Autor: Pujol i Soley, Jordi. 
   Explicación de una actuación parlamentaria     
 
 El País.    22/03/1978.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL PAÍS, miércoles 22 de marzo de 1978

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Explicación de una actuación parlamentaria

JORDI PUJOL

Secretario general de Convergencia Democrática de Cataluña

Explicación tardía, pues hace referencia al debate del día primero de marzo, y en quince días han pasado

muchas cosas. Pero quizá útil en previsión de lo que va a ser el debate del día 5 de abril, que

Convergencia Democrática y la Minoría Catalana consideran del máximo interés.

El miércoles día 1 de marzo la sesión parlamentaria se anunciaba de trámite, lo cual realmente ya era

anormal. Acababa de producirse una crisis de Gobierno y no era lógico que ello no fuese acompañado de

una explicación adecuada por parte del Gabinete y de un cierto debate. Cierto que la crisis había sido

parcial, incluso no muy amplia; cierto también que todos sabíamos que en ella habían jugado tanto o más

los factores temperamentales y personales que los estrictamente políticos; cierto que parecía sincera la

decisión del Gobierno de seguir aplicando la misma política económica que hasta entonces. Pero de todas

formas la crisis comprobaba nada menos que la dimisión del vicepresidente segundo, del responsable de

la política económica y del hombre que había dado credibilidad y autoridad moral a los aspectos

económicos del pacto de la Moncloa; y dejaba traslucir un desasosiego en las esferas del Gobierno,

incluso una inquietud creciente en el país. Cierto incluso qué, al parecer, Felipe González y el PSOE

fueron informados de la operación por parte del presidente del Gobierno y cabe incluso que hubiese un

pacto entre UCD y PSOE para no hurgar en el tema. Pero, con todo, resultaba sorprendente que un

cambio así no fuese objeto de información y de debate en el Congreso.

Pero lo que parecía que iba a ser una línea convenida se quebró y la sesión del primero de marzo se

convirtió en un debate desordenado pero de gran interés.

Se ha dicho que sorprendió que nuestra minoría presentase una moción pidiendo un debate sobre la

situación económica del país para primeros de abril, una moción pidiendo, textualmente, «un debate sobre

la situación económica del país... en el contexto del programa político y electoral». A nuestra moción

siguió inmediatamente otra del PSOE que pedía explicaciones más amplias al Gobierno sobre la crisis.

Todo ello motivó una petición de suspensión de media hora por parte del portavoz de UCD, y durante este

período todos los grupos parlamentarios, desde AP al PC —con la exclusión, por supuesto, del partido del

Gobierno—, prepararon una tercera moción refundida precedida de una frase que hasta entonces nadie

había citado y que confería un evidente elemento de censura ai Gobierno: «Considerando insuficientes las

explicaciones del Gobierno...» La introducción de esta frase fue especialmente defendida por los

socialistas y por AP.

Un cierto agotamiento

Hasta aquí los hechos. Pasemos ahora a su interpretación y a la explicación de nuestra actuación, y ello no

tanto en términos de pasado, de historia pasada, a estas alturas quizá ya de, poco interés, como de

orientación de futuro.

En el debate del primero de marzo hubo dos componentes que hay que deslindar, aunque estén en parte

entrelazados. Dos componentes que se darán igualmente en el debate de primeros de abril. Uno es no ya

la explicación de la crisis, sino la crítica al Gobierno. El otro es la petición de un amplio debate sobre la

situación y la política económicas. A CDC y a todo el grupo parlamentario de la Minoría Catalana

nos interesa más el segundo aspecto que el primero.

