Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   La España del siglo XX  :   
 De M. Tuñón de Lara. Editorial Laia, Barcelona, 1974 (3 volúmenes). 
 ABC.    23/01/1975.  Página: 51-52. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

A B C. JUEVES 23 DE ENERO DE 1975. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

«LA ESPAÑA DEL SIGLO XX»

De M. Tuñón de Lara

Editorial Laia. Barcelona, 1974 (3 volúmenes)

Por José María RUIZ GALLARDON

ES este un libro famoso. Apareció la primera edición en Paris en 1966 y no fue autorizada su

venta en España. Ahora, al cabo de los años, la Editorial Laia, en una no muy cuidada edición, lo

ofrece, ya sin trabas, al lector español.

Son muchas las ocasiones en que me ha referido desde las columnas de este periódico a obras que tratan,

con mayor o menor fortuna, y siempre sujeto mi criterio a discusión, de la historia española del siglo XX.

Y casi siempre he podido señalar que el propósito de sus autores es, según ellos, fundamentalmente

ayudar en la búsqueda de la verdad. Asi Tuñón de Lara lo proclamó desde la primera edición de su obra:

«Este libro ha sido elaborado y escrito con el prepósito de buscar la verdad, esto es, la adecuación de

nuestro pensamiento a los hechos y no viceversa. Se ha buscado la realidad en su fluir constante, en sus

múltiples dimensiones que se condicionan mutuamente."

Y sin embargo, ¡qué pocas veces se consigue ese objetivo! Primero, porque es imposible prescindir de la

carga personal que todo autor comporta. Segundo, porque los hechos no son siempre suficientemente

claros ni están perfectamente documentados. Tercero, porque es muy difícil, por no decir imposible, que

el engranaje entre unos hechos y otros resulte objetivo. Entonces el historiador, sobre todo el historiador

político contemporáneo, se encuentra con la tremenda dificultad de proclamar su deseo de objetividad

sabiendo que no va a resultar en muchos puntos y casos realmente objetivo. Y esa dificultad la resuelve

de muy diversas maneras: algunas de ellas, como la que utiliza Tuñón de Lara, no muy recomendables.

Porque Tuñón de Lara se deja Inclinar en demasía hacia un lado, hacia un partido si se quiere, hacia una

visión concreta que es parcial y el lo sabe—, a la que procura vestir con la alba túnica de la asepsia.

Veamos algunos ejemplos:

El tercer tomo de la obra está íntegramente dedicado al estudio de nuestra guerra civil. En él se dedica a

lo ocurrido en Toledo, desde la iniciación, el 19 de julio de 1936, hasta la liberación del Alcázar, dos

escuetos párrafos. En el primero —página 554— se dice que «en Toledo, cuya ciudad había sido

conquistada por los milicianos, se organizó un importante bastión de resistencia en el Alcázar —y

Academia de Infantería— al mando del jefe de la guarnición, coronel Moscardó. En el edificio había 150

oficiales, 160 soldados, 600 guardias civiles, id falangistas, ocho militantes de Renovación Española, 18

de Acción Popular, cinco tradicionalistas, 15 independientes... y ocho cadetes, cosa natural, pues era

época de vacaciones. En total eran 1.024 combatientes, a los que había que añadir 400 mujeres,

numerosos niños familiares de los combatientes o de familias de derechas y otras mujeres encerradas allí

contra su voluntad, consideradas como rehenes». En el segundo (págs. 588 y 589) refiere la decisión de

Franco de marchar sobre Toledo, las razones que le impulsaron a ella —según al autor— y la conquista

de la ciudad. Con estas palabras: «Toledo había caído an las primeras horas del día 28, y Vareta y

Moscardó se abrazaban sobra las ruinas del Alcázar. Al día siguiente, Franco prendía la Laureada en la

guerrera de Moscardó. Como éxito de prestigio era el mayor obtenido por los rebeldes en dos meses de

lucha, aunque los más eficaces habían sido el puente aéreo sobre el Estrecho y el corte del Pais Vasco con

Francia. La leyenda de los cadetes del Alcázar iba a ser desde entonces un inagotable venero de

propaganda. De la «limpieza» de Toledo, sobre la que no vamos a insistir, hay suficientes testimonios

capaces de estremecer a cualquiera.»

Ni una línea más. Todo lo que ocurrió en Toledo, an al Alcázar, no es para Tuñón sino una «leyenda», un

«inagotable venero de propaganda» a incomparable, objetivamente, con aaa terrible «limpieza» —de la

que no ofrece ni un solo dato— «sobre lo que no vamoa a insistir porque hay testimonios capaces de

estremecer a cualquiera». Así, sin más. Y, claro está, al lector español que se informa por este libro de lo

ocurrido en nuestra guerra civil no puede por menos que obtener una radicalmente deformada visión.

Porque si en Toledo no ocurrió más que lo que Tuñón dice, si «lo de los cadetes» fue

una leyenda, si no asesinaron al hijo de Moscardó, si no se combatió heroicamente —¡ y de qué

manera!—, si... ¡tantas cosas! Entonces, ya vale cualquier interpretación «objetiva». En una palabra:

poner en el mismo platillo al mismo nivel lo que si ocurrió y no se cuenta —el heroísmo del Alcázar— y

lo que no ocurrió y se califica —la supuesta espeluznante represión— es pura y simplemente un fraude

histórico.

Y otro tanto cabe decir del plano «pretendidamente» de igualdad de «las matanzacolectivas en el territorio

rebelde» (página 560), que para Tuñón de Lara «no excusan las que tuvieron fugar en zona republicana».

Pero ¿ha repasado de verdad la colección de impresionantes datos que cualquier biblioteca publica o

cualquier hemeroteca puede ofrecer al autor? ¿Se ha molestado no ya en contar los crímenes y asesinatos

de uno y otro lado, sino la vesania de unos y otros? ¿Es moralmente lícito y lo que es más grave

históricamente correcto, compararlos? Afortunadamente hay muchas publicaciones sobre ello. Véase, por

ejemplo, eI último libro de Ricardo de la Cierva. Véase el ya famoso del padre Montera sobre el asesinato

de clérigos y religiosos en la zona republicana. Definitivamente, asi no se puede, no se debe escribir

historia.

No es bueno, y lo tengo dicho y repetido en muchas ocasiones, resucitar el espíritu de guerra civil. Pero se

resucita sobre todo faltando a la verdad en la narración da loe hechos, que es como define nuestro Código

Penal el delito de falsedad.

 

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