Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   La tridimensionalidad del Consejo de Europa     
 
 Ya.    29/12/1977.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 8. 

"LA TRIDIMENSIONALIDAD DEL CONSEJO DE EUROPA"

Sin extremar la enquematización, el Consejo de Europa puede ofrecer, especialmente a efectos de la

divulgación de sus funciones y cometidos, una doble tridimensionalidad. La primera seria inicial, y

trataría de acotar y describir la específica naturaleza y finalidad de la organización, aquello que la

individualiza y tipifica. La segunda tridimensionalidad vendría a ser trazada arrancando de la misma

vocación, del propio destino y quehacer del Consejo. Es obvio que estos dos perspectivismos

tridimensionales están fuertemente relacionados e inclusive condicionados.

En una larga serie de textos (recomendaciones, resoluciones, avisos) la Asamblea de Estrasburgo ha

insistido en dejar bien afirmadas tres notas, que casi en propiedad caracterizan a esta Organización. Se ha

reiterado el enunciado ideológico que como línea vertebral y fuerza estimuladora identifica

al Consejo. Es la organización europea que, con casi exclusividad, se define por su polarización en torno

de una concepción democrática y parlamentaria. Es al servicio de esa ideologia, de esa forma de entender

la antropología política y la organización social como únicamente puede entenderse el nacimiento y

evolución del Consejo.

De esa identificación ideológica; política, deriva casi automáticamente el establecimiento y la

significación de la Asamblea, hoy parlamentaria. A través de esta Asamblea el Consejo te "realiza"

actuando como un foro europeo, como el gran crisol en el que se funden las diversas opiniones que nacen

de una sociedad europea pluralistamente concebida. Una serie de decisiones de te Asamblea, en particular

las que se plantean el problema del cometido del Consejo, abundan en esta dimensión dialogante y de

deliberación con pretensiones paneuropeas que particulariza al Consejo.

El Consejo en múltiples ocasiones y en las circunstancias históricas más graves y conflictivas se

autocalifica como "organización única", insustituible e irremplazable. Es el "gran centro", en el que

pueden "encontrarse" los pueblos democráticos europeos para afrontar en un proceso de creciente

unificación los problemas europeos y, ante todo, una institución a través de la cual esos mismos pueblos

progresen en la búsqueda de su identidad y de su destino, que es tanto como decir su quehacer

responsable en la Historia.

Existe otra tridimensionalidad, para muchos menos abstracta y evasiva. Ahora no nos moveremos en el

área de las solemnes enunciaciones. Es el momento de la precisión, de la determinación de actividades y

configuración de comportamientos.

El Consejo de Europa actúa en tres direcciones. En su acción incide en tres esferas del ser de los pueblos

democráticos europeos. Su raíz y cimentación está en la forma de influir en la misma manera de

"presentarse" y de "actuar" el Estado miembro. De actuar de fronteras hacia adentro, de concebirse

mirándose a sí mismo. Un Estado miembro tiene que quedar transformado por el mismo hecho de

convertirse en parte integrante del Consejo. Es en este sentido en el que tenemos que encontrar la raíz de

la identidad del Consejo. Caracterizado y precisado jurídicamente como una organización

intergubernamental, en su esencia desborda esta conceptuación, y viene a desembocar en una incipiente

comunidad de pueblos, y sobre todo de hombres europeos. Lo que en definitiva venga históricamente a

significar el Consejo dependerá del modo de influir en el modo de realizarse personal y socialmente el ser

humano europeo. Aquí percibimos una particular tridimensionalidad. De cara a los Estados que integran

el Consejo, éste, actúa en tres dimensiones: en la propiamente humana (es el campo de los derechos

humanos, que con fuerza expansiva tratan de humanizar y de personalizar toda la vida cotidiana; esa

pequeña historia de la que hablaron nuestros hombres de la generación del 98); en la de la estratificación

social de la comunidad nacional, tomando como ejes el régimen de los poderes locales y regionales y la

misma dimensión sindical en sus más amplias realizaciones; en la esencialmente constitucional, al insistir

en la misión determinante que tiene la Asamblea y los parlamentos nacionales. En este último plano hay

que situar la constante preocupación del Consejo por la crisis actual de las instituciones parlamentarias y

la permanente dedicación al empeño de racionalización, coordinación y perfeccionamiento de las

actividades parlamen t a r i a s, tanto de las propias de la Asamblea de Estrasburgo como de las peculiares

de los parlamentos nacionales, que son como correas de transmisión entre el Consejo y los Gobiernos y

poblaciones.

No se entendería el alcance que tiene la adhesión de España al Consejo de Europa de no comprender lo

que supone esta Organización en la política intraeuropea, en las relaciones íntimas de los miembros del

Consejo y en la forma de encarar el problema de la progresiva aproximación de la Europa parlamentaria y

la del Este. Las relaciones Este-Oeste presentan en el Consejo dos realidades: la intraeuropea y la

mundial. La primera es la agónica y la segunda es la histórica. En el quehacer intraeuropeo, y

limitándonos a los confines del mismo Consejo, se registran todos los caminos que pueden conducirnos a

la integración. Es decir, la armonización de legislaciones y de políticas, la coordinación de actividades, la

concertación de comportamientos, la creciente constitucionalización de actividades. De armonización se

habla incluso con relación a las normas de conflicto que aún dominan en el derecho internacional privado.

La coordinación se nos presenta en todos los sectores de la vida pública (desde la cultural y científica,

pasando por la artística, económica, hasta desembocar en el mismo deporte, con la pretensión de lograr su

creciente despolitizacion), Concertación especialmente con miras a lograr una acción y una política

común, e1 que ésta Europa hable y actúe con una sola voz y un único propósito. E institucionalización

persiguiendo las líneas de marcha que marcaron los grandes institucionalistas latinos al concebir el orto

de la institucionalización como impulso y necesidad que surge de la conciencia y mentalización en torno

de una idea y de un empeño. Una institucionalización que paulatinamente va tejiendo una tupida red de

instituciones en el terreno de la ciencia, de la tecnología, de la industria, del átomo, etc.

Un largo trajinar por ir paso a paso descubriendo y realizando la propia personalidad de esta Europa

democrática y humana. Es la hora de asomarse al mundo, de actuar en él mundo de las relaciones

internacionales, de ir recobrando el pasado protagonismo universal. La Europa política es ante todo y por

encima de todo una Europa que tiene "su" propia política internacional. Los trabajos del Consejo en este

sentido son múltiples, a un cuando sus resultados sigan siendo parcialmente frustrantes. La rosa de los

vientos de esta política internacional queda marcada de esta forma: relación entre el Occidente y el Este

europeos, articulación y coordinación entre USA y el Consejo, programación de una política trasatlántica,

política de distensión o lo que resulta sinónimo a decir relación entre Oeste y Este y, últimamente, política

de ordenación universal, desplazando el centro de gravedad hacia el diálogo Norte-Sur en el que el mundo

tiene que hacer gravitar su esfuerzo por transformarse, por lograr encontrar las nuevas respuestas y

creencias que permitan a la humanidad salir de su actual estado de postración vital, sentimental y ética.

M. AGUILAR NAVARRO

Ya

29/XII/1977

 

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