatr —la Francia gaullista— duró lo que la vida de su protagonista.

Así, pues, hay que acostumbrarse a que las diferencias de clase no solamente se hacen perceptibles por

quien controla el Gobierno, sino que también se harán sentir en las variadas posiciones parlamentarias de

loa partidos respecto a la política y las relaciones internacionales del Estado. Otra cosa es que puedan

darse ciertas coincidencias e incluso obtener consenso en determinados temas exteriores (por ej., Gibraltar

o la CEE). Sin embargo, y en cualquier caso, ¿quién puede dudar de que el pensamiento del PSOE o del

compañero Felipe González sobre el sentido y objetivos de nuestra adhesión a las Comunidades Europeas

sea incluso diferente del mantenido por Alianza Popular o el señor Carlos Arias?

(1) "Sociologie et études des relations Internationales" (Rev. Int. des Sciences

Soudes. Unesco 1974).

 

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