Elecciones en Andalucía. El partido del Gobierno sufrió un duro fracaso, quedando en tercer lugar. 
 Arrollador triunfo del marxismo en las elecciones andaluzas     
 
 El Alcázar.    24/05/1982.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

Arrollador triunfo del marxismo en las elecciones andaluzas

Un arrollador triunfo del Partido Socialista, otra espectacular derrota de UCD, un alza notable de Alianza

Popular y una doble caída del PCE y PSA son el balance de las elecciones al Parlamento andaluz

celebradas ayer con la abstención más elevada producida hasta ahora en la región, excepto en los

comicios municipales. Seiscientos millones de pesetas, miles de actos públicos y la propia comparecencia

de Calvo-Sotelo no pudieron evitar que el partido gubernamental cosechara un nuevo fracaso que añadir a

los tres años en que UCD no ha conseguido ni una sola victoria electoral.

Ni el costoso lanzamiento propagandístico de Soledad Becerril, ni los argumentos de que sólo UCD

podría «parar al PSOE, ni la acelerada promoción de un candidato casi desconocido, Luis Merino,

impidieron el avasallador empuje de los votos socialistas, la virtual formación de un gobierno del PSOE

en Andalucía con mayoría absoluta y la fuga del voto moderado a favor de AP. Anoche, la euforia de las

filas socialistas inundaba las sedes de los partidos y todas las declaraciones de sus líderes, que, levantando

el punto de mira, rebasaban en su objetivo el estricto marco autonómico para concretarse en esta

afirmación de Múgica: «Los resultados de las elecciones andaluzas son un reflejo —dijo a Europa

Press— de lo que va a suceder en las próximas generales.» Y Raventós declaró en Barcelona: «Esto,

evidentemente, puede traer consecuencias a nivel estatal de una manera inmediata.»

Al cabo de una jornada en la que la evolución de los datos no dejaba lugar a dudas sobre el veredicto

final, los términos no podían ser más contrapuestos. Satisfacción en la sede central del PSOE y en la Junta

de Andalucía, y desánimo, descontento y pesimismo en la Moncloa. En Madrid, según Europa Press,

Ciríaco de Vicente y Tierno Galván acudían para compartir el triunfo. En Sevilla, a la una de la

madrugada se encontraban muy pocas personas, entre ellas, Javier Rupérez. En el gran salón de prensa del

hotel Macarena, donde ya no cabía una persona más, sonaron sevillanas y se apretó aún más el público

para hacer hueco y poder bailarlas. Los seguidores socialistas, que llenaban hasta rebosar el hotel,

también comenzaron a cantar «La Internacional» con gran emoción y con puños levantados.

Después de unos gritos en favor del socialismo, se iniciaron bailes por sevillanas, que fueron coreadas por

todos los presentes. La animación siguió hasta el amanecer en el hotel y nadie tenía intención de marchar

a sus casas. Las declaraciones se agolparon inmediatamente en cuanto, de madrugada, quedaba

sobradamente de manifiesto el amplísimo margen del predominio socialista, en su mayoría, incidiendo en

esta dirección: el PSOE, tras el balance electoral, se apresta a «hacer efectivo y real el cambio en nuestro

país —afirmaba Carmen García Bloise a Efe— y Andalucía, efectivamente, necesita esa pasada por la

izquierda». Múgica ponía de relieve que «el pueblo andaluz, cuya sensibilidad es una muestra de la

sensibilidad de toda la nación, ha querido dos cosas: que haya un cambio y que ese cambio se produzca

con serenidad y responsabilidad». El diputado insistió en que «estos resultados —dijo a Efe— es un

adelanto de lo que puede ocurrir en las próximas elecciones generales».

Mientras tanto, en el Gobierno y de UCD no se ocultaba el fracaso. El propio ministro del Interior, Juan

José Rosón, manifestó en el centro de información establecido por su Departamento que «el desgaste de

UCD, junto a la concentración del voto de la izquierda y la considerable abstención son las características

más reseñables de la jornada». En ese momento, a pesar del escaso margen del escrutinio, era notorio el

alto porcentaje favorable al PSOE. A modo de consolación, el ministro manifestó estar «muy satisfecho

de cómo ha trabajado el partido durante estas elecciones». Calvo-Sotelo afrontó su posición ante el

balance en estos términos: «Como presidente del Gobierno me satisface la normalidad plena del proceso

electoral, prueba del arraigo de la democracia en España. Como presidente de UCD, creo que los

resultados de estas elecciones andaluzas no reflejan el esfuerzo que ha hecho mi partido en Andalucía ni

la importancia política que sigue teniendo en España la opción de Centro.» Para Cavero, secretario

general, era innegable el retroceso sufrido por la UCD andaluza y reconoció que «estas variaciones

sustanciales han abierto un nuevo esquema en la relación de fuerzas políticas. Tampoco fue remiso el

dirigente centrista al afirmar que los resultados «son un hecho político muy importante que habrá que

analizar en profundidad», aunque no dijo si habría un congreso extraordinario del partido o una

«conferencia de notables». Como principio descartó -al igual que había declarado Rosón-la convocatoria

de elecciones generales, circunstancia que, sin embargo, los observadores políticos consideran probable, a

tenor de la magnitud de la derrota. Luis Merino, el frustrado candidato centrista a la Junta, se mantuvo en

términos parecidos: admitió los resultados adversos y en un alarde de optimismo manifestó que el

resultado «es hasta cierto punto aceptable, porque hemos subido más de 10 puntos en los últimos cuatro

meses». Como causas señaló el desgaste en la tarea de gobierno, lo sucedido el 28 de febrero, algunos

errores de interpretación en cuanto al modo de gobernar, y alguna cierta imagen de ausencia de dirigentes

políticos en Andalucía. Merino consideró que ha sido un problema de deterioro de la imagen del partido.

