Autor: Sotelo, Ignacio. 
   El carácter predemocrático de las próximas elecciones     
 
 Diario 16.    21/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El carácter predemocrático de las próximas elecciones

Ignacio Sotelo

Tal como lo tienen previsto las leyes vigentes, antes del 30 de junio se celebrarán elecciones generales.

Así lo aprobaron las Corles franquistas y así fue ratificado por referéndum nacional, institución que el

franquismo empleó en contadas ocasiones, pero siempre con el mismo éxito. Justamente, en esto consiste

la esencia de la reforma: se cambia la legitimidad, base de la legalidad, dentro de la misma legalidad y sin

que ésta se resienta en lo más mínimo. Es algo así como cambiar los cimientos de un edificio, sin

necesidad de derruirlo. Lo que tal vez no permita la ingeniería, lo tolera perfectamente la técnica jurídica.

El Gobierno y las Cortes son legales en base o una legitimidad que rechazar y sustituyen por otra —la

democrática— sin dejar por ello de ser instituciones legales, aunque todavía no legitimadas. No es poco

lo que estamos aprendiendo en el actual proceso de reforma, pero seguro que lo de valor más universal, es

haber mostrado al mundo que la legalidad también puede crear legitimidad, y no solo a la inversa, como

hasta ahora habían creído los ingenuos defensores de la soberanía popular a ultranza.

Condiciones de elecciones libres

Para no caer en la confusión reinante, lo primero que hay que dejar bien claro es que las próximos

elecciones vienen formalmente impuestas por la legalidad vigente. Y no se diga, elecciones son

elecciones, convóquelas quien las convoque. Elecciones sin más no hacen un régimen democrático,

aunque no haya régimen democrático sin elecciones. Elecciones libres y democráticas —es decir, aquellas

que hubieran devuelto la soberanía que se arrancó violentamente al pueblo español hace ya cuarenta y un

años— hubieran supuesto, como requisito previo, lo que se ha dado en llamar "ruptura democrática". La

posibilidad misma de elecciones libres y democráticas conlleva, por lo menos, dos condiciones

esenciales:

1) formación de un gobierno provisional en el que estén representadas todas las tendencias políticas, de

modo que se garantice la máxima neutralidad y corrección en el proceso electoral;

2) un plazo prudencial entre la recuperación de los derechos democráticos y la convocatoria de

elecciones. Sin la legalidad de todos los partidos y sindicatos, sin el respeto pleno de las libertades

básicas, sin un control democrático de televisión, no cabe el que el ciudadano participe libre, mente

en la vida política, adquiriendo la conciencio e información necesarias para que pueda expresar

libremente su voluntad.

La "operación democracia", montada desde el poder y a partir de la legalidad franquista, tiene como

objetivo evitar precisamente el que pueda producirse la tan temida "ruptura democrática". La paradoja de

la situación actual consiste en que la derecha tiene que traer democracia para impedir o por lo menos

alargar, el advenimiento de la democracia. Tendremos elecciones, pero dictadas por el poder, encauzadas

por una ley electoral hecha a medida, utilizando el prestigia del presidente del Gobierno y el aparato

estatal, como correctores de cualquier desvio de los resultados planeados.

Si no se quiere comulgar con ruedas de molino, ni se especula con sacar partido de la actual confusión, a

estas alturas no cabe albergar demasiadas dudas, tanto sobre el carácter transitorio, predemocrático, de las

próximas elecciones, como sobre el éxito de la reforma, realizada desde el poder. ¿Cuál es, cuál puede

ser, la actitud de la oposición democrática ante esta situación?

Las bazas de la oposición

Al no producirse la "ruptura democrática", la oposición ha fracasado en su empeño principal.

Probablemente, las posibilidades de éxito oran muy remotas y se basaban únicamente en la supuesta

ineptitud del régimen para concebir y realizar una reforma a fondo. Entre tanto, el neofranquismo ha dado

pruebas de una capacidad de renovación muy superior a la que le concedían los pronósticos más

optimistas. La habilidad del Gobierno en la transformación del franquismo en un régimen que por lo

menos por su aspecto externo parezca democrático, merece los mayores elogios. Cierto que este

"aggiornamento" hubiera sido impensable sin la presión popular, sin las décadas de resistencia y lucha,

pero en el difícil periodo de transición, la iniciativa ha estado hasta ahora siempre en manos del poder.

Tal vez desde la oposición era bien poco lo que se podía hacer, pero resulta difícil creer que fuera tan

poco.

Las derechas, con intereses muy concretos que defender, no necesitan de avales ideológicos; basta con

que lleven a buen término la tarea encomendada. La fuerza de la izquierda, en cambio, radica en la

credibilidad que tengan los análisis y las alternativas que ofrezcan. Y aquí es dónde duele. Al entrar en

negociaciones con el Gobierno, dejó caer la perspectiva de la ruptura; al pasar por la "ventanilla" para

conseguir la legalización, incluso aceptó implícitamente la legitimidad de los hasta entonces llamados

"poderes fácticos".

El Gobierno necesita sacar adelante su reforma, la oposición no tiene por qué apoyarlo en este empeño; la

democracia a que aspira el Gobierno difícilmente puede ser la que quiere la oposición.

La responsabilidad del PSOE

Por el espacio político que ocupa en la izquierda, así como por sus apoyos internacionales, el PSOE es

hoy por hoy el partido mejor colocado para negociar con el poder. El Gobierno sabe que sin la

participación del PSOE, la "operación democracia" se vacía de sentido. Y con este triunfo en las roanos,

se deja vapulear por el Gobierno con la legalización de los históricos, saliendo de sopetón de la comisión

negociadora. La victoria del señor Suárez no puede ser más completa: aisla del resto de la oposición a la

fuerza política que objetivamente podía resultar más peligrosa. Una vez perdida toda credibilidad —la

actitud del Gobierno no es explicable más que desde la certeza de que el PSOE y con él los demás

partidos de izquierda, participaran en las elecciones— la Ejecutiva del PSOE critica públicamente unas

negociaciones que no hubiera roto a no ser por los palos recibidos, y hasta amenaza —sin que nadie la

crea— con no tomar parte en las elecciones si "no se cumplen las condiciones democráticas". No sé lo

que entenderán por "condiciones democráticas", pero a estas alturas resulta difícil creer que estén

hablando en serio y que de verdad esperan que se produzca todavía la "ruptura democrática". El poder

puede desdecirse cada día y cambiar de color como camaleón; la oposición, en cambio, no tiene más que

su credibilidad: si la pierde, se acaba como fuerza política.

21/IV/1977

Diario16

 

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