Autor: Gómez, Sócrates. 
   Los socialistas en las nuevas Cortes     
 
 Diario 16.    30/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Sábado 30julio 77/DIARIO16

Los socialistas en las nuevas Cortes

Sócrates Gómez (Del Comité Federal del PSOE)

En julio de 1931 se sentaron en el Congreso de los Diputados 115 socialistas, que ocuparon otros tantos

escaños parlamentarios. En julio de 1977 lo han hecho 118 mujeres y hombres socialistas en las sesiones

preparatorias para la constitución de aquella Cámara. Entonces, con un carácter previamente aceptado

como constituyente; ahora, con igual pretensión a nivel de amplios sectores, pero todavía sin mayoritario

consenso espreso, de suerte que aún no podemos dar por válido ese carácter, aunque lo admitamos como

muy probable.

Cuando en la mañana del 13 de julio accedíamos a los escaños esos 118 mujeres y hombres socialistas,

éramos conscientes de muchas cosas. Sabíamos que la atención pública privaba sobre nosotros. La

concitábamos y suscitábamos en mayor grado que cualquier otro sector político. Y no tanto porque

fuéramos, como somos, la fuerza más importante a niveles de homogeneidad político y de valores

numéricos —el Centro es una coalición de grupos, no se olvide, y en rigor heterogéneo en grado sumo, y

el Partido Comunista no protagoniza fuerza numérica importante—, sino más bien en función de eso que

Felipe González ha definido como "memoria de la historia". Ningún grupo político presente desde el día

13 de julio en el Congreso de los Diputados ofrece una imagen de historia tan prolongada, fecunda y

consecuente como la de los socialistas. Y eso, fundamentalmente, es lo que provocaba y provoca esa

atención. Y esa atención pública exige corresponsabilidad. Exige carismas, proyecciones, acciones y

comportamientos que estén en línea con aquella "memoria de la historia" —cerca de un siglo nos

contempla—, que justifiquemos esa atención sencillamente siendo lo que siempre fuimos, sin virajes y

contravirajes tan en boga por parte de otros.

Ortega y Gasset dijo en 1931, refiriéndose a la minoría socialista: "... en esa ejemplar y generosa

anonimidad que forman los diputados socialistas", y Ossorio y Gallardo afirmaba aquel mismo año que

"todos estamos rendidos ante la actitud de la minoría socialista, que contando con la máxima fuerza

relativamente numérica tiene el buen gusto de no utilizarla, sino desbordándose primero en la máxima

fuerza de la argumentación, de la reflexión y de la cordialidad".

Y Andrés Saborit, en su primera intervención en aquellas Cortes, ponía colofón expresivo y elocuente a lo

que de nosotros se decía por aquellas eminentes personalidades al asegurar que "no queremos hacer una

labor para la galería, populachera y estéril".

Los socialistas que ocupamos por primera vez sin excepción escaño en el Parlamento el día 13 de julio de

1977 lo hicimos sobre los mismos supuestos: "anonimidad" en tanto entes personales, ajenos a todo otro

protagonismo que no sea el del partido que representamos; "desbordamiento" hacia la argumentación

sería y responsable, riguroso ejercicio de la reflexión y presencia cordial, ¿por qué no?, ante todos. Más

importante aún: con desdén absoluto hacia un trabajo demagógico, populachero, de halago a la galería

para equivocarla o engañarla.

Unidad y democracia interna

¿En qué medida o grado la actitud de los demás nos va a ayudar a mantener este entorno de presencia y de

comportamiento? Cuando escribimos estas líneas sólo se han celebrado dos sesiones, las preparatorias ya

aludidas de los dias 13 y 14, y la solemne de inauguración, y ya ha surgido públicamente alguna diatriba

contra los socialistas, y no a través de un juicio de interpretación, por duro que fuera, que respetaríamos,

sino de calificativos rayanos en la agresión y en la insidia. Por ejemplo, cuando a cuenta de una

coincidencia entre la UCD y el PSOE en el tratamiento y resolución de un determinado problema, un líder

político no ha vacilado en acusar al PSOE de ser una "sucursal del Centro del señor Suárez. Mal camino,

malo en verdad, si se cree que por procedimientos de esa naturaleza se hará posible la cordialidad. Porque

de algo pueden estar todos seguros, y es que el talante y el equilibrio de los socialistas, en el Parlamento

como en cualquiera otra parte, les permitirá conciliar perfectamente los comportamientos y las imágenes

que definieran años atrás Ortega, Ossorio y Gallardo y Saborit, con una actitud resuelta y firme en la

réplica, sin vacilaciones de ninguna clase.

La unidad interna del PSOE, su asentamiento sobre bases de estricta democracia interna la claridad de sus

posiciones, la proyección de sus objetivos sociales y políticos, junto a esa "memoria de la historia" que le

avala, representan garantías claras de en qué medida los socialistas en el Parlamento son instrumento cuya

solidez orgánica y pensante no podrá minar fácilmente nadie. Ni quienes, como toda réplica a un

planteamiento, no sean capaces de otra respuesta que la insinuación malévola o la insidia disfrazada, ni

los empeñados en pretender presentarnos como responsables de que los problemas del país puedan ser

inviables por nuestra posición de no participación en el Gobierno, objetivo que con tanto interés, cuya

razón e intención no se nos oculta, persiguen muchos.

En fin, estos 118 mujeres y hombres socialistas que han accedido al Congreso de los Diputados, como los

que tienen asiento en el Senado, son como aquellos a quienes se referían en 1931 las dos ilustres

personalidades citadas, Ortega y Ossorio. Sería del mayor interés que no lo olvidara nadie, y menos que

nadie aquellos a los que el pueblo español dio mandato como a nosotros para afrontar los graves

problemas del país; y que no se olvidara para que ello nos implicara a todos en un comportamiento

responsable y respetuoso, del que se derivara la mayor fecundidad y eficacia en el trabajo que asumimos.

 

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