Autor: Palma, Luisa. 
 Presidenciables para Andalucía. Luis Merino, candidato de UCD, apuesta por la esperanza. 
 «Los electores valoran el programa de respuestas y la confianza en los candidatos»     
 
 ABC.    03/05/1982.  Página: 20. Páginas: 2. Párrafos: 29. 

LUNES 3-5-82

Presidenciables para Andalucía (I)

Empieza ya la recta final de la campaña andaluza, si se puede hablar así, porque la precampaña ha sido

muy fuerte y todos han puesto esfuerzo, tiempo y economía por encima de lo habitual. Todos parecen

coincidir en dar un especial significado a estas elecciones: desde una reparación de las generales a un

debate sobre el modelo de sociedad. En esta recta final llega el momento de clarificar: conocer personas y

programas. Por ello iniciamos hoy una serie de entrevistas con los candidatos a la Presidencia, de la Junta.

Son los representantes más cualificados de sus respectivas opciones en Andalucía. Luis Merino (UCD),

Rafael Escuredo (PSOE), Luis Uruñuela(PSA) y Antonio Hernández Mancha (AP) han respondido

básicamente al mismo cuestionario. Cada uno desde su propia perspectiva; cada cual desde su prisma

político. Es el juego del.pluralismo democrático.

Luis Merino, candidato de UCD, apuesta por la esperanza «Los electores valoran el programa de

respuestas y la confianza en los candidatos» Las primeras horas de la tarde transcurren perezosamente,

deslizándose despacio entre las numerosas fotografías y «posters» que adornan las paredes. Luis Merino

ocupa uno de los grandes sillones que él mismo eligió para su despacho. Desde que a finales de enero, en

el Congreso regional de UCD-Andalucía, se diera a conocer el nombre del candidato centrista a la Junta

andaluza, Luis Merino Bayona dejó su bufete de abogado y se trasladó a un céntrico piso malagueño que

es ahora su pequeño «cuartel general». Desde entonces no ha tenido realmente un solo día de descanso.

Han sido semanas y semanas recorriendo todas y cada una de las provincias andaluzas. Días y días de tra-

bajo intenso. Con el inicio de la plena campaña electoral se avecina a partir de ahora la gran carrera hacia

el 23 de mayo.

A sus cuarenta y dos años, Luis Merino es un hombre que posee un espíritu joven e ilusionado,

perfectamente equilibrado, con la seriedad y la capacidad crítica que le ha proporcionado su experiencia y

su preocupación por la política. Fue tres años alcalde de Málaga, su ciudad natal, durante la primera etapa

de la transición. Vicepresidente regional de su partido hasta su designación como candidato de UCD a la

Junta y actualmente sigue siendo miembro del Comité ejecutivo nacional. Alto y delgado, Luis Merino

cree firmemente en la amistad. De ahí le viene quizá una cierta tendencia a la ingenuidad, a sobre-valorar

al individuo más allá de lo que verdaderamente se ajustá a la realidad. Sin embargo, muchas de sus

satisfacciones se las ha proporcionado precisamente esta manera de ser.

Piensa Luis Merino que una de las cosas que principalmente van a valorar los electores andaluces va a ser

«la confianza en las personas que presente cada partido y, junto a ello, el programa de respuestas

concretas que haya a los problemas que en estos momentos tiene planteados Andalucía».

El programa de UCD para Andalucía fue presentado por la presidenta regional, Soledad Becerril, el

pasado 26 de abril, aportando en cada uno de los numerosos puntos que contempla las soluciones

centristas para Andalucía. El elector andaluz «también analizará —afirma Luis Merino— si estos

programas de gobierno dan soluciones, de cara al futuro, para plantear una nueva Andalucía, y si esa

nueva sociedad que tiene que nacer de Andalucía se podrá llevar a cabo o no por el programa concreto

que se ha aplicado».

—A su juicio, ¿qué son antes en Andalucía: los problemas económicos o los problemas sociales?

