Especial Diputaciones de Andalucía. Cádiz. Gervasio Hernández Palomeque, presidente de la Diputación de Cádiz. 
 Se deben potenciar las comarcas     
 
 Diario 16.    25/05/1982.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Diario 16/25-mayo-82

ESPECIAL DIPUTACIONES DE ANDALUCÍA

Gervasio Hernández Palomeque, presidente de la Diputación de Cádiz

Se deben potenciar las comarcas

Indudablemente el presidente de la Diputación de Cádiz es un hombre de un carácter conciliador. Proba-

blemente por deformación profesional tiene todos los caracteres propios de un maestro. Y hay muchos

maestros en la política, pero es probable que a ninguno se le note tanto. Cualquiera que haya ido a un

pleno de la Diputación puede confirmar lo dicho. En ningún momento habrá oído una intervención suya,

agria o dura.

— ¿Cómo se incardina la Diputación de Cádiz en la autonomía andaluza? ¿Qué papel puede desempeñar

y cuál es la labor que pueden afrontar las diputaciones en la autonomía?

— Es un tema polémico. En lo que se refiere a la Diputación Provincial de Cádiz, la cosa está muy clara.

La provincia de Cádiz es andaluza y andalucista. El 28 de febrero tuvimos la satisfacción de comprobar

que Cádiz no tenía dudas y que pasaba el listón del 50 por 100 de los votos necesarios holgadamente.

Para nosotros lo que debe quedar claro es que, si bien las diputaciones provinciales corno órganos de

gobierno de las provincias deben tener una gran autonomía, deben estar supeditadas a los intereses

básicos generales del Ente Autonómico Andaluz y sin que el hecho de la autonomía provincial sirva para

descafeinar la autonomía. Es decir, nosotros no queremos que con el pretexto de que las provincias y las

diputaciones sean autónomas, esto sirva para ser un cordón umbilical que las una al Gobierno Central en

detrimento de la unión y cooperación di-recta que deben tener con el Gobierno Andaluz del que está

formando parte y al cual deben integrarse.

— ¿Cuál es su opinión sobre la ley de Régimen Local, sistema electoral, papel de la Diputación en el

conjunto de la administración local, etc.?

— Bien, a mí en la ley de Régimen Local, en lo que respecta a la Diputación, me preocupan dos cosas.

Una, las competencias, me parece que sería nefasto que sé dieran el mismo tipo de competencias a las

juntas y a las diputaciones y evidentemente es claro que va a ser muy difícil compaginar todo eso.

Entiendo, sin embargo, que sería mucho mejor que las competencias fueran escalo-nadas, es decir,

hubiera un mínimo de competencias concretas que se refirieran a las diputaciones que será

fundamentalmente todo aquello que significa cooperación municipal y supramunicipal para la integración

de municipios en tareas comunes o en servicios comunizables o comerciables. Esas serían, entiendo, las

competencias directas y concretas que habrían de darse a las diputaciones. Y después, a partir de ahí para

arriba, las competencias generales al Ente Autonómico. Y así, estas competencias que son específicas del

Ente Autonómico, cuando quisiera delegarlas las delegaría en la Diputación para su gestión, o para su

realización. Pero dejando bien clara la titularidad de cada una de sus competencias. Otro tema que me

preocupa es el del procedimiento de elección de los diputados. Efectivamente, el procedimiento actual es

absolutamente inadecuado porque votan las hectáreas, vota el territorio, en vez de votar los habitantes.

Puede darse el caso de provincias en las que un determinado partido haya tenido muchos más votos

populares que otro y, sin embargo, tenga menos representación en el número de los diputados. Porque,

naturalmente, un concejal de un pueblo pequeñito vale muchos menos votos que un concejal de un pueblo

grande. Lo que me atrevo a preconizar es que la elección para la Diputación sea una elección directa en

que la circunscripción sea la provincia, para evitar ese contrasentido de que vote más el territorio que el

número total de habitantes.

