Ha ganado el Marxismo     
 
 El Alcázar.    24/05/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

HA GANADO EL MARXISMO

EL resultado de las elecciones en Andalucía no tiene vuelta de hoja: el marxismo ha triunfado con

holgura. Podrán sentir algunos sectores la tentación de excusarse, sugiriendo que ha perdido UCD o que

ha mejorado AP sus posiciones. Pero sería necia cualquier evaluación interesada de este tipo. Debe

aceptarse la realidad con toda crudeza, aunque más adelante, con las cifras absolutas en la mano, puedan

y deban hacerse las convenientes matiza-ciones, cuyo interés radicará apenas en la deducción de por qué

un gran sector de los andaluces ha dado la espalda a las urnas y otro, también abultado, fue hasta ellas

para dar su voto al marxismo. Esta noche, con los porcentajes del escrutinio todavía calientes, debemos

admitir sin paliativos que en Andalucía ha triunfado el marxismo. De cara al futuro y al acontecer político

de España es lo que cuenta.

TAMPOCO debemos llamarmos a engaño sobre la naturaleza objetiva del triunfo marxista. No caben

interpretaciones encubridoras sobre el éxito de un presunto socialismo moderado. Quienes han seguido de

cerca la campaña electoral del PSOE, sin dejarse seducir por la acción de cobertura realizada fuera de

Andalucía, saben de sobra que una radical demagogia de corte marxista ha presidido la campaña del

PSOE, sobre todo en las zonas donde la depresión económica y social es más aguda. El PSOE ha

invadido espacios tradicionales del PCE porque ha evidenciado ante el elector radicalizado de izquierda

superior identidad marxista que los propios candidatos comunistas. El gobierno de la nacionalidad

andaluza, con o sin comunistas, aunque apostaríamos que se seguirá el modelo francés, será un gobierno

marxista, necesariamente más fiel a su rostro inalterable, el de la ortodoxia revolucionaria de Alfonso

Guerra, que a la máscara convencional exhibida por Felipe González en las plataformas desinformadoras

y en los despachos del poder económico. Lo habíamos anticipado reiteradamente y los hechos nos dan

ahora la razón. No nos complace haber acertado. Pero hoy, como siempre, hemos de ser rigurosos y

veraces.

En Andalucía no sólo ha triunfado el marxismo. Ha vencido el marxismo en clave autonómica. En

concreto: las elecciones han consolidado en Andalucía el sesgo secesionista sobre el que está construido

el Estado de las autonomías. El marxismo ha exhibido junto a las promesas del más tradicional corte

revolucionario —el reparto de las tierras entre ellas— la convicción que éstas sólo podrán ser satisfechas

en el ámbito de la autonomía. No hay vocación nacionalista alguna en el pueblo de Andalucía. Pero el

señuelo de Vascongadas y Cataluña se ha exhibido con habilidad. Si Vascongadas y Cataluña, acuñadas

en la memoria del pueblo como las regiones de mayor prosperidad de España, han conseguido privilegios

sin cuento desde la presión secesionista, se ha hecho creer a los andaluces que sólo saldrán de su

depresión y conseguirán la ayuda del poder central convirtiéndose en nacionalidad. El despavorido

énfasis de UCD en volcar sobre Andalucía durante la campaña electoral lo que correspondía en una

normal acción de Gobierno —obras públicas, ayuda a la agricultura, puesta al día de los pagos, etcétera—

terminó por convencer a los andaluces de la importancia de la presión autonómica. El definitivo hundi-

miento del PSA es confirmación indirecta de este fenómeno de consecuencias incalculables. El

nacionalismo del PSA era a los ojos del pueblo un nacionalismo de ricos, sin credibilidad social alguna.

