Autor: Barón Crespo, Enrique. 
   Socialdemocracia: ¿Traición o ideal?     
 
 Diario 16.    28/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Socialdemocracia: ¿Traición o ideal?

Enrique Barón Crespo

Socialdemocracia es una expresión que polariza en España. Para sus defensores, la apelación resume

todos los valores de una vía ética y democrática hacia la justicia social, evitando los traumas

revolucionarios; para sus detractores, el término se emplea como un insulto político, que descalifica al

que lo lleva de modo indefectible. Por ello, nos encontramos, por un lado, con que banqueros catalanes o

ex funcionarios del "establishment" franquista proponen con esta etiqueta una milagrosa traslación de la

experiencia sueca o alemana, mientras que, por otro, militantes e incluso organizaciones de izquierda

paralizan su capacidad de análisis y acción ante el riesgo de verse fachados de socialdemócratas.

El hecho es que existen fuerzas que reivindican como etiqueta la de socialdemócrata y que plantean

diversas opciones ante, el proceso electoral.

Por una parte, están grupos como el Bloque Socialdemócrata, que ha planteado su integración en el

Centro Democrático, por razones que han sido explicadas con la claridad que acostumbra por Rafael

Arias Salgado en D16 (artículos de 9 y 10 de febrero). Por otra, está el análisis que considera que existe

un gran campo socialdemócrata en la izquierda y que, más allá de los verbalismos, la razón se acabará por

imponer. Su conclusión es que la socialdemocracia será la gran fuerza de la izquierda, como afirma Luis

Gamir en su artículo publicado en "El País" el 10 de febrero. A los "socialistas marxistas´´, expresión

resucitada con evidente intención en el momento en que se ha replanteado el debate sobre la unidad de los

socialistas, es decir, a la resultante del proceso de discusión y negociaciones entre FSC, PSP y PSOE se

les daría, como máximo, la posibilidad de ser la extrema izquierda de un centro democrático.

Alianza, no guerra

Las consecuencias de la primera tesis son claras: como dice Arias Salgado, "de cara a la estabilidad de la

democracia española, es imprescindible que llegue a existir un socialismo fuerte" y, en consecuencia, "la

socialdemocracia no puede tener como objetivo electoral, asumiendo una posición de falsa izquierda,

entablar una guerra con el PSOE para arrancarle unos votos".

Se trata, por tanto, de un planteamiento que se puede calificar próximo de la línea de la socialdemocracia

italiana, de hacer una alianza con las fuerzas que van a crear un pacto de Gobierno. En otras palabras, ser

los elementos gestionarlos y responsables de una derecha civilizada que pretende el poder. Porque, en

términos reales, el bloque del Centro Democrático busca esta denominación para no contaminarse con la

imagen de una derecha autoritaria y cerril que hace progresista al que se atreve a hablar de sufragio

universal. Ello lleva a crear un partido de personalidades relativamente pequeñoo, que citará bien situado

en los aledaños del poder —Ministerios y Parlamento—, y que se convierte en un grupo esencial para

todas las combinaciones de centro-derecha o centro-izquierda. En la Segunda República hubo grupos

parecidos, aunque no con la misma etiqueta: los radicales, los radical-socialistas y los republicanos.

En el segundo planteamiento, la pretensión es mucho más ambiciosa. Se trata de apuntarse a ganador,

partiendo de un simple silogismo: la clase obrera ya no es tan radical, la socialdemocracia ha triunfado en

los países nórdicos, nosotros levantamos la bandera socialdemócrata aquí, "ergo" los trabajadores vendrá

a nuestros filas. Con generosidad y ética palabra que se inserta continuamente para contraponer el

humanismo frente al materialismo de los marxistas) se puede aceptar que los s o c i alistas más

radicalizados formen un ala izquierda, en cierto modo, una conciencia crítica de la gran organización.

Pero de participar en el poder, ni hablar.

Personalidades

Volviendo a la realidad española, hay consecuencias inmediatas de lo apuntado. En primer lugar, que los

autodenominados socialdemócratas son mucho más reducidos núcleos de personalidades que grupos

militantes en el terreno de la lucha de masas, organizaciones sindicales, de vecinos, cooperativas, etc...;

en segundo lugar, que la división tradicional de la izquierda está entrando en crisis —piénsese en el

eurocomunismo y en loa nuevos movimientos sociopolíticos en los dos bloques europeos—, lo cual está

obligando a un esfuerzo de reflexión y reestructuración de las fuerzas de izquierda. En nuestro país, el

problema es importante, puesto que mientras que la historia de los grupos socialdemócratas es un

continuo tejer y destejer de grupos y siglas, el Partido Comunista es una fuerza que trata de consolidar un

espacio y un papel de fuerza socialista, con una línea de estabilización democrática que se podría calificar

de socialdemócrata si no fuera porque en el vocabulario comunista la expresión revisionista está más

consagrada. Por último, la actual línea del capitalismo español es la de imponer una reconversión que sea

soportada per la clase obrera, cuyas organizaciones de clase no están hoy discutiendo el pacto social, sino

el reconocimiento de su propia existencia.

¿Existe, pues, mareo y espacio para una experiencia socialdemócrata?

Sin duda, hay admiración por experiencias socialdemocráticas en algunos sectores de la izquierda, e

incluso de la derecha evolucionada. Pero seria preciso una auténtica revolución cultural en ésta, en la

derecha, para poder aceptar una experiencia de este tipo. Y, hoy por hoy, todavía estamos en una

situación en la que las clases dominantes están haciendo el aprendizaje de que las urnas no deben ser

rolas.

Opciones

Las opciones, pues, son tiaras. Una es la de incorporarse al bloque que puede gobernar a corto plazo,

empleando unas cualificaciones técnicas reconocidas. Puede ser una reedición de la "revolución por

arriba" tantas veces intentada en España. La otra es la de plantear la integración dentro de los

movimientos que en la sociedad luchan por consolidar la democracia para poder proceder a una

transformación de la sociedad. Para ello no se requiero saberse "E1 Capital" de memoria como examen

de ingreso, sino una conciencia y una acción consecuente para cambiar la sociedad, buscando la

superación del capitalismo. Hoy, en términos políticos, eso significa el trabajar por la construcción de una

gran fuerza socialista, la cual tiene que inspirarse en las mejores tradiciones del movimiento obrero, sin

buscar la confesionalidad y el sectarismo. En él tienen y tendrán cabida personas procedentes de muy

diversas experiencias, como ocurre en todas las grandes fuerzas populares. Pero lo que en cualquier caso

es evidente es que este movimiento socialista, con su pluralismo interno, con la riqueza de corrientes y

opiniones diversas en su seno, se ha de hacer a partir de nuestra propia experiencia, y no de apuntarse a

una etiqueta a la que se atribuyen los bienes de la moderación responsable y la ética frente al utopismo

juvenil de los fogosos izquierdistas. Sobre todo cuando se intenta la operación como un acuerdo de

vértice sin tener en cuenta ni aceptar la necesidad de un trabajo político democrático que produzca una

síntesis necesaria de todas las corrientes.

 

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