Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   Algunas cuestiones claves para el futuro político de España  :   
 De Ramón Tamames. Editorial Cuadernos para el diálogo, Colección "Los suplementos", Madrid, 1974. 
 ABC.    06/03/1975.  Página: 63-64. Páginas: 2. Párrafos: 15. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 06 03 1975

ABC. JUEVES 6 DE MARZO DE 1975. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

"ALGUNAS CUESTIONES CLAVES PARA EL FUTURO POLÍTICO DE ESPAÑA"

De Ramón Tamames

Editorial Cuadernos para el Diálogo. Colección «Los suplementos». Madrid, 1974.

Por José María RUIZ GALLARDON

¿Quién no estaría de acuerdo en «poner los medios para abrir una nueva era de convivencia entre todos

los españoles, en la idea de comprensión y respeto mutuo corno coordenadas de un futuro desarrollo

político y social regulados por las fuerzas e instituciones de la inmensa mayoría»? ¿Quién no participaría

en esa empresa? ¿Quién no suscribiría tales afirmaciones u otras similares? Yo, desde luego, las hago

mías y creo que no será fácil encontrar un español entre ciento que no las comparta. Y sin embargo...

Sin embargo, resulta que esas frases que son las conclusiones a que llega el profesor Tamames en su

trabajo «Algunas cuestiones claves para el futuro político de España», tienen unos determinados

fundamentos que. éstos y no aquéllas son absolutamente rechazables.

La táctica es conocida. Un señor, con cuanto más aire doctoral mejor, anuncia que su propósito es tan

noble y tan compartido como el expresado. Los lectores —¿cómo podría ser de otra manera?— lo

aceptan. Entonces, el profesor, les dice: «Pues bien, esa finalidad, esas metas sólo se consiguen si me

hacéis caso.» Y, al hacerle caso —porque todos quieren conseguir las finalidades y las metas señaladas—,

entran, de la mano de don Ramón Tamames, a saco, a mandobles, contra todo lo divino y lo humano.

Pero no importa, se trata de lograr la convivencia pacífica de los españoles...

Este modo delirante de argumentar, haría enrojecer a cualquier profesor de lógica. El señor Tamames, no

lo es. Pero si es un hábil manipulador de conceptos. Y eso es lo que, al servicio de los intereses para los

que trabaja, cuenta.

Voy a pretender examinar para los lectores algún punto del discurrir del trabajo del señor Tamames. Voy

a exponer alguno de sus criterios, ciñéndome, en lo posible, a su propia expresión literal, y comentarlo a

la luz de la razón. Y que el lector juzgue. Pero, vaya por delante, que no se deje engañar por el señuelo de

que «se trata de conseguir la convivencia pacífica». En eso estamos de acuerdo. En lo que discrepo

fundamentalmente es en el «cómo» y en el «quiénes». Porque si para conseguir la convivencia pacífica,

hay que aceptar el juego del partido comunista y quienes nos la van a lograr son los hombres que

representa el señor Tamames, mucho me temo que ni siquiera los socialistas españoles le hagan caso.

Primera afirmación del profesor Tamames: «en la política contemporánea no hay más que dos situaciones

políticas claramen te estables. La autocracia y la democracia». Esta afirmación, así formulada, es tan

consistente —o tan arbitraria— como su reverso: «En la política contemporánea no hay más que dos

situaciones políticas inestables: la autocracia y la democracia». Lo uno y lo otro es igualmente válido.

Porque la estabilidad o inestabilidad de un sistema no depende de que sea autocrático o democrático.

Autocrático era el régimen hitleriano y resultó absolutamente inestable. Y democrático era —según dice

el profesor Tamames— el régimen republicano español y no se recuerda época de mayor inestabilidad. Y,

por supuesto, democrática fue la República de Weimar y tan inestable resultó que la sucedió —

democráticamente— un cierto señor llamado Adolfo Hitler. Los ejemplos podrían multiplicarse «ad

infinitum».

Y no estoy defendiendo —Dios me libre de ello— un tipo de régimen autocrático. Lo que digo es que la

estabilidad o la inestabilidad de un sistema no depende de su encasillamiento en uno u otro apartado. Son

temas distintos. Y me parece pueril sostener que «en la situación democrática... no puede producirse por

definición, lo que hemos llamado el cambio sustancial». Creo mucho más exacto afirmar, con verdades de

perogrullo, que «la autocracia y ia democracia son estables hasta que dejan de serlo» Lo demás son ganas

de perder el tiempo.

