Especial Diputaciones de Andalucía. Sevilla. Corregir los desequilibrios comarcales, objetivo prioritario. 
 La Diputación es un órgano al servicio del pueblo y de los pueblos     
 
 Diario 16.    25/05/1982.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ESPECIAL DIPUTACIONES DE ANDALUCÍA

25-mayo-82/Diario 16

SEVILLA

Corregir los desequilibrios intercomarcales, objetivo prioritario

La Diputación es un órgano al servicio del pueblo y de los pueblos

Aunque la Diputación Provincial se encuentra ubicada en un antiguo hospital sevillano, lo cierto —cifras

y realidades cantan — es que estamos ante un organismo que goza de una buena salud. La Casa-Palacio

era hasta, hace tres años una triste versión del mausoleo de Halicarnaso, un museo de muertos vivientes

animado por los cuadros donados por el Ateneo sevillano. La nueva Corporación se propuso, obviando en

el empeño las luchas interpartidistas y primando la Política con mayúscula, digifícar el significado de una

institución que flotaba entre la abulia y el sinsentido.

LA Diputación tenía el compromiso de ser por encima de todo «provincial», una Casa con las puertas

abiertas al centenar de pueblos que componen la geografía sevillana. El propósito tenía dos deri-

vaciones, inherentes a una nueva realidad democrática. Si el título octavo de la Constitución define la

exigencia irrenunciable de eliminar las diferencias interregionales en el marco del Estado de las

autonomías, la Diputación se marcó el reto de acabar con los desequilibrios intercomarcales, y en este

sentido su política presupuestaria se ha caracterizado por una actuación preferente en las llamadas zonas

de Acción Especial, algunas de ellas, como la Sierra Sur, excluidas, de dicha calificación por la Admi-

nistración Central. En segundo lugar, poca democracia existiría si los municipios elegidos por sufragio

universal continuaran diezmados por una secular carencia de infraestructuras. La Diputación ha dado un

«tirón» y ha salido de los despachos, ha hecho camino al andar y ha tenido muy presente que no hay

servicio al pueblo que valga si no se atiende a los pueblos. Políticamente, la Diputación tiene dos

máximas fundamentales: establecer el marco de una verdadera política provincial y, por otra parte,

incardinar sus esfuerzos dentro de la realidad autonómica andaluza, sin que ello suponga el estableci-

miento de contrapoderes a los organismos políticos autónomos. De hecho, Junta y Diputación de Sevilla

no sólo actúan solidariamente, sino que en un futuro no muy lejano podrían ocupar un mismo edificio, si

prosperan las tareas de restauración del hospital de las Cinco Llagas, impresionante construcción, que en

su tiempo supuso el primer intento de practicar la sanidad «extramuros», más allá de los límites marcados

por la muralla almohade. Ya hemos dicho que la Corporación Provincial sevillana quiere ser también una

institución «extramuros», no carcomida por una autosuficiencia burocrática. A ello obedece el encargo

que hace algunos meses recibió la empresa Sofemasa de establecer un marco de reestructuración

administrativa de la Diputación que adapte sus recursos personales y sus medios funcionariales a los

nuevos objetivos. De esa forma se evitará el encastillamiento, los choques entre la realidad y la

práctica y la peligrosa creación de catedrales en el desierto. La Diputación de Sevilla quiere estar en misa

y repicando. Mientras que la anterior Diputación vivía todavía administrativa, la actual pretende, aportar

su granito de arena a la modernización de la Administración. Para agilizar los conductos de comunicación

y facilitar y abaratar, con ello, la prestación de los servicios ya está en funcionamiento un Centro

Informático Provincial. Los ordenadores sustituyen de esta forma a la política de ordeno y mando.

No se puede estar «de turismo» en una tierra con tantas necesidades como Sevilla. La Diputación de

Sevilla ha tomado conciencia del patrimonio turístico que guardaba Sevilla, un patrimonio oculto y

semiclandestino. Los turistas tenían en Sevilla la posada, pero no el balneario, cuando sus atractivos

históricos, culturales y; sociológicos hacen de esta ciudad una de las más conocidas en los cinco continen-

tes. Alguien ha comparado la inmejorable situación de: Sevilla con la de otras ciudades que, como

Florencia, Chicago o Munich, sin ser capitales de nación, arrastran muchas más personas que esos centros

burocráticos de gravedad. La Diputación se ha convertido en una forja que canaliza todos los materiales

preexistentes y los transforma en hierro candente: en este sentido, no se pueden olvidar iniciativas como

la creación del Patronato Provincial de Turismo, la adquisición al Ejército del antiguo cuartel de la

Maestranza de Artillería para edificar en su solar un Palacio de Congresos o la restauración, en

colaboración con el Ayuntamiento de Sevilla, del Casino de la Exposición como sede provisional del

Festival Internacional de Cine de Sevilla. Pero no todas las actividades se reducen a estos grandes

proyectos. Aunque la Diputación de Sevilla asumiera el reto histórico de crear y potenciar una Comisión

de Cultura que ha llevado, y lleva, el cine, la música y el teatro a los pueblos, no se ha olvidado de las

llamadas necesidades «perentorias», y a este ánimo responde uno de los aspectos que más pueden

modificar el semblante socioeconómico, de la provincia sevillana: el Plan de Aguas, un ejemplo de

atender las urgencias del presente, combinadas con la atención a las previsiones del futuro.

Junto a una serie de ambiciosos proyectos hidráulicos, la Diputación ha dedicado 350 millones de su

presupuesto para un Plan Urgente de Aguas, conducente a aliviar la grave situación creada en los pueblos

tras la «plaga» de la sequía que asoló casi toda Andalucía en 1981. Los gestores de este plan sabían que

un organismo público no se puede acordar de Santa Bárbara sólo cuando truena y, por ello, a la par que en

colaboración con el Instituto Geológico Minero, se buscaban y racionalizaban nuevos pozos, se procuraba

la mejora de los abastecimientos de agua y se fomentaba la constitución de mancomunidades. La faz

comarcal del Aljarafe, atalaya geográfica que corteja desde una penillanura a la Giralda, se ha modificado

gracias a la Mancomunidad de Abastecimientos de Aguas del Aljarafe, organismo que se ha convertido

en sociedad anónima y que acaba de hacer las veces de anfitrión de una asamblea nacional de man-

comunidades celebrada en la Diputación.

 

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