Autor: Kindelán, Juan Miguel. 
   Socialdemocracia y confusión     
 
 Diario 16.    12/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Sábado, 12-marzo 77/DIARIO 16

Socialdemocracia y confusión

Juan Manuel Kindelán

Casi cuarenta años de abyección en la vida política no pueden dejar de contaminar toda clase de

conceptos, provocando la confusión que reina en estos primeros atisbos de libertad que conoce el país.

A los que creemos en soluciones socialistas para el futuro nos inquieta, especialmente, la proliferación de

grupos que se llaman socialdemócratas e intentan identificarse con la socialdemocracia del norte de

Europa, al mismo tiempo que critican las posiciones del verdadero socialismo local, considerado como

demasiado radical y poco moderno.

Esta postura ignora las premisas básicas en que se funda la existencia de los partidos socialistas, tanto del

norte como del sur de Europa: la pretensión de cambiar las formas de vida y de producción capitalistas,

favoreciendo, en primer lugar, los intereses de la clase trabajadora que constituye su clientela política.

Este rechazo de la sociedad capitalista es compatible con una gran variedad de tendencias que se

distinguen por los procedimientos y la velocidad para conseguir su superación con los menores traumas

posibles. En cada partido hay diferencias importantes en lo que se refiere a la política propugnada a corto

plazo y suelen coexistir en ellos un ala izquierda, un centro y una derecha que no coinciden acerca del

ritmo y la radicalidad de las reformas que es posible realizar de inmediato.

No son socialistas

Los socialdemócratas españoles no contribuyen a clarificar el panorama político, ya que, en mi opinión,

sus opciones no se corresponden con el nombre que adoptan. Los señores Pujol, Fernández Ordóñez y

Lasuén, por ejemplo, se incluirían en Europa, probablemente, en partidos liberales o radicales de centro

izquierda más bien que en los socialistas. Sus posiciones son, desde luego, respetables y útiles para la

evolución política del país, pero no socialistas: no tratan de cambiar la realidad social y económica todo

lo profunda y rápidamente que el país pueda tolerar sin tropiezos graves.

En varias ocasiones, representantes calificados del PSOE, como su primer secretario, han dicho que en el

partido caben tanto los que pueden llamarse socialdemócrataa como los que se consideren de izquierda

revolucionaria, pero no desean limitar su influencia a la que tienen algunos grupúsculos, generosos

aunque utópicos, en las sociedades industriales avanzadas. Recientemente, un diligente de lo que se llama

aquí socialdemocracia ha aducido como una de las razones para haberse aliado electoralmente con el

centro derecha, la conveniencia de no sembrar la confusión en las fronteras del partido socialista. Esta

intención parecería más laudable si empezase por cambiar el nombre de su grupo, que siembra

precisamente esa confusión, contribuyendo a dificultar la integración en el PSOE de algunos de los que

formarían parte de su ala derecha y tranquilizando a los sectores reaccionarlos que temen el auge de

soluciones claramente socialistas. Sin que ello sea malo en al mismo, es probable que la operación tenga

como contrapartida el acceso rápido a una parcela de poder de representantes de los grupos llamados

socialdemócratas. Hace muy poco que el PSOE ha perdido a un militante de gran prestigio, Miguel

Boyer, según ha escrito el mismo, por haber renunciado a la esperanza de que el partido pueda acoger un

ala socialdemócrata, Temo, sin embargo, que Boyer tampoco encuentre esa socialdemocracia ea las filas

en las que ahora se integra. En todo caso, me parece que hay una contradicción entre esa desesperanza y

su intervención importante en la configuración de la política económica del PSOE, que yo creo satisface a

la inmensa mayoría de sus militantes, así como con su elección para la Comisión Ejecutiva del partido

sólo dos meses antes de su reciente decisión.

En medio de la confusión semántica que padecemos, aparece a menudo el término marxismo para

condenar, alternativamente, a quienes dicen profesar la doctrina y a loa que rehusan su adscripción a ella.

Boyer aduce, también, como motivo de su dimisión, que en el PSOE prevalece una tendencia marxista

arcaica, con lo que, quizá sin quererlo, pone el dedo en una llaga: ser antimarxista en 1977 es,

precisamente, arcaico además de reaccionarlo; el marxismo es ya patrimonio de la cultura humana y

aporta un método valioso para analizar la realidad; no creo, por otra parte, que Boyer sea el antimarxista

ni reaccionario. Pero tampoco rae parece que ser marxista quiera decir gran cosa en lo que concierne a la

práctica política de cada día. En todo caso, lo malo es el adjetivo: si en el PSOE prevaleciese un

marxismo arcaico sería lamentable, pero no por lo de marxismo, sino por lo de arcaico...

* Del Grupo de Economistas del PSOE.

 

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