Autor: Dávila, Carlos. 
   Hoy cambia Andalucía     
 
 ABC.    23/05/1982.  Página: 33. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

DOMINGO 23-5-82

NACIONAL

ABC/33

Crónica del domingo

Hoy cambia Andalucía

Por Carlos DAVILA

El Pali, un cantaor flamenco que dedica sus coplas exclusivamente a Sevilla, hizo el viernes su agosto. El

hombre tuvo que correr desde (a plaza de la Encarnación hasta el prado de San Sebastián, porque, al

menos sobre el papel, actuaba a la misma hora en los dos lugares. En la plaza, entreteniendo a los

simpatizantes del Partido Socialista Andaluz; en el prado, a los de Alianza Popular. El Pali, un profesional

de los mejores, no quiere saber nada de política, pero si se le pregunta, enseña en la cadena de oro de su

reloj la bandera española y dice: «Yo soy de Fuerza Nueva.» El arte y los negocios son así de paradójicos.

El folclor, a pesar de muchos andaluces, ha dominado las últimas horas de la campaña electoral. Queda

dicho esto en una tierra que, personalmente, no me parece que esté para estos gozos, a pesar de que el

ministro de Trabajo, Rodríguez Miranda, haya afirmado en público que está descendiendo el paro. El

ministro, que sembró el desconcierto y la preocupación en algunos dirigentes de ÚCD cuando dijo

aquello de «que aprendan a bajarse del coche oficial», se ha ganado aquí simpatías sólo por una razón:

actuar en democracia. El jueves, Rodríguez Miranda se encontró en Bornos con el local en que iba a

pronunciar su mitin totalmente ocupado por militantes del Sindicato Obrero del Campo. Rodríguez

Miranda pidió un megáfono y salió a la puerta; desde allí lanzó sus mensajes. Los hombres del cura

Diamantino se quedaron pegados en sus sillas.

El cura Diamantino es un radical que hoy no irá a votar. Todos los partidos le parecen demasiado

«burgueses». Quizá, por lo visto y oído en campaña, tenga razón. Sobre todo, por lo oído, porque no

recuerdo un mayor protagonismo de la radio desde que en España empezó la democracia. En Andalucía,

durante veinte días, no ha sido posible escuchar una canción que no fuera una copla electoral (por cierto,

que la de Alianza Popular tenía aires de jota, que conozco bien el tono). Tampoco un mensaje sin política

por medio, ni siquiera un anuncio de relojes, pongamos por ejemplo: todo, el 23 de mayo y elecciones.

Tengo para mí que los andaluces han terminado hartos, aunque los partidos han hecho muy bien en

utilizar las ondas para convencer a sus electores. Este es el medio andaluz por excelencia, la prueba es

que la región cuenta quizá con más emisoras que ninguna otra de España.

DEL MIEDO A LA TRAGEDIA

La acusación de «burgueses» emitida por Diamantino García tiene sólo un punto de razón. Y es que en

Andalucía se ha luchado ferozmente por la moderación; solo el PCE se ha vuelto radical de pronto, quizá

para recuperar una clientela, que en los últimos años ha abandonado a la gerontocracia del partido. Era en

cierto sentido penoso contemplar los carteles comunistas sin las figuras destacadas, sobre todo de Carrillo

y Dolores Ibárruri. El PSOE, por su parte (y lo confesó con claridad Felipe González el penúltimo día de

campaña), se ha acercado al centro. Ahí, desde luego, están los votos que, a lo peor, ha perdido

definitivamente UCD. Por la derecha y por la izquierda. En cualquier caso ésta me parece la campaña

mejor construida del partido de Calvo-Sotelo. Otra es que tenga éxito esta noche. A Suárez se le ha

llamado en Andalucía «el ausente». Con toda seguridad, algunos de los que más han lamentado su falta se

hubieran llevado un susto dé muerte si el ex presidente se llega a bajar por Andalucía. Curiosamente han

sido socialistas y comunistas los que más han citado al duque; al parecer, ahora, sujeto de virtudes

políticas sin fin, estadista como no ha habido otro y apostante del progreso absoluto. Si este país no

tuviera una mínima memoria histórica se preguntaría por qué ha cambiado la izquierda de opinión. ¿Es

que ya no recuerdan las acusaciones, diatribas, e incluso insultos, de la moción de censura o el voto de

confianza? ¿Qué ha pasado, pues, para que Adolfo Suárez sea otra vez el deseado? Si es que lo es.

Desde luego, después de Andalucía —ya mañana— nada será igual. Entramos en las nuevas elecciones

generales. Los más apegados al proyecto político de Adolfo Suárez me han dicho en Andalucía que UCD

ganó las anteriores gracias a dos factores fundamentales: |as encuestas de última hora y la intervención del

presidente en televisión. Es decir, el miedo y la imagen. El miedo también se ha utilizado aquí como arma

arrojadiza. Acepto, desde luego, que en campaña cualquier procedimiento medianamente honesto deba

ser de recibo, pero ¿lo es a estas alturas, como supremo argumento político, usar un método tan primitivo

y tan agobiante? El miedo, además, hay que saber dosificarlo, y en Andalucía las gentes tienen el cuerpo

cicatrizado por mil experiencias históricas. Es difícil, por tanto, que se hayan sentido conmovidas por

tanto terror. Están curadas de espanto. A mayor abundamiento, el nivel de tragedia planteado no ha sido

suficiente, y ésta será para mí una de las principales causas de la derrota de los partidos de centro y

derecha, si tal fracaso se produce. ,O el miedo hace efecto o produce una cierta hilaridad. El

entendimiento entre el centro y la derecha puede resultar inevitable tras estas elecciones, pero no será

nada fácil. Lo de menos es que UCD y Alianza Popular se hayan lanzado en la campaña denuestos

interminables; lo de más es que, por ahora, los talantes son distintos y el proyecto final distante. A mi jui-

cio, lo que mejor cabría hacer en adelante es configurar dos posiciones políticas responsables que, tras los

próximos comicios, pudieran negociar si ello hiciera falta para ponerse al paso lento, pero seguro, del

