Autor: Servet, Raimundo. 
   El futuro político del partido socialista     
 
 Diario 16.    25/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

El futuro político del Partido Socialista

Raimundo Servet

José Félix Tezanos ha publicado dos artículos sobre el tema en estas mismas páginas, interesantes, pero

muy incompletos. Claro está que hablar desde dentro obliga a tener cuidado por lo que se dice para que

no te lo apunten los propios compañeros o los chicos del Centro Democrático.

A mí me es más fácil porque hablo desde fuera y ni siquiera soy votante del Partido Socialista, lo que no

quita que considere al Partido Socialista "la perla de la Corona", aplicándole un título cicinematográfico.

A mi entender, o el Partido Socialista después de hacer de oposición hace de Gobierno o nos

encontraremos en una "democracia a la italiana" bloqueada y vocada a la anarquía, y de ahí que haya

leído con cuidado lo que un socialista piensa de su propio partido.

Creo que estamos casi todos de acuerdo en que el pueblo español el 15 de junio lo que ha votado ha sido

el cambio sin sobresaltos. A unos les ha preocupado más el sobresalto, los que se han ido con Suárez, y a

otros les ha preocupado más el cambio, sean o no socialistas, y por eso han votado por el programa del

PSOE. Por el momento, el pueblo soberano les ha dicho no a los antiguos autoritarios y a los que

sospecha que pueden ser los nuevos autoritarios.

Por tanto, todo aquel que gobierne directamente y todo aquel que participe on el Gobierno, aunque sea

desde la oposición, ha de tener en cuenta estos dos deseos: Serenidad y cambio. La dosificación en cada

momento en lo que va a dar la medida de los estadistas, de los que andamos tan faltos en España.

El Partido Socialista tiene que hacer de oposición mirando al tendido en dos direcciones: no decepcionar

a los que le han votado porque no se fían de la conversión democrática de la "generación joven de los de

siempre" y no asustar a los que ven sólo marxismo, porque en estos términos están formuladas, en las

justas reivindicaciones no sólo de la clase obrera, sino de todos aquellos que no disfruten directa o

indirectamente de los beneficios de ser oligarquía.

Es comprensible que Felipe González haya rehuido tanto el "abrazo mortal" del Centro Democrático

como los interesados consejos de Carrillo, que en breve erótica nacional le desafiaba a que hiciese de

socio de nuestro presidente.

Los dirigentes del Partido Socialista carecen de la experiencia de pasillos y laberintos de poder de los

miembros de la UCD. Esta será una desventaja inicial si la vida política en nuestra recién estrenada

democracia va a consistir en una perduración de la sociedad anónima de la que Franco fue presidente,

aunque no siempre gerente, con otra fachada constitucional; pero, por el contrario, si se va a introducir un

estilo de vida político transparente y democrático, esa experiencia va a ser un lastre para los gerentes de la

transición, pues es difícil aprender gracias nuevas. Cuatro pueden ser las formas de la eficacia socialista

que tanto preocupa a Tezanos: 1.—Ser coautores del marco constitucional y legal que permita el

funcionamiento de una democracia que sea cada vez más integradora de nuestro país real.

Construir el futuro

En esto el partido debiera actuar con pragmatismo, como lo haría el hermano comunista, mirando más a

construir el futuro que a impregnar de su fraseología electoral la nueva Constitución. Eso sí, no debe dejar

que la UCD haga aparecer como conquistas suyas las declaraciones de derechos, que son patrimonio

común de los Estados europeos occidentales, patrimonio que ha sido creado tanto por los liberales como

por loa socialistas.

2.—En materia de reformas sociales, el Partido Socialista debería fijar con claridad cuáles son sus nietas

últimas, qué parte de éstas es realizable en cada momento y comprometerse a realizarla sin descanso, pero

al ritmo que le marquen los deseos y realidades de la propia sociedad española, a la que tiene que

estimular, pero no llevar a rastras.

3.—Las medidas de gobierno, especialmente económicas y técnicas, siempre que incidan positivamente

sobre la justicia en la distribución de las rentas, deben ser apoyadas por el Partido Socialista, indicando en

qué porcentaje cumplen con los propios objetivos socialistas, de los que pueden considerarse como

adelanto parcial.

No hay que tener miedo de la acusación de que con la reforma se apuntala al capitalismo. El capitalismo,

aunque sea buen gestor económico, lleva en su seno los gérmenes de la destrucción del principio de la

libre concurrencia en el que dice basarse. En un momento de consolidación democrática y saneamiento

económico, la misión de un socialismo que no sea cerradamente marxista es la de obligar al capitalismo a

cumplir en la realidad sus principios teóricos, corrigiéndole además a través de una política justa de

distribución de rentas. En una palabra, cumplir y hacer cumplir las leyes fiscales, con la denuncia

parlamentaria y la presión ambiental, al tiempo que se estimula a las masas para que participen en la

denuncia de los abusos y que no incurran en ellos.

Por ejemplo: Si se hubiesen cumplido todas las leyes de intervención económica y social del régimen

anterior, puede que se hubiese hundido la economía liberal, pero indudablemente no se hubiesen

producido las defraudaciones fiscales, las enormidades especulativas y el despilfarro administrativo que

todos conocemos. En España el problema es más el de que no se cumplan las leyes que el de que éstas

sean mediocres o malas.

4.—Al Partido Socialista, único partido que cuenta a la vez con la implantación parlamentaria y sindical

de peso, corresponde en primer lugar el establecer un pacto social y la vigilancia de su cumplimiento por

todos. A una fiscalidad menos injusta o más justa ha de corresponder una actitud laboral más responsable.

Uno de los aspectos más degenerativos del régimen anterior ha sido la desmoralización del pueblo

español, que ha contestado con su resistencia pasiva, única que le quedaba, a todas las generaciones de

especuladores y explotadores que se han ido sucediendo a lo largo de cuarenta años. Esto ha

resquebrajado la confianza social y unido al consumismo ha creado un ambiente en el que los pillos y los

irresponsables de cualquier ideología no sólo son sufridos, sino admirados.

Estos dos últimos puntos son ideales éticos democráticos antes que postulados ideológicos socialistas. Si

el PSOE mantiene una actitud de impulsión y control ético de la nueva democracia, dentro de su linea

ideológica, pero sin pretender imponerla sectariamente, habrá salvado la democracia española, a la vez

que su propio futuro político.

 

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