Despliegue de fuerzas en Andalucía     
 
 ABC.    13/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

OPINIÓN

JUEVES 13-5-82

Despliegue de fuerzas en Andalucía

El líder del socialismo sevillano, señor Rodríguez Borbolla, acaba de declarar: «La campaña de los

empresarios parece sacada de un manual de un ministro de propaganda nazi.» Por su parte, el actual

presidente de la Junta de Andalucía, señor Escuredo, ha criticado ayer a las organizaciones empresariales

que hacen campaña para movilizar el voto andaluz y evitar la abstención. El señor Escuredo ha añadido:

«Sería un cretino si no pensase que la mayoría de los empresarios andaluces están convencidos de que

tendrán las puertas abiertas con un Gobierno socialista para colaborar en el desarrollo económico de

Andalucía.»

A su vez, el presidente de los empresarios españoles, señor Ferrer Salat, teme que el PSOE no haya

asimilado todavía lo que es la democracia, «porque ésta es justamente lo contrario del monopolio de la

cosa publica por un grupito de políticos. Lo que la define, es realidad, es la preocupación de todos los

sectores sociales por los problemas que genera la propia sociedad».

La participación de los empresarios en la campaña electoral andaluza es tema que ha merecido ya

precisiones en este espacio editorial. Ayer recogíamos en nuestra información las declaraciones del

presidente del Gobierno en Almería en torno a este mismo particular. Naturalmente, el señor Calvo-So-

telo no agotó en su puntualización el caudal de argumentos y razones que, legitiman el protagonismo no

partidista asumido en Andalucía, por las organizaciones empresariales. Una cosa es que el Gobierno tenga

que aceptar las críticas empresariales a su gestión económica y otra, no menos razonable y lógica, es que

la totalidad de los partidos acepten los pronunciamientos empresariales sobre el modelo de sociedad y e

tipo de economía que se pueda dilucidar electoralmente.

Habría que señalar en este sentido algo que responde a un principio claro de equidad democrática: ¿Por

qué razón los partidos de la izquierda, el PSOE y el PCE, reclaman para sí una representación doble —

por ellos mismos y a partir de sus respectivos sindicatos—, mientras que los flemas partidos, según la

izquierda, no pueden apoyarse en la legítima representación social de las organizaciones patronales?

Difícil de entender e imposible de explicar. Ni el asalariado ni el empleador son indiferentes al tipo de

política económica que resulta de un modelo u otro de sociedad y economía. Algo tienen que decir sobre

lo que electoralmente se debate. Unos, los trabajadores asalariados, disponen de unos cauces específicos

de representación, que son las centrales sindicales; los otros, empleadores y empresarios, tienen los suyos

propios a través de las organizaciones empresariales. Pero ahí acaban las similitudes y los paralelismos.

Los empresarios carecen formalmente de una supraestructura política, mientras que los sindicatos

expresan y realizan las políticas de sus respectivos partidos. Los sindicatos nacionalmente mayoritarios

no son profesionales, sino dependientes de los partidos. Las organizaciones empresariales no dependen de

los partidos ni éstos tampoco, en ninguno de los casos, dependen de ellas. Es completamente legítima, por

tanto, la participación empresarial en la campana para las elecciones de Andalucía. Nada hay tan legítimo

ni lógico como la propuesta de los empresarios en favor de un modelo concreto de sociedad y de

economía, un modelo de libertad y de iniciativa privada. Un modelo que, casualmente a lo que se ve,

corresponde a aquél en que el empresario puede ser lo que es. En el modelo económico que, con

diferencias y matizaciones varias comparte el PSOE con el PCE, el empresario es sustituido por el

funcionario, de manera gradual o de modo compulsivo, según la moderación dé cada socialismo. No es de

extrañar, por tanto, que los empresarios se arriesguen —-que es lo suyo— en una apuesta política en favor

de los partidos que defienden una idea de sociedad en la que ellos mismos tienen posibilidad de existir.

 

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