Autor: Díaz, Elías. 
   Las grandes palabras de la Santa Alianza     
 
 Diario 16.    18/04/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Lunes, 18-abril 77/Diario 16

Las grandes palabras de la Santa Alianza

Elias Díaz

Nadie realmente se ha creído que a estas alturas Fraga y Alianza Popular se asusten o se indignen como

aparentan por la legalización del Partido Comunista. No son, a pesar de todo, tan anacrónicos ni están tan

mal informados como para desconocer el hecho de que una democracia en la España de 1977 —se

entiende, una democracia homologable en Europa a efectos CEE, OTAN, etc.— pasa necesariamente por

el reconocimiento y legalización (como ocurre en los demás países occidentales) de una fuerza que

realmente existe y que tiene una indudable implantación social y política como es la del Partido

Comunista.

Ellos, los de Alianza Popular, saben además mejor que nadie (porque han sido el poder en la España

franquista) que cuarenta años de prohibición a la postre no han servido, en este aspecto, para nada. Quizá,

tal vez hayan servido para lo contrario, para dar en la clandestinidad al PC una mayor fuerza —a veces

míticamente exagerada, de modo interesado, por el propio régimen—, para crear una más férrea disciplina

y organización, una más alta moral; por supuesto, todo ello a muy elevado precio, pagado en libertad y

vidas por sus hombres. ¿Qué sentido tiene entonces seguir prohibiendo al PC después de cuarenta años de

inutilidad?

Desalojar a Suárez

El retraso en la legalización tampoco era ya factible; esto, unido a otros factores de ilegitimidad que

todavía subsisten, habría dado al traste muy probablemente con las próximas elecciones y, en

consecuencia, era todo el proceso democrático de la recién instaurada Monarquía. No creo que los demás

partidos —algunos como el PSOE con muy larga historia de lucha por la democracia y de persecución por

la dictadura— estuviesen dispuestos a aparecer como colaboracionistas estando prohibido e

inevitablemente perseguido el PC; la clase obrera no habría, además, tolerado semejante discriminación.

Todo esto, pienso, debería saberlo bien Alianza Popular a poco perspicaces que sean sus mentores y

consejeros políticos. ¿Qué se pretende entonces abriendo ahora, Fraga y los demás, la caja de los truenos,

hablando provocadoramente de "golpe de Estado", de quiebra de la legalidad y de la legitimidad,

ofreciéndose altisonante como víctima propiciatoria por la paz (sic!) de España?

Denunciar un imaginario, inexistente golpe de Estado implica propiciar —otra vez más en "legitima"

defensa— un real contragolpe de sentido contrario. No creo en verdad que ésta fuera la intención explícita

de Alianza Popular, y ello porque me resisto a creer que esa Santa Alianza tenga un tan pobre e inexacto

conocimiento de nuestras Fuerzas Armadas como para pensar que la mera legalización del PC iba a hacer

perder a aquéllas su hasta ahora equilibrada y serena actitud ante la evolución democrática de la España

actual.

No, no creo que Alianza Popular pensara en una directa intervención militar; menos aún —no

dramaticemos las acusaciones—, es algo parecido a sacar los tanques a la calle. La cosa habría sido a

todas luces desproporcionada y, para todos, enormemente peligrosa. El objetivo ha sido más modesto, si

se quiere más mediocre, pero de todos modos muy importante para ellos: hacerse un hueco en el espacio

político ocupado por el presidente Suárez.

España, propiedad privada

Ni siquiera se pretendía per Alianza Popular evitar a toda costa la legalización del Partido Comunista. La

cuestión ha sido menos de principios que de negocios: de lo que se trataba era simplemente de exigir un

precio, una contrapartida por la legalización del PC. Fraga lo ha dicho con la crudeza que le caracteriza

(si nos atenemos a las palabras entrecomilladas, no desmentidas, aparecidas en la prensa diaria): "El único

país de Europa en que el comunismo ha sido derrotado es España; ahora se le entrega la legalidad sin

contrapartida." De eso, pues, se trata.