—Bien, yo creo que están engarzados unos con otros, porque si decimos que el problema fundamental de

Andalucía es el problema del paro, creo que eso engendra a su vez problemas económicos y problemas

sociales. De todas formas está claro que el problema fundamental es el del paro. Por otra parte, está la

deficiencia de infraestructuras que tiene Andalucía. Los problemas de la falta de unos sectores en

desarrollo, y junto a ello los problemas sociales, que son un poco repetición de los problemas que existen

a nivel nacional.

Dicen los andaluces que toda hora es buena para tomar una copa de «fino». Incluso la hora sagrada de las

infusiones y el café. Merino descorcha la pequeña botella y llena el trasparente cristal de un húmedo y

brillante oro. Grabada en la etiqueta del «Fino Andalucía» está su firma bajo su retrato. Es un regalo de

unos amigos suyos propietarios de unas bodegas de Cádiz. Otros han grabado su nombre en azul, corinto

o verde sobre el fondo de unos ceniceros de cerámica.

—Aunque las comparaciones no siempre son válidas, los problemas andaluces, en lo económico y en lo

social, ¿a qué se acercan más, a los problemas genéricos, de las demás regiones-españolas o a: cuestiones

del mundo extraeuropeo?

—Los problemas de las demás regiones españolas creo que en Andalucía se dan quizá más acuciados por

su diferencia de infraestructura. En general los problemas de España son problemas un poco reflejo de

otros que se están dando en Europa. Pero nosotros somos, está claro, una región con vocación europea y

no tercermundista, como otros partidos pretenden.

—La creación de puestos de trabajo en Andalucía, ¿presupone necesariamente la aparición de nuevos

empresarios o se puede crear ocupación por otras vías? De ser así, ¿en qué proporciones o medidas?

—Yo creo en el empresario como motor del cambio. Creo —y UCD ha definido un modelo de sociedad y

un modelo económico— en una economía social de mercado en la que el empresario es elemento

fundamental para el cambio que queremos para la sociedad. Indiscutiblemente se pueden crear pues-tos

de trabajo a través de una función de gobierno y a través de los medios de que el Estado dispone al

respecto. Pero está claro que, sin contar con los empresarios y sin la fuerza que pueden tener en este

empeño, esto no podrá ser posible. En este aspecto, cabe criticar a algún que otro partido que habla de un

nacionalismo de clase, porque separa y evita al empresario como factor fundamental del cambio que

necesitamos. Si queremos cambiar Andalucía Io tenemos que hacer todos, todas las clases sociales y

todos los estamentos, y entre ellos es fundamental e| empresariado.

—Hablemos sobre la estimación que le merecen las encuestas elaboradas hasta ahora sobre las

intenciones de voto del electorado andaluz.

—Las encuestas siempre son un elemento de trabajo y un elemento de juicio, pero no un elemento de

valor absoluto, sino de valor relativo. Se dice que la única encuesta real es la que da el resultado de las

elecciones —afirma con su marcado acento malagueño, a la vez que sus labios dibujan una extensa

sonrisa—. No obstante, es un valor a tener en cuenta. Hasta ahora las encuestas nos han sido muy

favorables, lo que, por otra parte, nos sirve de estímulo.

—¿En qué espació electoral sitúa usted la abstención? .

—Bueno, yo creo que la abstención se ha dado fundamentalmente en un espacio, yo diría, de centro-

derecha.

—¿Qué inclinación tomará entonces, a su juicio, el voto empresarial y el de las clases medias?

—Se inclinará sustancialmente hacia aquellos que los defienden. Y está claro que la UCD ha sido en ello

una fuerza primordial.

—Sin embargo, la oferta electoral, y en concreto el programa de UCD, tendrán influencia a la hora de

tomar la decisión del voto. ¿Cómo definiría usted el programa de su partido?

—Creo que el programa de UCD es un programa muy claro, muy coherente y en el que se marcan unos

objetivos concretos a corto, medio y largo plazo. Es un programa perfectamente inteligible, en el cual hay

unas medidas, incluso con cifras, acciones concretas, con nombres y realizaciones.

—Pero el electorado andaluz, ¿será más sensible a una oferta de cambio radical y re-

volucionario, o a una oferta de modernización?