Partido Socialista. Dada la igualdad de fuerzas, no van a caber muchas otras soluciones. Si hay sorpresa

en Andalucía, Alianza Popular —que puede superar incluso a UCD— estará en condiciones de mandar.

Hay quien sostiene que entonces el porvenir de UCD sería, sencillamente, volver a los orígenes, pero

sería sólo un disparate en esta concreta circunstancia histórica. En política mirar hacia atrás no se

perdona; los curiosos quedan convertidos en estatuas de sal. Deberá tener en cuenta esta observación

Fernando Suárez, que ha basado su participación mitinera en Andalucía en un recuerdo constante al

pasado franquista, el mismo error que cometió su partido (que entonces no lo era) en las elecciones del

77. A Verstrynge no le ha gustado nada.

MAPA Y MODELO

¿Serán éstas las elecciones en que se ha dibujado un nuevo mapa político? ¿Serán éstas

las elecciones en que, de verdad, se han enfrentado dos modelos de sociedad diferentes? Tendremos

respuesta a la primera pregunta en los próximos treinta días, porque la crisis de personalismos en UCD—

una vez más esta crisis— se ha hibernado hasta las cero hora del lunes, cuando comiencen a conocerse los

resultados más o menos oficiales. Que los suaristas quieren recuperar el poder nadie lo duda. Que pueden

hacerlo, es harina de otro costal. En cualquier caso son necesarios, pero no imprescindibles. Si UCD

pierde «suficientemente» en Andalucía habrá que recordar que también Suárez fracasó en el País Vasco,

en Cataluña, en las elecciones senatoriales de Sevilla y Almería, y hasta en Galicia, donde eran hombres

de Suárez (Rodríguez Sahagún y Rafael Calvo) los que tuvieron que apearse del poder apenas producido

el fiasco más espectacular de la historia de UCD. Nadie, por tanto, es capaz de garantizar el triunfo.

Nadie. Tampoco, claro está, los expertos en imagen de siempre, que han vuelto a Andalucía con sus

latiguillos y sus recomendaciones a los candidatos. En Sevilla ha sido noticia del corrillo, los pasados

días, el espectáculo protagonizado por un publicitario más que «achispado» que trató de vender sus

«habilidades» al centrista Luis Merino entre la vergüenza ajena de casi todos los presentes. El modelo de

sociedad ha sido la clave propagandística de las elecciones andaluzas. Yo tendría que plantear, al estilo de

la más pura ortodoxia gallega, una cuestión que considero básica: ¿Estaría en juego el modelo de sociedad

si los socialistas ganaran las próximas elecciones? Existe una garantía de principio, que sería deshonesto

obviar: la Constitución establece un modelo que nadie puede saltarse a la torera. Otra cosa muy diferente

es la interpretación que cada partido pueda hacer, según sus particulares deseos, ambiciones, estrategia o

—simplemente— ideología. Otra cosa también son las palabras y las promesas en campaña y, después, la

política que se siga cuando el poder ha llegado a las manos. La socialdemocracia a que se acogen alguno

de los principales dirigentes del PSOE (Escuredo aquí, sin disimulos, y Felipe González con ciertas

reticencias) permite —ya se sabe— cambios en la sociedad más que modificaciones sustanciales del

modelo. El ritmo es la clave. Por eso los socialistas lanzan sus mensajes en un solo sentido: «Si ganamos

—dicen— no gobernaremos solos.» En Andalucía ensayaran la experiencia con independientes. Habrá

que ver hasta qué punto lo son. El PSOE quisiera por medio un partido bisagra, por eso no hace ascos

actuales a Suárez, sentado que Fernández Ordóñez no es un compañero estable. Pero la bisagra por ahora

no existe. Que nadie, sin embargo, la descarte; sería una de las piezas que precisamente podría garantizar

el respeto público socialista al modelo de sociedad.

Hoy Andalucía decide. Son éstas unas elecciones caras, en las que el Estado va a volcar más de 300

millones de pesetas. Ha sido también una campaña distinta, en la que han aparecido en los últimos

momentos elementos indeseables que debo denunciar. El peor de todos ellos un cierto sentimiento de

incomunicación, que otros, y no yo, llamarían de insolidaridad con el resto de España. El antivasquismo

se ha abierto paso en esta región por culpa de los etarras que han diezmado con sus crímenes algún pueblo

andaluz. También algunos comportamientos políticos, como el de Escuredo, resucitando el jueves el

«agravio comparativo» con Cataluña, son claramente regresivos. A pesar de estos puntos negros, el

folclor, como decía al principio, se ha enseñoreado de la recta final de la campaña. A la fiesta se sumó

hasta el Príncipe Gitano, un anciano venerable del cante, que actuó el viernes al lado de Blas Pinar. Este

sí que estaba en su sitio.

 

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