Autor: Dávila, Carlos. 
 Calvo-Sotelo recibió al ex presidente en la Moncloa. 
 Adolfo Suárez no intervendrá en la campaña de Andalucía     
 
 ABC.    07/05/1982.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

NACIONAL

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Calvo-Sotelo recibió al ex presidente en la Moncloa

Adolfo Suárez no intervendrá en la campaña de Andalucía

MADRID (Carlos Dávila). De nuevo Calvo-Sotelo y Adolfo Suárez se volvieron a ver. El tema central de

la reunión —aunque se disimule con el eufemismo político de los «temas de Estado»— era la campaña de

Andalucía; campaña en la que Suárez no quiere participar porque duda de las posibilidades reales de

UCD en conseguir un resultado siquiera «presentable». Calvo-Soteto no ha podido convencer a su

predecesor para que colabore con su presencia en el objetivo centrista de «salvar el tipo» en las elecciones

del próximo día 23. También, la presidenta de la UCD regional, Soledad Becerril, ha intervenido, pero

con similar resultado: Suárez no tiene la menor intención de modificar su decisión. A pesar de que en

Andalucía se le espera y que alguno de los candidatos de UCD —entre ellos, Luis Merino— piensa que el

ex presidente es capaz de arañar algunos votos para el partido.

Calvo-Sotelo, por su parte, vuelve a la campaña el martes. En Almería, donde el partido no ha logrado

reponerse todavía del fracaso en las elecciones parciales al Senado, volverá a mezclarse directamente con-

las gentes en un afán de recoger el mayor número posible de apoyos. Lo que más impresiona en estos

momentos —no sé si las próximas encuestas confirmarán esta apreciación subjetiva— es el nivel de

abstención alto, altísimo, que se observa entre los potenciales votantes. Los andaluces —por decirlo de

forma gráfica y actual— «pasan», por ahora, de elecciones. ¿A quién perjudica esta especie de

agnosticismo político? A mi parecer, a los partidos de centro y de derecha. Por eso su interés en movilizar

las conciencias de los ciudadanos. Veremos si lo consiguen. Alianza Popular, cuyo papel sube más de lo

que desearían los centristas, encuentran, sin embargo, dificultades notables para formar las listas de sus

interventores, personajes claves en el buen funcionamiento de las mesas electorales. UCD se ha

adelantado —eso es cierto—, y como el PSOE ya ha completado, casi totalmente, la relación de

colaboradores voluntarios o no (en la campaña se paga todo) que se sentarán como representantes de los

partidos alrededor de las urnas. Los enfrentamientos han aparecido a los pocos días del comienzo de la

campaña. UCD ha sufrido agresiones en Granada y ha lanzado una nota en la que acusa a los socialistas

no sólo de «reventar» actos, sino, lisa y llanamente, de agredir a sus militantes. No creo, personalmente,

que esto haya sido así, aunque es cierto que en el «guirigay» que se organizó a la salida de un mitin de

UCD participó —no se sabe en calidad de qué— algún conocido socialista granadino.

En cualquier caso la campaña se ha vuelto más agresiva. A ello ha contribuido la salida a la palestra

electoral de los candidatos más batalladores: los «peseas» de Rojas Marcos, el diputado en Madrid que al

final ha tenido que colocarse en un discreto segundo puesto en la lista de Sevilla, para salvar la cara al

alcalde sevillano, Uruñuela, al que una buena parte de los ciudadanos de la capital achacan de ineficacia

sin límite. Uruñuela es conocido por «el débil» en los círculos políticos, naturalmente ajenos a su partido,

pero no parece tampoco que sus propios correligionarios sean fanáticos de su liderazgo de ocasión. El

Partido Socialista Andaluz se encuentra en estas elecciones en clara desventaja: no tiene dinero en contra

de los que le sucedió en anteriores consultas, cuando desde Madrid se reforzó económicamente la opción

andalucista, simplemente para restar votos al partido de Felipe González. Hoy no ocurre así y Rojas

Marcos se queja, con razón, de sus carencias financieras.

Otros partidos lo tenían preparado hace tiempo. Luis Merino, el candidato de UCD a la presidencia de la

Junta, ha acusado, no obstante, a Escuredo de retrasarse aún más que el PSA. Tres años No es para tanto.

UCD aprovecha cualquier ocasión para complicar la campaña a los socialistas y fundamentalmente a

Escuredo y Guerra. El primero responde con un desdén que es, a mi juicio, su mejor táctica para no verse

involucrado en polémicas ni debates de los que no obtendría beneficio alguno. El PSOE, por ello, no

quiere ni tiene intención alguna de confrontar programas. Claro está que más que programas los

socialistas han propuesto una serie de medidas, útiles para resolver, para «levantar» —dicen ellos—

Andalucía. El número no es casual: 151 es, precisamente, el del artículo de la Constitución que fue la

clave del desmoronamiento centrista en aquel referéndum de «reconducción» en el que Andalucía dijo no

al camino lento hacia la autonomía. En campaña, pues, todo tiene su significado.

 

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