Autor: Granell Trías, Francesc. 
   Economía catalana 1977 y desconfianza empresarial     
 
 El País.    18/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Economía catalana 1977 y desconfianza empresarial

FRANCESC GRANELL, Barcelona

No se descubre nada nuevo diciendo que el año 1977 finalizado ha dejado un mal sabor de boca

económico a nivel nacional e internacional y que Cataluña no ha sido ninguna excepción a esta situación

general.

Viendo las opiniones empresariales a lo largo del año —de acuerdo con las encuestas de coyuntura

industrial y comercial que realiza la Cámara de Comercio de Barcelona— puede observarse, sin embargo,

que la opinión expresada ha sido siempre más pesimista que lo que realmente los datos estadísticos

conocidos permitían vislumbrar en cada momento.

Tal constatación hace forzoso mencionar algunos de los componentes del «ambiente sicológico» que

viene influido y que influye, a su vez, sobre el frágil mecanismo económico.

Refiriéndose a la situación económica es preciso hacer mención al hecho de que los índices de actividad

económica han caído en el segundo semestre del año transcurrido —justo después de que el Gobierno

salido de las elecciones legislativas empezara a adoptar las decisiones económicas que antes nadie se

había atrevido a tomar en la línea de permisividad que caracterizó a la política económica preelectoral.

En el mes de diciembre se ha asistido a una cierta recuperación derivada de las compras navideñas que, al

menos para los grandes almacenes, han resultado mucho más satisfactorias que lo que se había podido

pensar meses antes.

Refiriéndose a sectores, conviene distinguir entre la evolución de los de bienes de consumo y los de

inversión.

En bienes de consumo la demanda se ha mantenido más que en bienes de inversión, en donde la

desconfianza empresarial en relación a las nuevas formas de gestión de las relaciones laborales y

sindicales ha ejercido un efecto inhibidor fuerte sobre la creación de más puestos de trabajo y a la

dedicación de recursos productivos adicionales.

Los agricultores (que son el 6% de la población activa catalana) han cobrado mejores precios por sus

productos y ello les ha permitido compensar la disminución de cosechas, consecuencia de las heladas, y

los mayores precios que han tenido que satisfacer por los aprovisionamientos de abonos, productos

fitosanitarios y otros factores productivos.

Los datos disponibles de la primera parte del año ponen de manifiesto que el ritmo de inflación en

Cataluña fue ligeramente más moderado que el del conjunto español, y que hasta los primeros meses el

comportamiento del desempleo era también algo mejor en Cataluña.

A finales de año la banca y cajas de ahorros tenían liquidez movilizable a pesar de que los problemas de

tesorería hayan provocado 130 suspensiones de pago en Barcelona y 53 en su zona de influencia (contra

77 y veintisiete en 1976).

Cabe creer, sin embargo, que el componente fundamental que queda presente para calibrar las

fuerzas de recuperación que muestren lo que puede dar de sí la economía catalana en 1978 es el factor de

desconfianza empresarial. El movimiento empresarial catalán es el que tiene más tradición y había

adoptado siempre posturas muy conciliadoras en relación —por ejemplo— a las posturas más radicales

preconizadas por sectores empresariales madrileños o vascos mucho más conservadores. Tras la

concentración empresarial del 28 de noviembre se asiste a una cierta reorientación de aquella moderación

que aunque ha ido atenuándose, a medida que han ido pasando los meses ha dejado un desasosiego entre

los empresarios que aún estaban dispuestos a invertir que hará difícil que la inversión reemprenda en

momentos, como los actuales, en que el empresariado catalán no ve todavía claro el coste adicional que le

pueda suponer la reforma autonómica que comportará la Generalitat y en que se prevé un reforzamiento

de las centrales sindicales, como consecuencia de las elecciones que deben celebrarse próximamente.

 

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