Autor: Luca de Tena, Cayetano. 
   Lo que cuenta la gente     
 
 ABC.    07/05/1982.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

VIERNES 7-5-82

Por las ocho provincias

Lo que cuenta la gente

No es fácil que la gente le cuente a uno, así, de repente, lo que piensa de la autonomía, del Estatuto y de la

próxima consulta electoral. La mayoría se disculpa diciendo que no sabe, que no entiende de política, que

no le preocupan «esas cosas». El cronista empieza a respirar un clima de escepticismo, de desconfianza,

un desencanto colectivo. Este hombre, preguntado en medio de la calle, contesta rotundamente que no

votará. «¿Pa qué?. Ca uno que viene lo hase peó que el que se fue. Ninguno arregla na.»

El cronista habla, en el soleado mediodía de Sanlúcar, con esos hombres que forman grupo a la puerta de

las tabernas, con los que se sientan en las terrazas de los cafés bajo los toldos que ya se agradecen, con las

mujeres que compran en las tiendas. El diálogo, que se abre fácil y naturalmente, con ese agrado propio

del pueblo andaluz, se bloquea en cuanto uno plantea las preguntas directas e inevitables. De vez en

cuando, alguien se afranca sin reparos. Esta mujer, por ejemplo, ni joven ni vieja, ni rica ni pobre, sor-

prendida a la puerta de la droguería: «Yo voy a vota er voto der miedo. Sí, señó, porque si no, pueden

ganar los socialistas. Y a esos yo no tos quiero.» O como este hombre que dice que tiene setenta y un

años, aunque está fuerte, saludable y con todo su cabello: «Aquí mucha gente puede vota a Fraga. Sí,

señó, habé si e capá de arregla las cosas. Que están mu malamente.»

Otros no son tan claros. Me digan o no me digan la verdad se muestran incrédulos ante las promesas, sin

cumplir tantas veces; convencidos de la inutilidad de una participación que no va a cambiar nada. Esta

actitud negativa, triste, indiferente, ha sido la muralla contra la que me he estrellado muchas veces. Otra

constante de la pesquisa ha sido la ausencia total de separatismo en Andalucía. Este pueblo sabio, viejo,

filosófico, está por encima de ciertas posturas de independencia. «Adema yo creo —me dice un hombre

simpático, con canas en las sienes— que si nosotros nos separáramos de España, España se quedaría sin

la imagen que nosotros le dimos. Cuando en el extranjero hablan de España, piensan en Andalucía.

Tendrían que cambiar todos los carteles de propaganda del turismo.»

Un pequeño empresario de Jerez cierra la lista de opiniones. «Yo le doy trabajo a ciento quince personas.

A final de mes me veo negro para pagar la nómina. Estoy en pie desde las siete de la mañana y trabajó ca-

torce o dieciséis horas. Así no se puede seguir. Esto tiene que cambiar. Me han subido los impuestos

municipales hasta una cifra absurda. Se mata uno para no sacar nada en limpio. Y luego, el terrorismo, los

atracos, los tirones de bolsos... Cogen a uno y resulta que había cometido oíros cinco robos en lo que va

de año.

¿Pero entonces, cómo estaba en la calle?

El cronista comprueba que sin buscarlo, en Sanlúcar, en Jerez, en Chipiona, la jornada le ha resultado con

un fuerte matiz conservador. Tal vez los que piensan lo contrario no han querido decírselo. Mañana

tendrá que buscar la otra cara de la moneda. Que existe, por supuesto.—Cayetano LUGA DE TENA.

 

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