Lo que se decide en Andalucía     
 
 ABC.    21/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

VIERNES 21-5-82

OPINIÓN

Lo que se decide en Andalucía

El incuestionable alcance de las elecciones andaluzas se deriva no sólo de su amplio marco, que abarca

todo el sur de España, sino también del carácter experimental de estos comicios, como plataforma de los

partidos para su lanzamiento hacia las próximas elecciones generales. Este hecho reviste de mayor

gravedad la obligación, aunque no sea exigible, de votar. Participar con el voto en unas elecciones es

derecho político indiscutible de cada ciudadano. Pero solamente es una obligación moral. Cabe, pues, la

abstención. Ahora bien, hay circunstancias en las cuales no votar es una actitud rechazable. La

democracia en la que creemos, en la que estamos empeñados, jamás tendrá un cimiento sólido si se

construye sobre porcentajes de abstención que se aproximan a los porcentajes de votos emitidos. Por ello

nuestra primera propuesta es exhortación al electorado para que se movilice, el próximo 23 de mayo, y

ejerza con absoluta libertad su derecho al voto. Se ha repetido, no sabemos si por ignorancia o

tendenciosidad, que existen países democráticos como los Estados Unidos donde el porcentaje de absten-

ción, en algunas elecciones presidenciales, ha superado el 40 por 1OO. Es un argumento vano. En

Estados Unidos la consolidación de las instituciones, el acuerdo social, el grado de integración de los

ciudadanos en el sistema son de tal naturaleza que permiten la pasividad de un alto porcentaje de

electores. Es una muestra de seguridad. Pero en España sucede lo contrario: la fragilidad del sistema hace

que en una elección como la andaluza cobre significado el hecho mismo de votar.

La novedad más visible de la campaña es, sin duda, la aparición de los empresarios como fuerza activa en

la liza electoral. Presencia inusual en las democracias europeas, pero perfectamente legal. La Constitución

no da el monopolio de la libertad de opinar a los partidos políticos, del mismo modo que no limita la

libertad de expresión a la Prensa o a los demás medios de comunicación. Los empresarios, al entrar como

actores con voz propia en la batalla, demuestran que no confían en algunos de los grandes partidos

llamados a defender el modelo de sociedad basado en la libre iniciativa. Hay un segundo factor de interés:

la emergencia de una nueva y extensísima clase empresarial (quizá más de un millón de patronos) en la

que la producción y la creación de riqueza se imponen sobre una vieja y reducida clase de empresarios

que fundan su poder en el capital financiero. Este fenómeno constituye uno de los procesos determinantes

de la modernización del Estado y debe ser observado con la mayor atención. Cualesquiera de las opciones

políticas que concurren a las elecciones andaluzas es válida, desde luego. Cualquier voto es más valioso,

más responsable, más eficaz que no votar. Hay, sin embargo, partidos hacia los cuales, en atención a los

intereses colectivos, parece en nuestra opinión que deberían decantarse, en términos razonables, los votos

de los más. La mayoría de los votos. Son los partidos, en primer lugar, cuyo triunfo ayudaría a consolidar,

en nuestro país, una democracia al modo de las democracias industriales de Occidente, basadas en la

auténtica división de poderes y en la competencia abierta, y sin coacciones de los diversos partidos.

En segundo lugar, se trata de las opciones políticas que defienden abiertamente el modelo de economía de

mercado para la organización de las actividades productivas y distributivas. Las libertades económicas

son inseparables de las libertades políticas. Desde este ángulo, el gran reto que entrañan las elecciones

andaluzas está en los programas económicos. Y aquí hay que reconocer que la oferta socialista no ha

salido de los términos de ambigüedad que la han caracterizado a lo largo de los últimos meses. El grave

mal del socialismo español radica precisamente ahí: en que quiere ser a un tiempo burgués y proletario,

nacionalizador y empresarial, marxista y moderado. El elector medio recela de tanta ubicuidad, para

muchos oportunista, y el daño producido no revierte únicamente sobre el socialismo, sino que cae sobre el

entero sistema democrático. El PSOE ha acusado al Gobierno de electoralismo al aprobar las últimas

medidas de ayuda a regiones deprimidas. Pero esta acusación no va acompañada de un programa de

acciones inmediatas o a medio plazo para impulsar el crecimiento de Andalucía, frenar la escalada del

desempleo y buscar un mayor equilibrio en la orientación de las inversiones. En sus intervenciones, los

líderes se limitan a poner de relieve las caras negativas que hoy ofrece la economía andaluza, culpando al

Gobierno centrista de Madrid de abandono, pero sin ofrecer soluciones de recambio para males que es

preciso combatir con armas más eficaces que los discursos. Finalmente, aunque sea igual para todos los

partidos el punto de despegue, el arranque desde la Constitución, no todos avanzan hacia el mismo hori-

zonte político. Y los votantes también deben tener en cuenta quiénes serán en el futuro, en el inmediato y

en el más alejado, los que aseguren con mayor credibilidad él mantenimiento de las instituciones que

constituyen la cúpula y el fundamento de nuestro sistema político.

 

< Volver