Autor: Sotelo, Ignacio. 
   Un lugar en el centro     
 
 Diario 16.    19/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

D16

19/V/1977

Un lugar en el centro

Ignacio Sotelo

El político tiende a construir una coincidencia absoluta entre su interés personal —llegar o permanecer en

el poder— y el interés general de la nación. Lo grave es que esta coincidencia se da rara vez, y cuando se

da no dura mucho. Las cualidades personales, la posición política, los contactos, que en una etapa son la

causa del éxito, mudadas las circunstancias, los mismos factores pueden convertirse en un pesado lastre

para el país. Las medianías burocráticas tanto sirven para un remiendo como para un descosido. Pero

nadie se quema tan pronto como el político excepcional: utilísimo en una situación extraordinaria puede

constituir un freno considerable en una nueva coyuntura. La renovación continua de las minorías

goberantes es una de las indiscutibles ventajas del sistema democrático. La "circulación de las élites" es

uno de los elementos fundamentales que contribuye a su estabilidad.

La "operación democracia" está constituyendo en éxito clamoroso, para decirlo en e1 estilo de la gaceta

teatral. Hay que confesar honradamente que a muchos nos ha sorprendido. Difícilmente hace dos años

hubiéramos podido creer que en el meollo del régimen, en el aparato mismo del Movimiento, existía el

instinto y la voluntad política suficientes para llevar a buen término operación tan complicada. Los

españoles nos felicitamos por ello, damos al César lo que haya que darle, pero de ningún modo, después

de la experiencia pasada, podemos dar rienda suelta a nuestros afanes inconscientes de buscar un nuevo

caudillo, va nuevo salvador de la patria, dotado de juventud y de carisma. A corto plazo, el poder

deslumbra; a la larga, corrompe.

Ambigüedad de Suárez

La "operación democracia", perfectamente planeada y llevada a la práctica, tiene aspectos positivos que a

nadie se le ocultan: ampliación de los derechos fundamentales; legalización de los partidos más

importantes, incluido el Partido Comunista, y de las centrales sindicales; desmontaje, más aparente que

real, del aparato del Movimiento y, sobre todo, sustitución de la legitimidad del 18 de julio por una

democrática. Todo ello, llevado a cabo pacíficamente y dentro del marco legal, es una obra que merece

aprobación y reconocimiento. Pero esto no nos debe cegar para dejar de percibir lo que se está montando

y lo mucho que todavía permanece oculto.

Desde el prestigio del poder, y después de una labor de gobierno en la que predominan los aciertos, el

señor Suárez y su equipo se presentan a las elecciones como la alternativa de centro. El hecho es grave y,

por lo demás, ambiguo. Por un lado, significa un fuerte palo a Alianza Popular, que se ve asi empujada, a

pesar de todos los esfuerzos de Fraga por emplear un lenguaje centrista, hacia la extrema derecha, con las

consiguientes pérdidas en el electorado. Sin la intervención masiva del Gobierno y del aparato estatal.

Alianza Popular podría haber alcanzado un 30 por 100 del electorado; con la candidatura de Suárez,

probablemente baya que partir por la mitad los votos pro Alianza. Por otro, desplaza violentamente de]

centro a la democracia cristiana. En vez de constituirse en el país un centro democristiano sin resabios

franquistas, la democracia cristiana queda reducida a una fracción más de un centro derecha, que

controlan los neodemócratas provinientes del Movimiento, es decir, por gentes que hasta ahora sólo han

sobresalido por el más descarado oportunismo.

La enorme mezcolanza del llamado centro hace que en su actual estructura difícilmente sobrepase el

periodo electoral. En las futuras Cortes, la mayor confusión y no pocas tensiones pueden venir de un

centro, formado sin ninguna clarificación programática y recogiendo a las más variadas tendencias, que

solo ha unido el afán de ocupar un lugar en el centro, es decir, en la posición que se reputa ganadora Los

técnicos, los realistas, los oportunistas de todas las tendencias y colores se han abrazado a la sombra del

poder para mejor superar la competición electoral.

Los socialistas, el verdadero centro

Un pueblo políticamente educado aprende a distinguir entre lo que es y lo que parece. El nuestro, en

cuarenta años de dictadura, no ha tenido muchas oportunidades de educarse. Y, sin embargo, estas

semanas pueden ser decisivas. Desde luego que una parte considerable de la derecha franquista

evolucionará con el Gobierno y votará del color y de la forma que le indiquen desde arriba. Así lo ha

hecho siempre y asi continuará haciéndolo. Pero una parte creciente está aprendiendo rápidamente a

distinguir entre lo que se llama centro, y no es más que la derecha civilizada, y lo que hoy realmente

constituye el centro, es decir, aquella posición tan alejada del franquismo, como de la izquierda

revolucionaria. Cada vez son más los que saben que hoy por hoy son los socialistas los que constituyen el

centro verdadero.

La participación de Suárez en la liza electoral representa un duro golpe para Alianza Popular, acosada en

la extrema derecha; perjudica también a la democracia cristiana, al arrebatarla su propio terreno y

función, pero puede favorecer muy particularmente a los socialistas. Mientras que el centro y los

comunistas vuelcan su campaña en combatir a la Alianza, el PSOE ha de enfocar su campaña en una

lucha abierta contra el centro de Suárez, desenmascarándolo como lo que realmente es, la derecha

franquista evolucionada, y presentándose como la verdadera y única alternativa de centro. La contienda

electoral sólo tiene sentido si se plantea no como una lucha familiar entre dos fracciones de la derecha

franquista. Alianza y Centro, sino entre este último y el PSOE en cuanto representante del verdadero

centro democrático. El PSOE es el único partido que aún puede dar una sorpresa a Suárez.

 

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