— ¿Cómo ve el problema de la comarcalización? ¿Cómo está afrontado y qué perspectiva hay?

— Este tema lo veo bajo un doble matiz que conviene compaginar: primero, es importante que tomemos

conciencia de la existencia de comarcas peculiares que están en muchos casos, y concretamente en

esta provincia, perfectamente definidas y que tienen unos intereses específicos propios, un determinado

modo de vida, unos recursos comunes y una peculiaridad muy concreta. En esta provincia están muy

definidas las comarcas. Eso es una cosa que conviene tener en cuenta, tomar conciencia de ello para

potenciarlo, para que esa comarca tenga, efectivamente, una unión entre sus distintos municipios. Así se

potencia esa unión y se consigue consorciar una serie He servicios comunes e incluso llegar a la

mancomunidad de municipios. Lo positivo sería potenciar las comarcas, haciéndolo de tal forma que no

se dispersen y que esa potenciación no sea a costa de desunir, no ya a la provincia, sino al Ente

Autonómico Andaluz. Es bueno que se fomente el interés de las comarcas, pero sin que esto signifique

una dispersión, una desunión entre unas y otras, sino que precisamente ahí es donde está el gran papel de

la Diputación, en conseguir potenciar la comarca, potenciar su consideración como tal para facilitar los

servicios comunes dentro de las mismas y la unión de los municipios. Pero, al mismo tiempo, conseguir

que cada una de esas comarcas no se disperse, sino que se unan en aras del interés fundamentalmente de

Andalucía.

— ¿Existe una Comisión de Paro Obrero en la Diputación. Cómo se ha afrontado, dentro de las posibi-

lidades de la Diputación, este problema?

— Bueno, conviene destacar esto de dentro de sus posibilidades. La Diputación, naturalmente, no

tiene responsabilidad directa. Sin posibilidad directa de incidir en el tema del desempleo lo que podemos

hacer es indirecto. Nosotros intervenimos paliando el paro cuando nos planteamos un capital

importante de inversiones y de obras públicas que generan trabajo. En este sentido, es positivo el

hecho de que en uno de los últimos plenos aprobáramos constituirnos en organismo inversor y que nada

más aprobar nosotros esto se haya producido este decreto, por el cual la Junta de Andalucía, la

Administración Central y las Diputaciones se constituyen en Comisiones para tratar estos temas.

- ¿Puede hacer una valoración global de los tres años de gestión como presidente de la Diputación?

-En principio, yo pienso que no debe hacer una valoración positiva, en el sentido de que si yo me

atrevo a hacerla estoy haciendo una autoalabanza y no creo que ningún político deba autoalabarse. Yo

creo que es el pueblo el que debe valorar esta gestión y por eso valoramos en mucho los criterios, tanto si

coinciden como, sobre todo, si discrepan. Sí tengo que decir, sin embargo, que hemos tenido una serie de

satisfacciones en todo lo referido a sacar adelante algo que, en principio, era para mí lo más delicado: era

el equilibrio político de la Corporación. Es relativamente fácil, por lo menos es lo que más temes en un

principio, que se te vaya de las manos, políticamente, una Corporación con 27 diputados y con cuatro

partidos diferentes, con una serie de gestiones muy concretas porque hay que tratar con 42 alcaldes de la

provincia que también son de partidos diferentes. Después también estoy satisfecho, en nuestra condición

de plataforma de diálogo, con respecto a la Administración Central.

—La educación es un tema casi obsesivo en su vida, hasta el sentido del cargo también es pedagógico,

¿no?

— Claro, sí, esto es así porque, fíjese que no lo digo yo, todo el que habla de la implantación de la

democracia en España se refiere siempre a la educación como factor condicionante de una correcta

implantación. Y eso es verdad. Es decir, en la medida en que este pueblo está más educado será más

proclive a una aceptación y a una adaptación a un sistema de vida democrático. A mí me preocupa que la

educación democrática, y para la democracia y la libertad, sea una constante en todo el sistema educativo

y en toda la convivencia ciudadana.

 

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