Soledad Becerril, ministra de Cultura, cambió el fulgurante optimismo que exhibía apenas cuarenta y

ocho horas antes por estos términos: «Unas veces se gana y otras se pierde.» Una demostración de que a

UCD anoche se le acabaron los slogans y los recursos electorales es que, a las doce y cuarto, en la sede

nacional del partido, según Europa Press, responsables del partido no querían ya hacer comentarios y se

remitían únicamente a la consideración de los datos oficiales facilitados por el Ministerio del Interior. En

tos locales centristas —prosigue Europa Press— se evitaba la palabra descalabro y se hacían alusiones

también a la baja del PSA y del PCE. El ambiente a la hora citada era «apagado».

«Somos el segundo partido de Andalucía» (Fraga)

«Lo que está claro es que, después de Galicia y de Andalucía, ahora vamos a hablar seriamente de toda

España», declaró alrededor de las dos de la madrugada al presidente de Alianza Popular, Manuel Fraga,

adelantando, siquiera en su generalidad, la estrategia política inmediata de su partido. Incluso acerca de su

posible entrada en el gobierno de la nación señaló: «Yo me he sentado ya en filos de navaja, en lomos de

camello atravesando el desierto y estoy dispuesto a no sentarme, y a estar siempre en peregrinación, para

ayudar a este país, para lo cual hay muchas maneras. Alianza Popular va a configurarse como la segunda

fuerza en Andalucía y vamos a hacer lo posible por controlar al gobierno regional. Está claro que hay un

partido en la izquierda, que deseamos cumpla sus compromisos de moderación, y también es evidente

que, del otro lado, hay que formar algo parecido con, por, tras AP y sin, o contra otras formaciones que ya

han fracasado.» «Me refiero —especificó Fraga— a los que en estos días han llevado una campaña

increíble, que les ha llevado al descenso notable que reflejan los resultados, y que les ha calificado como

personas que no ven claro ese problema.» El secretario nacional del partido, Jorge Verstrynge, vaticinó

que el auge de Alianza iría «in crescendo» en próximas convocatorias electorales, ase

gurando que «nuestros resultados van a tener repercusiones con vistas al rea-grupamiento de las fuerzas

políticas teniendo en cuenta los resultados obtenidos por el PSOE». Verstrynge quiso también significar

el derrumbamiento del PSA, «partido que está menos arraigado en Andalucía de lo que muchos

pensaban». Fernando Suárez, vicepresidente aliancista, fue más explícito en sus declaraciones: «UCD

tiene que replantearse de forma radical su actitud política. El electorado que ha votado a la derecha lo ha

hecho a la derecha coherente, frente a la que disimulaba su condición; a la apoyada por elGobierno.»

Gabriel Camuñas, otro de los vicepresidentes de Alianza Popular, insistió en la necesidad, ahora mucho

más forzada que nunca, de la mayoría natural, afirmando incluso que «los contrarios a esta operación

deberían dimitir». «Los partidos de ideologías ambiguas y bisagra pueden convertirse en bisagra en los

comicios de 1983.» Y Guillermo Kirpatrick, secretario de relaciones internacionales del partido, afirmó

que la ley D´Hont hubiera perjudicado menos a UCD y a su partido de haberse presentado unidas a las

elecciones. Finalmente, José Antonio Trillo vicepresidente de AP, insistió en un extremo también

abordado por sus compañeros de ejecutiva: «Esperamos que en las generales, el pueblo español, que no es

en absoluto marxista, se dé cuenta y sirva como revulsiva lo que está ocurriendo o va a ocurrir en

Andalucía para que, de una vez, esa mayoría natural que venimos propugnando se pueda producir. Y las

próximas elecciones no les quepa duda de que las podemos ganar nosotros.»

Rojas Marcos: «Aquí ha ganado el centralismo»

El desastre del Partido Socialista Andaluz (PSA) en estas elecciones ha causado un gran disgusto en los

líderes del partido, que tratan de minimizarlo recurriendo a que «la confrontación de izquierda y derecha

y el carácter de antesala de las generales que se ha querido dar a estas elecciones ha propiciado el corto

resultado del PSA», según señalaba el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, Luis Uruñuela.

Por su parte, el secretario general del partido, Alejandro Rojas Marcos, declaraba a su llegada al centro de

datos de Sevilla que «aquí ha ganado el centralismo». Se reafirmó en la idea de que los partidos

centralistas no son la solución para Andalucía. «Con la victoria socialista y un cuarto lugar previsible -

señalaba— para el PSA, las elecciones celebradas son también malas para Andalucía. Es entregar la

autonomía a un partido centralista».

Por lo que se refiere al PCE, la única información recibida manifestaba que su secretario general,

Santiago Carrillo, se encontraba a media noche en su despacho en la sede del partido. A esa hora, según

Europa Press, se apreciaba: un ambiente de cierta preocupación por los resultados. Los dirigentes co-

munistas no quisieron realizar declaraciones.

 

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