Autor: Muñiz, Medardo. 
   El hombre y la mujer     
 
 ABC.    31/05/1982.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

El hombre y la mujer

hace mucho que un psicólogo en televisión: «Las desigualdades entre hombre y mujer tienen un origen social más que psicologo.» Esto se dijo refiriéndose un conportamiento general en el trabajo. Para remediar ciertas desigualdades entre los anexos oroponen idénticos o comunes incentivos desdé la infancia, consecuencia, nada de juguetes diferentes ni juegos diferentes, de muñecas sólo para las niñas de pistolas sólo para los niños. Todos iguales, aunque seamos desiguales en fundamentales. A nuestro juicio se parte de un error. No son ciertos juegos las que configuran el modo de ser a la infancia. Es, por el contrario, ha manera de ser del niño y de la niña lo que determina en ambos algunos juegos específicos.

a niña no es feliz con las muñecas ni se inclina por ellas porque la sociedad se lo imponga, sino a traves: es la niña, con su peculiar constitución humana, quien tiene referencias por esos juguetes. Es su "ser" niña quien lo necesita y exige. Rodeada de muñecas, una niña vive en su fantasía un mundo real adscrito a su destino. Nadie se lo ha enseñado, nadie le ha iniado a esos gustos, pero hay en una lucecita que la lleva como de la mano hacia el futuro a través de sus juegos. Se puede argüir que tambien hay niños que juegan un mayorcitos con las muñecas suelen ser casos tristemente excepcionales.

En esta materia, gentes medias y aún menos que medias creen resolver la supuesta igualdad de los sexos iniciándoles a niños y niñas en las mismas costumbres y gustos y trajes y diversiones. En una palabra, en formas de vida indiferenciadas. La gente escucha televisión, no siempre informada, y con eso se creen informados. Como hoy son pocas las personas que tienen la honrada decisión de ir en contra de la corriente, casi nadie les avisa ni intenta persuadirles de que somos especialmente desiguales en aquello que la Naturaleza asi lo ha ordenado. Y desiguales tenemos que ser en todo lo que tenga su raíz en esas diferencias. Hasta ahora, y esto es evidente, la mujer no ha tenido acceso a ciertas actividades, no por falta de capacidad, sino por falta de capacidad en la sociedad para comprender que le sobra capacidad. En este aspecto el hombre ha sacado conclusiones egoístas e injustas de algunas diferencias femeninas que en modo alguno podía ser premisas de ciertas diferencias sociales respecto a la misión de la mujer. Entre uno y otro extremo está el medio justo. La mujer sirve para mucho más de lo que e! hombre ha creído durante siglos; pero no sirve de la misma manera que el hombre para ciertas actividades.

De idéntico modo, el varón no tiene determinadas Virtudes tan relevantes como la mujer. Sería de desear que acabaran las disputas sobre la superioridad e inferioridad de ambos. Ambos tienen cualidades de que carece el otro. Son seres diferentes en muchas cosas y nada más. A una mujer «torera» la cogió un torillo y la pobre lanzaba unos gritos conmovedores. Gritos puramente femeninos.

La mujer tiene las mismas cualidades intelectuales que el hombre. En una clase donde, haya igual número de alumnas es lo probable que predominen ellas en cuanto rendimiento. Sin embargo, con el pretexto de eliminar «prejuicios» y diferencias «artificiales», se ha llegado a veces a situaciones extravagantes en que la mujer no es enteramente mujer ni el hombre enteramente hombre. No es corriente, pero sobran excepciones. Una buena educación debe lograr lo contrario. Marañón escribe sobre el tema: «Hacer muy hombres a los hombres y muy mujeres a las mujeres. En esto estribará la liberación de éstas y sobre este eje ha de construirse el programa del feminismo verdadero.» En su fuero interno la mujer se siente, por regla general, inferior al hombre no siendo inferior. Sólo es distinto. ¿Por qué la abogada se llama «abogado» en vez de llamarse abogada, que es lo correcto? Y la médica, ¿por qué rio se llama médica" y no médico, que es, asimismo, lo indicado? Sería interesante que una mujer inteligente nos explicara la raíz de estas extravagancias. Se vería entonces que es por sentirse en cierta forma inferior al hombre. Por esto le imita, por esto falsea incluso su denominación específica en honor de una denominación masculina. «La médico», «la abogado», «la ingeniero», son expresiones un poco bárbaras e implican renuncias voluntarias que la mujer hace en Favor del hombre. Cuando llegó a España de su exilio doña Victoria Kent respondió a una pregunta: «Antes que feminista soy femenina». Y doña Carmen Conde contestó a un señor que en televisión le llamó «académico»: «Académico, no; académica». ¿Es que lo humano femenino no tiene méritos propios y personalidad propia? No precisan muchas mujeres que los hombres desdeñen sus capacidades: son ellas mismas quienes se desdeñan. Ratifiqúese la mujer como mujer y con más energía cuanto más preterida se sienta. Cierto que en algunas disciplinas sobresalen con menos frecuencia que los hombres; pero no es por falta de aptitudes. Ocurre que entre éstas y el destino adscrito a ellas se interpone su condición de mujer. Para demostrarlo están media- docena de premios Nobel.

Por Medardo MUÑIZ

 

< Volver