No se dice ahí que no se deba legalizar al PC (aunque si de paso se logra también evitarlo, pues miel

sobre hojuelas). Pero lo que abiertamente se pide es sólo un precio a cambio, una contrapartida. Si el

asunto es, así, de precios, pactos, contrapartidas y negociaciones —aunque no se especifique cuál es ese

precio—, ¿a qué vienen entonces todas esas grandes palabras, como "golpe de Estado", o esas sublimes

entregas por la paz de España?

Lo primero, puesto que se da como consumado, implicaría inclusive a las más altas instancias del propio

Estado (¿ha recapacitada Alianza sobre la gravedad de su acusación?); lo segundo es, otra vez, abusar del

nombre de España. Es de las cosas que más me irritan, lo reconozco: ¿Por qué se cree la derecha que sólo

ellos son España y que son más españoles que los demás? Tal ves porque están acostumbrados a que

España —sus hombres, sus riquezas sea realmente suya, de su exclusiva propiedad.

Una de las cosas positivas que ha producido la actual semántica política de buena parte de la oposición

democrática es la creciente puesta en circulación —a veces abusiva— del término "Estado español". En

ocasiones —es cierto— se bordea él ridículo para evitar decir "España" (he leído incluso algo sobre las

"playas y el sol del Estado español"), pero pienso que quizá todo ello no es sino una lógica y transitoria

retracción ante tanto y tanto abusó como se ha cometido en nombre de la pobre España. Se la ha invocado

demasiadas veces para cosas no siempre limpias y elevadas, sino torpes, sucias y mediocres.

Orgullo totalitario El secretario general de Alianza Popular habla también con escaso rigor científico de

legalidad y legitimidad. Pero olvida, como siempre, que ésta reside en el pueblo y que la primera no

puede reducirse a un simple pacto entre "caballeros", pacto en el que el pueblo ha quedado ya previa e

irremediablemente excluido. ¿Qué hacer, además, con las derechas que explícitamente se definen e se han

definido, ¡y con orgullo!, no hace tanto tiempo como totalitarias?

Algo similar puede decirse de este último desesperado recurso, del que comienza a hablarse, para una

convocatoria extraordinaria de las Cortes destinada a censurar y echar abajo la legalización del PC.

Contrariamente a lo que piensa Torcuato Luca de Tena, lo más digno que, en mi opinión, pueden hacer

hoy los procuradores de la última legislatura franquista no es "morir matando", sino concluir su periodo

dando paso a un régimen democrático: alguien pretende incluso privarles de ésta su última gloria. No

quisiera exagerar, poro haciendo esto —no obstaculizando la naciente democracia— están haciendo algo

(lo digo esa perfecta seriedad y sinceridad) realmente histórico y muy importante para España.

Las grandes palabras de la Santa Alianza no son sino una vulgar cortina de humo que me parece necesario

desvelar y poner al descubierto; simulan ir dirigidas a la salvación de España, pero sólo persiguen

empujar a Suárez fuera del crédito de las clases conservadoras y de orden, potenciales votantes del Centro

Democrático. No me parece mal, claro, que Alianza Popular —está en su derecho— intente hacerse un

hueco ni que Fraga quiera batir a Suárez en Madrid o donde sea; pero que lo haga —me permito

aconsejarle— con argumentos proporcionados a esos concretos objetivos y que convenzan así al

electorado.

Lo que me parece injusto y peligroso es el uso abusivo y espúreo de esas grandes palabras (total, para

ganar un hipotético 3,5 por 100 en los porcentajes), así como azuzar el fantasma fraticida de la guerra

civil y del golpe de Estado; y más que nada, instrumentalizar desconsiderada o interesadamente el que

debería ser por todos respetado nombre de España.

 

< Volver