Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
 El compromiso constitucional. 
 Un pacto para la paz     
 
 Diario 16.    28/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

El compromiso constitucional

Un pacto para la paz

José Félix Tezanos

Los acontecimientos violentos de los últimos días no hacen sinó reforzar una creencia que —creo—

compartimos la inmensa mayoría de los españoles en estos momentos: hay que alejar todo aire de tragedia

de nuestra vida ciudadana. Los españoles, todos los españoles, necesitamos, de una vez por todas, firmar

la paz. Firmar una paz que permita a nuestro país salir del miedo, del atasco político y de la crisis

económica en que nos econtramos, y en la que podemos precipitarnos de una manera mucho más intensa,

aún, si no acectamos a institucionalizar pronto un sistema de convivencia plenamente pacífico y

democrático. Por ello creo que, en estos momentos difíciles, y más allá de la indignación y los lamentos,

lo que muchos españoles nos preguntamos es ¿cómo evitar que nuestro país se meta en un túnel sin

salida?, ¿cómo lograr que las opiniones de las grandes mayorías de ciudadanos sean las que tengan peso

político decisivo?

Más allá de los partidos

En este sentido, cada día que pasa parece más claro que nuestra única salida es el compromiso

constitucional. Un compromiso que —como señaló Felipe González en el XXVII Congreso del PSOE—

establezca un acuerdo entre las principales fuerzas politicas del país para "conseguir una Constitución

democrática y abierta, de la que hayan desaparecido los residuos autocráticos de este régimen, y que

garantice unas oportunidades semejantes de todas las fuerzas políticas democráticas". El compromiso

constitucional es, por ello, un objetivo suprapartidario y no debe entenderse como una iniciativa política

de un partido concreto, sino como un proyecto patriótico en el que hoy coinciden casi todas las fuerzas

políticas de la izquierda. En este sentido es en el que puede decirse que la izquierda ha lanzado un

verdadero reto histórico a todas las fuerzas politicas del país. La meta es bien sencilla: ponerse de acuerdo

en unas bases mínimas que creen un marco constitucional aceptado por todos, y unas reglas de juego

democrático, limpias y transparentes, que sean aceptadas y defendidas por todos. Simplemente hacer lo

mismo que han hecho nuestros vecinos de los países europeos.

Ciertamente el establecimiento de tal pacto constitucional puede ser la gran oportunidad histórica para

superar las oscilaciones cíclicas que han venido caracterizando nuestra dinámica política en la era

contemporánea, permitiéndonos, a su vez, establecer, sobre una base segura, un clima de pacífica

convivencia ciudadana, más allá de las lógicas diferencias ideológicas y programáticas entre los

diferentes partidos políticos. La paz ciudadana la ganaremos definitivamente, pues, cuando los principales

partidos políticos —de la derecha, del centro y de la izquierda— comprendan y acepten que el mejor

sistema para dirimir las discrepancias y conflictos es el de contar los votos. Sólo entonces, cuando el

poder sea emanación de la voluntad popular mayoritaria, tendrá éste la suficiente autoridad moral y el

suficiente apoyo ciudadano como para hacer frente con la energía necesaria a cualquier acto de

provocación. Sólo una Constitución acordada por las principales fuerzas políticas tiene garantías de ser

apoyada y defendida por la mayoría de los ciudadanos y afilo una Constitución acordada de esta manera

permitirá instaurar definitivamente un sistema político estable que aleje de nuestras vidas, de una vez por

todas, el miedo a nuevos enfrentamientos civiles.

Oportunidad histórica

La izquierda está dando pruebas de que quiere sacar al país del atasco en que se encuentra metido y de

que está dispuesta a buscar solidariamente salida a una crisis cuyas consecuencias todos sufrimos. Sin

duda, las negociaciones iniciadas entre el Gobierno y la oposición son un buen indicio sobre la

posibilidad de que esta ves no perdamos la oportunidad histórica. Pero las negociaciones no deben

parcializarse y toda la problemática del momento presente debe plantearse en su totalidad, en sus aspectos

políticos y también en sus aspectos económicos.

Los próximos meses van a ser, posiblemente, meses decisivos, en los que todos nos vamos a jugar mucho.

Serán meses en los que va a quedar claro quiénes anteponen sus intereses personales o de fracción a los

intereses de todo el país. Serán meses en los que va a quedar claro quiénes están dispuestos a un

compromiso en bien de la paz ciudadana y el progreso de la sociedad y quiénes, sin ceder nada,

permanecen sólo atentos a intereses egoístas. Serán meses, en suma, en las que el pueblo español podrá

empezar a distinguir quiénes son los verdaderos patriotas y quiénes los falsos patriotas.

 

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