—Está claro que el electorado andaluz, siendo el andaluz como es un hombre moderado y

equilibrado, un hombre con miles de años a su espalda, no quiere aventuras, ni quiere una

actitud resignada, ni tampoco una actitud de ir a una aventura que no se sabe a dónde llevará,

porque hay experiencias de otros países por las que se sabe a dónde lleva ésa aventura. Lo

que está claro es que el andaluz quiere una modernización de Andalucía, un cambio de las

estructuras andaluzas contando con los medios que tenemos, y eso el único que lo puede dar

es el programa de UCD.

—Y ese programa, ¿qué alternativa considera en cuanto a la economía andaluza?

—Nosotros consideramos que una década es un plazo suficiente para modificar en su raíz la

estructura social-económica de Andalucía si se actúa, desde ahora, sobre unos sectores que

consideramos estratégicos. Por ello presentemos un diseño de desarrollo que dará su plenitud

de frutos en la década de los noventa, porque consideramos que el futuro está condicionado,

tanto por los errores pasados como por las cosas que se dejan de hacer a diario. En Andalucía

existe todavía un considerable potencial de crecimiento en cuanto a la oferta y a la demanda y

un considerable margen también para el ulterior desarrollo de las exportaciones.

—¿Considera el programa de UCD la incidencia que el Mercado Común Europeo va a tener

para Andalucía?

—Sí, por supuesto, lo hemos tenido en cuenta. Y basándonos en esto, consideramos que la

necesidad de crecimiento económico adquiera una gran relevancia en Andalucía como salida al

problema del paro, y para ello se habrán de potenciar todos los sectores qué demuestren más

dinamismo y posibilidad de cara al futuro, que contribuyan en mayor medida a la reducción del

nivel de desempleo, a la mejora de nuestra competivividad exterior, a la articulación de la

estructura económica y a la disminución de la dependencia energética y tecnológica, entre

otros aspectos. Consideramos que habrá que desarrollar

fundamentalmente los sectores de la agricui-tura, de la energía, microelectrónica, defensa e

industrias químicas y el sector del turismo. Con ello podremos apostar por la esperanza.

—¿Qué formulaciones puede tener el andalucismo a estas alturas?

—En nuestro programa de gobierno recogemos este tema. En uno de los apartados decimos

que frente a los nacionalismos de clase, que no se sabe qué clase de nacionalismos son, y

frente a los nacionalismos emitidos, proponemos un andalucismo para todos al servicio de

España, patria común de todos nosotros. Somos a la vez andalucistas y es-pañolistas. Y no

encontramos ninguna contradicción en ello, como no existe contradicción entre Andalucía y

España, porque la identidad andaluza va a favor históricamente de una forma de ser de los

españoles. Por eso proponemos el pleno respeto y el fomento de los valores espirituales y

culturales de nuestra Andalucía como factores enriquecedores del ser de España.

—Vayamos, por último, a las conclusiones de su programa sobre la Administración y la eficacia

económica y social de los fondos para el empleo comunitario.

—Unión de Centro Democrático ha subrayado en multitud de ocasiones su opinión favorable al

destino de fondos públicos para paliar tos defectos del paro en nuestra región. Pero somos

partidarios de que se revise el actual sistema para asegurar que los fondos llegan con plena

justicia a quienes más los necesitan y cooperar al mismo tiempo en la realización de un trabajo

efectivo y la creación de puestos de trabajo. Estamos en contra de los abusos que se han

venido produciendo en algunos Ayuntamientos de izquierda y de ciertos casos de favoritismo y

picaresca. Corno objetivo se debe tender a su sustitución por un seguro de desempleo del

trabajador agrario, y esta reforma debe estar orientada por tres principios: Primero, que los

trabajos financiados con los recursos del sistema del empleo comunitario se utilicen para

cumplir proyectos articulados previamente dentro de un programa económico regional.

Segundo, que sirva de medio de formación de las personas cualificadas que participan en los

trabajos del empleo comunitario. Y, por último, que se controle la percepción de los fondos y

que se combate con mayor rigor el fraude.—Luisa PALMA.

 

< Volver