Autor: Gutiérrez, José Luis. 
   La sorpresa andaluza     
 
 Diario 16.    24/05/1982.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

OPINIÓN

24-mayo-82/Diario 16

JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ

La sorpresa andaluza

Numerosos accidentes se han conciliado en Andalucía para producir los conocidos resultados electorales,

entre los que destaca, por su inesperada espectacularidad, el estrepitoso crecimiento del voto a Fraga

Iribarne.

Alguien decía, en pleno frenesí electoral de la campaña andaluza, que en las elecciones iba a haber «mu-

chas sorpresas». Asimismo, el dirigente aliancista Manuel Fraga se pronunciaba por las mismas fechas

con su acostumbrada contundencia: «Las encuestas no sirven de nada.» Los resultados de las elecciones

andaluzas, con el espectacular «landslide» socialista; el aún más espectacular -por lo inesperado-

crecimiento de Alianza Popular, y el hundimiento de Alejandro Rojas Marcos y sus pares de calvario

andalucista; el descenso de UCD a cotas de peligrosa insignificancia -casi la mitad de los votos obtenidos

en las elecciones generales de 1979-, han probado lo ajustado de ambas profecías, tan premonitorias como

raramente certeras.

Participación alta

La participación, superior al 60 por 100, puede calificarse de muy estimable -superior a las de las na-

cionalidades históricas —, a pesar del poderoso reclamo de las sirenas de la costa, que empujaban a los

andaluces hacia sus aguas en alivio de la «caló», asfixiante e imprevista en numerosos puntos de

Andalucía. Si los rigores climatológicos no hubieran hecho acto de presencia —junto a los desórdenes del

censo-, la participación electoral aun hubiera estado más en consonancia con el altísimo índice de

politización que ha vivido Andalucía, muy superior al clima de las elecciones del 77 y 79. ~

La gran sorpresa ha sido, ya es un tópico escribirlo a estas alturas, el apabullante aumento de las fuerzas

de Fraga Iribarne, que de tener un solo alcalde ha pasado a tener 17 escaños en el Parlamento andaluz.

Los estrategas centristas habían previsto sus líneas de defensa en campaña, dirigidas hacia tres frentes, de

donde podían proceder los «tres mordiscos» al pastel electoral obtenido en 1979: el trasvase de voto al

PSOE, las fugas hacia el PSA y el corrimiento de una zona del electorado hacia las filas aliancistas. Los

disenos preelectorales de UCD dirigieron las mayores energías para contrarrestar la pujanza socialista. Se

equivocaron. La actitud centrista de ignorar a Fraga y establecer artificialmente el combate entre el PSOE

y sus propias fuerzas se ha patentizado como errónea. Alianza Popular, con una estrategia preelectoral

muy similar a la puesta en marcha en Galicia, llegó a alarmar a los dirigentes centristas en los últimos

tramos de la campaña, cuando las encuestas, que periódicamente recababa el Gobierno, reflejaban

alarmantemente este deslizamiento en las zonas más peligrosas: al igual que en Galicia, Fraga - porque

hay que hablar de Fraga y su mercurial arrastre personal- conseguía crecientes segmentos de voto urbano,

de status socio-económico medio y medio alto -abogados, médicos, profesionales libérales-, voto seguro,

hasta entonces, de los centristas.

PSA_

El voto socialista -a pesar de que en los últimos sondeos la UCD recuperaba poco más de un punto — no

pudo ser contenido y los vaticinios de mayoría absoluta -las causas serán motivo de análisis aparte- se han

cumplido. Los hombres del PSA han recogido los frutos -muy preocupantes para ellos- de dos

masteodónticas equivocaciones: la vaguedad de una campaña y su opción por la vía del artículo 144 -que,

en la práctica, era similar a la del 151, pero imposible de codificar en un mensaje simple y digestivo-. La

memoria histórica del pueblo andaluz ha funcionado: el alineamiento del PSA con las tesis del Gobierno

«pim-pam-pum» de aquellos meses ha traído estos lodos. El educado abertzalismo andalucista de ese

inteligente líder que es Rafael Escuredo, robándole el mensaje nacionalista a Rojas Marcos, ha hecho el

resto.

El PCA, por su parte, ha obtenido la respuesta lógica a su dolorosa crisis interna, a la multitudinaria fuga

de cuadros, dirigentes y militantes comunistas.

Finalmente, no resisto la tentación de referirme a una especie estremecedora que estos días ha circulado

por mis actuales dominios, esto es, el Servicio Geográfico del Ejército, donde se ve la causa 2/81 contra

los encausados en el intento de golpe de Estado del 23 de febrero. Se habla de «sentencias comprensivas»,

teóricamente relacionadas con un virtual -y ya confirmado- resultado arrollador del Partido Socialista. La

especie, que a pesar de proceder de fuentes óptimas, podría pertenecer a esa viscosa selva de enredaderas

y lianas intoxicado-ras que a diario sufrimos en Campamento, no deja de resultar inquietante.

Habrá que observar ahora los ecos que Andalucía tendrá en Arlaban y Moncloa. Se presumen ensor-

decedores..

 

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