Autor: Menéndez del Valle, Emilio. 
   Una política democrática     
 
 Diario 16.    02/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Una política democrática

Emilio Menéndez del Valle

(de la Oficina de Relaciones Exteriores del PSOE)

En las últimas semanas diversos órganos de prensa han informado sobre el envío de armas españolas

a Marruecos y Mauritania y el entrenamiento de oficiales de estos países en España, todo ello destinado a

combatir al Frente Polisario que, en lugar de ser inmediatamente aplacado tras el 14 de noviembre de

1975, ha demostrado suficientemente tener en jaque a dos ejércitos de ocupación.

No querer implicarse más

Cuando el 14 de noviembre de 1975 el Gobierno español de entonces firmó el tristemente célebre

Acuerdo de Madrid (que abría la puerta a la ocupación militar del Sáhara por Marruecos y Mauritania),

una de las razones aducidas "off the record" para justificarlo consistió en "no querer implicarse más" en

una situación tan explosiva como la que se cernía sobre nuestra antigua colonia.

Tal actitud —adoptada en gran parte por causa de las enormes presiones del Gobierno norteamericano a

favor de Marruecos—, no era muy digna éticamente (tras haber prometido incesantemente a los saharauis

que se respetaría su derecho a la libre determinación) y dejaba a España en desairado papel ante el

Derecho y las relaciones internacionales. Diversos intereses españoles promarroquíes —económicos y

militares— contribuyeron, junto con la presión U.S.A., a la conclusión del Acuerdo de Madrid.

El Gobierno no es neutral

Ahora bien, es preciso admitir que ante cierto sector de la opinión pública española (no muy informada en

este asunto), argumentos como el de "no nos impliquemos más en algo que puede llevar a una guerra con

Marruecos", "con la firma del 14 de noviembre, España se retira definitivamente del Sáhara" y otros

similares pudieron gravitar con fuerza. Este sector (y otros muchas) de la opinión pública estimaba que

con el Acuerdo de Madrid terminaba, efectivamente, toda implicación española en el Sáhara.

Sin embargo, por un lado, con la postura de hoy no se ha satisfecho a ese sector de la opinión que, si bien

no conforme del todo con el abandono de los saharauis, lo aceptó por mor de la neutralidad, la no

implicación y la "tranquilidad". Por otro lado, el actual Gobierno español (de transición en una muy

delicada evolución hacia la democracia) estaría haciendo gala —como en otras facetas, también en

política exterior— de los viejos hábitos políticos. El señor Suárez y su Gobierno deberían percatarse

de que la política exterior y las re1 a c iones internacionales de España van a exigir también luz y

taquígrafos y más en el "peculiar" asunto del Sáhara.

U.S.A., hacia la neutralidad

Pero es que, además, la actual implicación a favor de Marruecos y Mauritania puede no sólo hacernos

correr el riesgo de enfangarnos en una situación cada vez más peligrosa internacionalmente hablando,

sino incluso a convertir todo el asunto en algo tragicómico. Según las informaciones del "Washington

Post" de 29 de mayo (ver D16 30577), que habían sido reveladas con anterioridad en el número del 23177

de la revista "Cambiol6" —que insiste en el apoyo militar de España y Francia a Marruecos-Mauritania—

la Administración Carter estaría dando un significativo giro en su política sahariana. De confirmarse tal

vuelco, U.S.A. pasaría de haber sido principal causante (macropolíticamente hablando) de la actual

situación en el Sahara a una posición de "neutralidad". La creciente relación económica EE. UU.-Argelia

podría explicar el giro, amén de otras más sibilinas realidades, incluido el necesario apaciguamiento de la

región, a la vista de la imposibilidad de que Marruecos-Mauritania machaquen al Polisario. Se está

hablando incluso de una ayuda americana de un millón de dólares a los refugiados saharauis.

Las cartas de la oposición

Si la información del "Washington Post" es veraz (lo que se sabrá en unas semanas), la oposición

democrática española va a tener todavía más sabrosas cartas con que jugar en el Parlamento en este tema.

Si la Administración Cárter da marcha atrás en el Sahara, aparte del ridículo, ¿qué hace la Administración

Suárez implicándose en el asunto? Puede ser el momento, no ya de asumir la necesaria neutralidad, sino

de recordar a Marruecos-Mauritania que España, mediante el Acuerdo de Madrid, transmitió la

administración del territorio, pero no la soberanía, al tiempo que aún no se ha oído a los saharauis en

referéndum alguno.

Sólo un matiz podría convertir lo tragicómico en tragedia: que la Administración Carter estuviera

"rectificando errores" en el norte de África —y en todo el continente en general— a base de encargar

durante algún tiempo a sus aliados la ingrata misión de aguantar el tipo mientras busca solución de

recambio (Francia-Zaire, España-Sáhara).

02/junio/1977

Diario16

 

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