Autor: Granell Trías, Francesc. 
   La financiación de la autonomía de Cataluña     
 
 El País.    28/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

La financición de la autonomía de Cataluña

FRANCESC GRANELL

En vísperas de que el texto definitivo de la Constitución sea entregado por la ponencia constitucional a la

correspondiente Comisión del Congreso, la intranquilidad que manifiesta el empresariado catalán

respecto a la financiación de los territorios autónomos en el conjunto del Estado resulta normal y

razonable.

Una fiscalidad diferenciada que suponga una mayor presión para los contribuyentes radicados en

Catalunya o alguna otra de las zonas autonómicas sería un factor de freno de las inversiones en tales

zonas, con lo que ello conllevaria en relación al futuro del desarrollo económico zonal.

He dicho en más de una ocasión que un sistema fiscal con tal sesgo inicial podría incluso forzar a

establecer determinados mecanismos de ajuste fiscal cuando productos elaborados en una zona fiscal

fueran exportados para ser consumidos en otro. Sería una especie de desgravación fiscal a la exportación

interior que añadiría algo de equidad al reparto de las caigas públicas pero al coste nefasto de una

complejidad administrativa y burocrática muy gravo´sa para las empresas transregionales.

Por este motivo, resulta de sumo interés el tema de la financiación de las autonomías dentro del Estado,

aunque me parece que el tema va para largo si tenemos en cuenta que la Administración Central está

impulsando una reforma fiscal profunda que tendrá repercusiones de gran magnitud sobre el bolsillo del

contribuyente español.

Me parece, pues, que la fórmula final que se retenga para el artículo 150 del texto constitucional va a

tener importancia, pero que va también a ser importante el esquema global que se adopte para la

fiscalidad española.

Para hacer esta afirmación parto del jarro de agua fría que están constituyendo ciertas declaraciones

oficiales sobre el alcance real que se pretende tengan los regímenes autonómicos.

En Cataluña tenemos ya la experiencia de que lo contenido en el Estatuto de Nuria de 1931, de que

«Cataluña es un Estado autónomo dentro de la República española» quedó convertido en el estatuto de

1932 en aquello de que «Cataluña es una región autónoma dentro del Estado español», con toda la secuela

que ello supuso en relación a traspasar a la generalidad los problemas financieros que arrastraba la

Hacienda central, y la situación actual no permite hacerse mejores esperanzas.

La Hacienda de la Generalitat quedó integrada, antes de la guerra por cesión por parte del Estado de

varios impuestos (contribución territorial, rústica y urbana, impuestos sobre derechos reales, personas

jurídicas y transmisión de bienes), por un tanto por ciento de determinados impuestos no cedidos por la

Hacienda central (20 % de propios, 10 % de pesos y medidas, 10 % sobre aprovechamientos forestales,

canon de superficie e impuestos sobre explotaciones mineras) y con los impuestos, derechos y tasas de las

antiguas diputaciones así como por los impuestos que pudiera establecer la propia Generalitat.

Esta posibilidad dio, por cierto, paso al proyecto de impuestos sobre la cifra de negocios que, en su

tiempo, fue impuesto moderno y modélico; pero que motivó que José Larraz se horrorizara de que el

estatuto catalán acabara con la «deseada uniformidad nacional».

El haber traído aquí este recuerdo de lo que fue la financiación de estatuto catalán de 1932 no presupone

que sus fórmulas debieran ahora ser retenidas como las más eficaces, pues ni que decir tiene que el

concepto de justicia fiscal, la gestión tributaria y el peso del sector público en la economía han variado

enormemente en estos 45 años transcurridos.

Lo que me parece injusto es que se intenten encorsetar las finanzas regionales por vía constitucional —

con grave peligro de una mayor presión fiscal sobre las regiones autonómicas— sin otro aparente

propósito que dejar bien sentado que quien de verdad seguirá mandando en este país es la Administración

Central.

 

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