El PSOE, por el contrario, ofrecía autonomismo y revolución conjuntamente. El triunfo marxista en

Andalucía consolida el Estado de las autonomías en su versión más extrema. No es casual que ETA haya

anunciado, en coincidencia con las elecciones de Andalucía, cuyos resultados tenían tan seguros como

nosotros, el comienzo de la guerra abierta contra España. El plazo puesto al Gobierno para que accediera

a sus desmesuradas peticiones expiraba el día 14. El terrorismo rojo ha aguardado el tiempo que le

aconsejaba una fría táctica política. Ha punteado con algunos atentados a los que desgraciadamente ha

sido habituado el pueblo español. Acciones de mayor empeño habrían podido dificultar el triunfo

marxista en estas elecciones. ETA ha jugado la carta del éxito electoral marxista. Con una realidad

secesionista en Cataluña más avanzada aún que la vascongada, aunque más solapada, con casi todas las

cartas en la mano en Vascongadas, con un poder marxista en Asturias, con la certeza de inminentes

conmociones revolucionarias en la autonomía andaluza y con la autoridad política de UCD totalmente

desmantelada, el terrorismo rojo se encuentra en condiciones óptimas para la definitiva escalada en

preparación desde hace mucho tiempo. La estrategia secesionista, cuya naturaleza socialcomunista ha

sido siempre inequívoca, se encuentra tras el triunfo andaluz del PSOE en la coyuntura crítica para su

definitiva consolidación. La UCD ha sufrido el descalabro que en todas partes se aguardaba. No hay sor-

presa alguna en su fracaso. Pero con la misma frialdad que señalamos el éxito marxista, hemos de advertir

contra el falseamiento de la realidad que pueda derivarse de la exhibición triunfalista de su mejora

electoral por Alianza Popular. La formación de Fraga se ha beneficiado del voto del miedo huido de

UCD, aunque sin absorber todas las pérdidas del partido del Gobierno. La campaña empresarial ha

contribuido de manera decisoria al trasvase. Pero pese a los recursos y el empeño puesto por los

empresarios en movilizar el voto del miedo, no han logrado éstos que el pavor al triunfo marxista

movilizara un robusto caudal electoral. La abstención ha sido aún más fuerte que en las elecciones gene-

rales del 79. Muchos han preferido guardar el miedo en casa, antes que darlo al otro centro. Bastantes

electores han hecho memoria de la utilización que UCD hizo del voto del miedo del 79 y han preferido

engrosar la inhibición de esa gran multitud que nada aguarda del sistema. Han aumentado el voto pasivo

de protesta encerrado en la abstención. La suma de los votos de UCD y AP demuestra, sin lugar a equí-

vocos, que en su conjunto ha perdido el centro. Que el centro marginal se ha beneficiado de una parte de

los votos del miedo huidos del centrismo oficial. La primera y casi única lección que se desprende de los

resultados de las elecciones en Andalucía es aquella misma que venimos reclamando desde hace tanto

tiempo. Es inaplazable una definitiva clarificación política en España. UCD ha fracasado. El Gobierno de

UCD está ya totalmente desenmascarado. Ha gobernado en clave socialista, sin que el marxismo sufriera

la erosión que le habría correspondido. Es necesario, de una vez por todas, que caigan las caretas y que

cada palo aguante su vela. Al presidente del Gobierno no le cabe otra opción política, no ya sólo de

dignidad, que presentar la dimisión, disolver el Parlamento y convocar elecciones generales. La

revolución debe progresar sin tapujos, con sus verdaderos pilotos en el puente de mando. Ya no caben

engaños ni evasivas. Los derrotados deben aceptar su fracaso y dar una opción inmediata al marxismo

para que haga su revolución sin tapujos, con Felipe González en la Moncloa.

SI el pueblo español ha decidido suicidarse, que lo haga bajo la etiqueta adecuada y no bajo bandera falsa.

Es preferible el incendio generalizado a perecer azacaneados y desconcertados entre focos alternativos de

fuego. Quienes habíamos anticipado lo que ahora comparece, no podemos en esta hora participar en las

evasivas de las interpretaciones atenuantes. En Adalucía ha triunfado la revolución marxista en clave

separatista. Esta es la verdad, y hemos de hacerle frente tal como se muestra.

 

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