No es que no pensemos criticar al Gobierno en ciertos aspectos de, su actuación, Creemos, y así lo dije en

el Congreso, que el Gobierno le estaba perdiendo respeto al Parlamento, y fue bueno que éste le recordara

sus obligaciones. Creemos también que hay puntos concretos del pactó de la Moncloa que no se cumplen

adecuadamente. Y como Roca Junyent y Maciá Alavedra pusieron de manifiesto en el debate del día 9,

relativo a las elecciones municipales no estamos de acuerdo con puntos importantes de su política

general. Pero lo que motivó nuestra actitud en el debate del día 1 no fue tanto esa voluntad de crítica

como la convicción de que después de más de cinco meses de vigencia y de aplicación del pacto es hora

de hacer su valoración, de ver cuáles son los objetivos que se han cumplido y cuáles no —y por qué no—

,de analizar los posibles errores del pacto —ahora de más fácil diagnóstico— y, fir límente, de ver si debe

continuar su aplicación sin retoque alguno o si, por el contrario, hay que modificar algo. Es la hora de un

primer balance, que, por supuesto, puede hacerse también a través de conversaciones técnicas y de

contactos bilaterales, pero que, sobre todo, debe hacerse ante el país, es decir, en el Parlamento. Ese

balance nos parece especialmente urgente, porque tenemos la impresión de que está sucediendo algo

mucho más importante que constatar que tal o cual punto del pacto no se ha cumplido. Tenemos la

impresión de que los planteamientos y el impulso que han configurado la política española desde finales

de verano para acá están agotándose. Si así fuera no se trataría sólo de hacer balance del pacto de la

Moncíoa, sino de toda la política española, y el objetivo del debate —que no puede ser sólo académico—

debiera ser conseguir para ella un nuevo impulso, un deuxieme souffle.

No pretendemos con ello sumarnos al coro de los que dan a Suárez por acabado y a la UCD como un

barco desarbolado sin remisión. Por lo menos durante bastantes meses —y durante algunos años si las

elecciones municipales no son para ellos un desastre— en España no cabe concebir más Gobierno que el

que pueda vertebrar UCD. Simplemente decimos que justo en el momento en que nos hallamos a medio

vado se nota fallar algo en la acción del Gobierno, pero también en la de todas las fuerzas políticas. Quizá

sea porque precisamente nos hallamos en el momento más delicado de la doble operación de saneamiento

económico y de reforma política y social se hacen más evidentes las insuficiencias de la política española.

Insuficiencias tales como definición poco precisa de lo que va a ser el modelo económico y social

español, tanto en el marco general como en el más concreto de la empresa; como la carencia de mayoría

parlamentaria del Gobierno, así como graves dudas y titubeos en su actuación en cuestiones de fondo;

como la duda, que persiste, acerca de la verdadera naturaleza del PSOE y acerca, por tanto, de sus

objetivos de Gobierno; como la inseguridad que domina tanto la acción del empresario como la de las

centrales sindicales. La lista podría ser mucho mayor, pero esas cuatro insuficiencias se bastan y sobran

ya para introducir un elemento de inseguridad en la política general española.

Valorar el presente y sus perspectivas

En conjunto los casi dos años y medio que van del 20 de noviembre de 1975 hasta hoy se saldan con un

balance positivo. Sorprendentemente positivo, como decía no hace mucho Wilson en Madrid. Pero ahora

estamos en un momento delicado, en un momento en que, después de haber hecho una buena andadura,

podemos equivocar el camino.

De eso concretamente interesa hablar a nuestro partido y a nuestra minoría. Por eso fuimos, en el debate

del día 1 de marzo, los primeros que abandonamos las referencias al cumplimiento o no cumplimiento de

tal o cual punto del pacto de la Moncloa y que pedimos, a través de la moción que defendió nuestro

portavoz, Roca Junyent, un debate de política general. Repetimos: no tanto un debate de crítica al

Gobierno cuanto de valoración del momento presente y dé sus perspectivas. Un debate que sirva para

hacer balance y para consolidarlo.

A ese debate —en las Cortes y en el país— CDC acude con ánimo de hacer una aportación positiva.

Nuestro objetivo no es ni de clase ni de defensa de intereses procedentes del pasado inmediato ni, en

España, de alternativa de poder. Nuestro objetivo, en España y en Cataluña, es ayudar a construir un país

moderno, eficaz, justo y libre. Ello nos da una libertad de la que procuraremos hacer un uso responsable

al servicio del máximo entendimiento posible, de la gobernabilidad del país y del progreso irreversible

hacia las formas políticas y sociales propias de las democracias europeas más evolucionadas.

 

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