Autor: LORIGA. 
   Contestación a Mingote     
 
 Informaciones.    21/12/1971.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Contestación a Mingóte

Por BERNARDINO M. HERNANDO

TNDTIL, señor Mingote, todo ín--L útil. Quiero decir que no hay manera de hacer un chiste sobre una beata que le hace una novena a la Santísima Trinidad, sin que le acusen de burlarse de la Santísima Trinidad. Como no hay manera de hacer un chiste sobre un cura sin que le acusen de anticlerical.

Aunque ya no estoy tan seguro de si esta universalización inquisitorial es algo típicamente religioso dentro del talante hispánico, o es algo típicamente hispánico que se aplica de modo especial a lo religioso.

Pruebe usted a hacer un chistecito muy particular e Inofensivo sobre «un» médico, «un» viajante de comercio o «un» catedrático de cualquierología..., y ya verá cómo se le vienen encima todos los respectivos Colegios profesionales.

Aparte de que el sentido del humor anda más bien escaso y equl-vocadlllo entre nosotros (y asi nos luce el pelo), el problema fundamental es que somos gente de jiña pieza. Y lo somos con orgullo, porque nos educaron para eso. Nos enseñaron desde las primeras letras que hay que ser monolíticos y tajantes, que las cosas y las personas son blancas o negras, frías o calientes, de derechas o de Izquierdas. Desde siempre nos han inducido a sospechar, a desconfiar y a pensar mal de toda matizacíón, de todo claroscuro, de toda perplejidad. Aquí, señor humorista, hemos codificado hasta la alegría. Y, por supuesto, hemos anatematizado la duda y la perplejidad. Descartes jamás habría podido crecer en España, y nuestro pintor por excelencia es Velázquez.. A Cervantes nunca le hemos entendido, y preferimos tomarnos a broma a don Francisco de Quevedo, Cuando alguien escribe, pinta o humoriza sobre determinados aspectos nacionales que nada tienen de agradables, se le adscribe al pelotón de los descontentos, de los cultivadores de la España negra. Y ya está. Somos simplistas, slmplificadores. un poco pétreos. SI durante siglos ha habido un predominio —por poner un ejemplo que siempre anda en el aire— de las gentes de derechas, este predominio ha pasado hasta al diccionario de la lengua. Aqui, señor Mingote, se llama «diestro» al torero y «siniestro» a las catástrofes. Estoy convencido de que rm-bera sido exactamente al revés de haber predominado «los otros»; si el diccionario lo hacen los de izquierdas, hubieran llamado «diestros» a las catástrofes.

Asi, de una pieza, sin distingos y hasta alardeando de ello («España y yo somos asi, señora»; relea usted el famoso romance del conde de Benavente y la mayor parte de las heroicidades que h e m os aprendido de nuestros mayores...), los españoles hemos llegado al cristianismo con idénticas ínfulas raciales. Relnventamos la Inquisición y fuimos muy brillantes en el Concillo Tridentino. No así en el Vaticano II.

De todas las frases del Evangelio; la que más nos gusta es la de... «el que no está conmigo, está contra mi». No aeraos logrado entender nunca, en cambio, la tan matizada de... «dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Servidor —¡inocente y pobre de mí!—, que más de una vez ha criticado determinados aspectos de la Santa Madre Iglesia, ha sido acusado, nada más y nada menos, que de «despellejador de la Iglesia» —no me lo Invento, señor Mingóte—. Señores conozco, creyentes si Jos hay y amadores de la Iglesia, que son Insistentemente acusados de pertenecer a 2as filas de Satanás, al pelotón de los terribles enemigos, por la sencilla razón de que... piensan de.otra manera que los Inquisidores de turno. Mientras tanto, «los otros» acusan de »blan-dos y contemporizadores»...

¿Y quiere usted publicar un chiste sobre una beata Que...? No lo haga, señor Mingóte, Lo peor no es que unos le acusen de hereje, sino que otros le acusarán de «mojigato» porque el chiste no será

suficientemente fuerte.

Un extranjero en visita por el país quiso enterarse de por dónde iban los vientos de la Iglesia en España. Hamo con un cura de sotana y dulleta que le aseguró que «en España, la tan cacareada renovación es cosa de cuatro locatis». Habló con un cura, en mangas de camisa que dijo absolutamente seguro: «Los conservadores son un par de canónigos medievales que ni pinchan ni cortan.»

Nuestra tragedia ea que jamás damos gusto a nadie. Su propia perplejidad, señor Mingóte, que es signo de talento, de matizacíón, de finura y calidad, le condena Irremediablemente. Aquí hay que ser un poco «brutos» y de una pieza para llevarse el gato al agua. Sabe usted mejor que yo que, al fin y al caoo, ahí está el origen del machismo español. Pues en lo religioso hay también un machismo que merecería la pena estudiar detenidamente, que ya nos ha traído más de un disgusto y que —¡ojalá me equivoque!— va a seguir llevándonos por la calle de la amargura. En fin, señor Mingóte, me gustaría mucho ver ese chiste sobre la beata, aunque no me atrevería a aconsejarle que lo publicara. Seguro que el cardenal de Madrid no le excomulgará, pero recibiría usted la excomunión airada de los mil cardenales frustrados y «santos» improvisados del país. «Ya, ya sabe usted que aqui sigue habiendo mucha gente de «excomunión diaria», y no es mía la gracia.)

(Bueno, ¿no será la mejor demostración de nuestro tremendo monolitismo este mismo articulo, en el que, so capa de matizad" pluralismo y delicada amplitud, quizá no he hecho otra cosa que generalizar, simplificar...? Ay, señor Mingóte, a veces, perplejo también que es uno, pero sin mucho talento, a veces uno piensa que... lo más seguro es que quién sabe. Y no faltará alguien que le acuse de...)

Le envió esta contestación, que usted no me ha pedido, y la hago con respeto y afecto.

 

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