Entonces, ¿por qué se empeña Tamames en colocarnos esta afirmación a modo de primera piedra en el

frontiscipio de su trabajo? Muy sencillo. Porque como en seguida nos va a decir que el sistema español

ea autocrático y lodo sistema autocrático es malo, el único sistema «estable» y «bueno» es el

democrático. Pero claro, el suyo; que no es precisamente... muy democrático. Pues bien, ni el

sistema español cabe ser llamado sin más autocrático, ni todo sistema democrático es bueno; sobre

todo, resultará malo al menos para España si, dentro del sistema democrático, se admiten, como

indispensables, grupos o partidos que. como el comunismo, son sólo concebibles como lo que son:

dictaduras del proletariado y por tanto antidemocrático.

La manipulación de Tamames es clara: necesita que le admitan al Partido Comunista en el futuro político

español. Hoy sólo es concebible, atractivo y presentable, un futuro democrático. Luego es preciso que el

Partido Comunista sea pilar básico de la democracia española para que sea admitido.

A tan inteligente —por llamarle de alguna manera— pretensión, se dirige todo el esfuerzo del folleto

criticado. Y para hacerla válida no duda en desfigurar lo que sea necesario, falsificar la historia como y

cuando le conviene y anatematizar como no democráticos a los aperturistas del Régimen, sin que se le

mueva una pestaña al afirmar, al tiempo, que «la conciencia democrática de los partidos comunistas de

Europa occidental, tiene raíces profundas» —incluido el español, por supuesto—. ¿Habrá quien se lo

crea?

Veamos esta segunda afirmación, pero dejemos antes constancia de otra falacia argumental. Consiste en

decir que como «todos los partidos comunistas de Europa occidental tienen profundas raices de

conciencia democrática», y el Partido Comunista español forma parte de los partidos comunistas de

Europa occidental, el Partido Comunista español es democrático.

Si es verdad qué por sus hechos —y por sus textos— los conoceréis, me podría ahorrar todo lo que sigue.

Porque sostener que el Partido Comunista español es democrático es algo que haría levantarse de sus

tumbas a los miles de muertos a sus manos. Y no sólo derechistas. Que se lo fueran a preguntar a los

hombres del P. O. U. M., a Andrés Nin por ejemplo. Que se lo pregunten a sus propios ex

correligionarios, como Enrique Castro Delgado o Jesús Díaz. ¿Que ahora le conviene al partido —y a

Moscú— decir otra cosa? ¡Será una conveniencia táctica, pero no dejará de ser una burda falsedad!

Entre las «razones» en que Tamames fundamenta su aserto del profundo «espíritu democrático» de los

comunistas occidentales, resalta por su importancia ésta: «en esos países —en los de la Europa

occidental— la democracia constituye una larga tradición que los comunistas han contribuido a forjar:

Thorez en Francia y Togliatti en Italia, por no citar sino dos ejemplos». ¿Recuerda el señor Tamames la

actitud del Partido Comunista francés durante el período de vigencia del pacto germano-soviético al inicio

de la segunda guerra mundial? ¿No fueron precisamente los militares comunistas, entre ellos su dirigente

Mauricio Thorez, quienes sabotearon la democracia francesa en armas contra el facismo? ¿Tiene noticia

el señor Tamames del recorrido que recientemente dio en plena Asamblea francesa el ministro

Poniatowski al comunista Dudos acerca de la participación comunista en pro del hitlerismo alemán en

aquellas fechas? Y para venir a otros casos más recientes, ¿qué le ha ocurrido al ex comunista Ceraudy

por oponerse al servicio de Moscú?, ¿qué a tantos otros que no digirieron en Francia o en Italia la

brutalidad rusa en Hungría o en Checoslovaquia? No, señor Tamames, el partido comunista —sea

occidental u oriental— es o dice ser democrático cuando le conviene y no tiene más remedio, pero deja de

serlo en cuanto puede. Y eso ni es ser demócrata ni cosa parecida. El marxista-leninista miembro del

partido obedece a Moscú y a nadie más. Y mientras no demuestre lo contrario, el señor Tamames

pretende, en el mejor de los casos, reírse del lector.

Quizá otro dia volvamos con el tema o los temas que deja planteados Tamames. Pero, creo que para

muestra, para la muestra de qué es y qué pretende esa «plataforma democrática» en la que son

imprescindibles los comunistas y no caben los apertutistas del Régimen español, basta con lo dicho. ¡Y

que luego alguien diga que un servidor de ustedes ve marxistas hasta debajo de la cama! Acaso habría que

ser ciego para no verlos hasta en la sopa de las publicaciones que edita la muy democrática editorial

Cuadernos para el Diálogo.—

J. M. R. G.

 

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