Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
   El espacio político del socialismo     
 
 Diario 16.    18/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El espacio político del socialismo

José Félix Tezanos

En unas circunstancias políticas como las actuales empieza a cundir una cierta perplejidad ante el baile

de siglas, partidos y partidillos que acuden a inscribirse en el Registro del Ministerio de la Gobernación.

El Gobierno, por su parte, parece, también, dispuesto a poner su granito de arena como contribución

a la confusión política y no duda en legalizar, incluso, a varios partidos con el mismo nombre. Ante esta

situación es de temer que muchos ciudadanos empiecen a preguntarse muy seriamente ¿para qué

va a servir su voto? Y la pregunta es bastante pertinente, ya que pueden vislumbrarse indicios

alarmantes de que estamos empezando a perder la visión de conjunto de la actual situación política. En

efecto, los partidos políticos en una democracia que quiera ser viable no deben limitarse a ser mera

expresión de ideas y enfoques políticos particulares, sino que deben constituir, en sí mismos, elementos

aglutinadores de áreas de consenso suficientemente amplias como para estar en condiciones de poder

ofrecer, en su momento, alternativas concretas de gobierno. Si un partido no tiene vocación y capacidad

de gobierno es obvio que algo anda mal en ese partido o en la preparación política de sus militantes. ¿Y

cuántos partidos políticos españoles tienen, en estos momento, vocación o capacidad de gobierno? La

respuesta a esta pregunta —que cualquiera puede dar por sí mismo— no deja de ser inquietante, ¿A

alguien se le ha ocurrido pensar qué puede pasar en nuestro país si sólo la derecha sigue pensando con

vocación de gobierno? ¿A alguien se le ha ocurrido pensar qué va a pasar con los pequeños partidos

cuando los ciudadanos se den cuenta de que su voto no sirve para nada si va a parar a un partido

insignificante?

La alternativa socialista

Ciertamente un mínimo sentido del realismo nos obliga a los socialistas a asumir que, a corto plazo,

nuestro único y primordial objetivo es alcanzar una verdadera democracia. Sin embargo, nuestras

circunstancias actuales no deben hacernos perder de vista cuál es la verdadera fuerza de la alternativa

socialista en la España actual. Lo que debemos analizar, pues, es la misma capacidad objetiva del so

cialismo para ofrecer, a medio plazo, alternativas viables de gobierno. Y debemos analizar esto mirando

por encima de nuestra concreta situación actual (sin haber alcanzado aún la unidad; recién salidos de la

clandestinidad; con un número de militantes que nos sitúa a años luz de los partidos hermanos europeos;

con unas infraestructuras organizativas aún no plenamente adaptadas a las nuevas circunstancias, etc.).

No obstante, frente a esta situación concreta es preciso comprender que la pontencialidad socialista, en

estos momentos, no se limita a lo que es el socialismo organizado, de la misma manera que el socialismo

organizado, en su expresión actual, tampoco recoge, de una manera integrada, lo que puede ser toda la

base de ese futuro partido socialista capaz de ofrecer alternativas de gobierno.

En mi opinión, el PSOE es, sin duda, en estos momentos, el partido mejor situado para articular en torno

suyo —actuando con amplitud y generosidad— todo lo que constituye la gran potencialidad socialista

actual. Sin embargo, sería un error reducir el problema de la unidad socialista a un acuerdo formal entre

los grupos que actualmente actúan con siglas diferentes. El problema fundamental, creo yo, no es de

siglas, sino de definición de espacios políticos. Por ello, lo que todos los socialistas debemos

preguntarnos en primer lugar es ¿cuál es el espacio político socialista? Y debemos hacernos esta pregunta

procediendo sin timidez ni restrictivismo.

Amplios intereses populares

Los datos del análisis político y la evidencia empírica de numerosos sondeos de opinión parecen poner de

evidencia cómo el espacio político del socialismo es realmente mucho más amplio de lo que algunos

socialistas, presos aún por la inercia de la clandestinidad, quieren comprender. Ciertamente el atractivo

del socialismo como alternativa política es perfectamente comprensible y situable en nuestra actual

contexto social de país industrializado y con una clase trabajadora tan amplia como diversificada (obreros

industriales, de los servicios, profesionales, empleados de oficina, etcétera). Sin embargo, lo que sucede

es que no todos los trabajadores españoles de nuestro tiempo entienden el socialismo de la misma manera.

Para algunos el socialismo presenta caracteres más moderados, para otros los presenta más radicales. El

camino hacia el socialismo unos lo ven más rápido y otros más lento. Por ello no es de extrañar que en las

encuestas y sondeos de opinión sean muchos los trabajadores que emplean la expresión

"socialdemocracia" para referirse a ese socialismo moderado del que son partidarios. La cuestión, sin

embargo, no debe entenderse como un problema terminológico, de la misma manera que tampoco debe

verse como una expresión de divergencias ideológicas. Las diferencias no son, para la mayoría de los

trabajadores —creo yo—, cuestión "ideológica" o "filosófica", sino más bien cuestión de ritmo y de

mayor o menor radicalismo dentro de lo que es la alternativa propia del espacio socialista, considerado en

su totalidad.

Para los que pensamos que la política no se hace desde perspectivas de alquimia intelectual, ni desde

obsesiones por la identidad filosófica homogénea, el hecho de que el espacio político socialista en nuestro

país sea tan amplio es un magnífico augurio sobre el futuro del socialismo y, lo que es más importante,

sobre las posibilidades de desarrollo de una alternativa socialista concreta. Para que esta alternativa

socialista no se trunque, obviamente, es preciso que los socialistas no procedamos restrictivamente y

acomodemos nuestra realidad organizativa a la realidad sociológica española actual, dando cabida en

nuestro ámbito a los diferentes enfoques del socialismo con los que actualmente coinciden la gran

mayoría de los trabajadores españoles y amplios sectores populares. El socialismo —podemos decir en

conclusión— en una sociedad como la nuestra no es únicamente una alternativa de la "clase obrera"

manual, entendida restrictivamente, sino que es expresión de la convergencia de los intereses de muy

amplios sectores populares. Por ello el espacio socialista es muy amplio; tan amplio que, si no se divide,

hará posible pensar en alternativas concretas de gobierno a medio plazo. Y vistas así las cosas resulta

claro adivinar a quién le interesa más la fragmentación y división del espacio socialista.

 

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