Iglesia. 
 Vidal y Barraquer: un hombre de Iglesia     
 
 ABC.    16/05/1978.  Página: 30. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

VIDAL Y BARRAQUER: UN HOMBRE DE IGLESIA

El cardenal Vidal y Barráquer nace en Cambrils el 3 de octubre de 1968. Estudia el bachillerato en

Barcelona y en la Universidad de la misma ciudad comienza tos estudios de Derecho y obtiene la

licenciatura y el doctorado en Derecho civil. Ejerce por algunos años la abogacía.

Con veintiocho años siente la vocación sacerdotal y en 1895 ingresa en el seminario de Barcelona para

ordenarse de sacerdote cuatro años más tarde.

En 1911 es elegido vicario capitular de Tarragona tras varios años de ejercicio sacerdotal. Y dos años

después es nombrado administrador apostólico de Solsona y obispo titular.

Desde el primer momento, en su diócesis de Solsona, se propone como meta ser «obispo y sólo obispo»,

huyendo de toda tipo de partidismo político. Con corazón y mente moderna se anticipa proféticamente en

no pocas ideas. En 1914 escribe que un día la misa volverá a decirse en lengua vernácula y cara al pueblo,

tal y como se decía en la Iglesia primitiva. En 1936 escribirá que «la Iglesia tiene que adaptarse. Si Dios

no envía un Papa que convoque un concilio renovador de la Iglesia, vamos por mal camino».

En 1918 es nombrado arzobispo de Tarragona y queda al frente de las diócesis catalanas. Tres años más

tarde Benedicto XV le concede el capelo cardenalicio.

Sus años difíciles comienzan en 1923 en repetidos choques con Primo de Rivera, que ve separatismo en la

predicación y enseñanza del catecismo en catalán. Se desencadena contra el .cardenal Vidal una dura

campaña, en la que se mezclan amenazas y calumnias.

Su situación sigue siendo difícil con la llegada de la República, en la que representa un papel dialogante

frente a la postura del cardenal Segura, mucho más sistemáticamente hostil. Vidal defiende con pasión los

derechos de la Iglesia, cuidando mimosamente de no tomar una postura que pudiera calificarse de

política. Su lema es «no convertir las cuestiones de fe en temas de discordia civil». Varias veces rechaza,

honores y cruces ofrecidas por gobernantes de la República, lo mismo que rechaza los intentos de elevarle

a la sede primada de Toledo.

Al estallar la guerra civil es detenido por hombres de la F. A. I. el 22 de julio y varias veces está a punto

de ser fusilado. A última hora es liberado tras gestiones de la Generalídad y por eí propio presidente

Companys, que tras salvarle le envía al destierro.

Durante la guerra multiplica sus esfuerzos mediadores para buscar la paz, un armisticio o un alto el fuego

al menos en los días de Navidad de 1937 y de 1938.

Se niega en 1937 a firmar la carta pastoral colectiva por opinar que «los obispos deben estar

completamente aparta dos y por encima de todo partidismo político».

Concluida la guerra el Gobierno de Franco se opone a su regreso, a pesar de los repetidos intentos de la

Santa Sede, que siempre le mantuvo como arzobispo de Tarragona y se negó a nombrar sucesor mientras

él viviera.

Se retiró mientras tanto a la cartuja de La Valseante, en Suiza, y murió en Friburgo en 1943, sin poder

regresar a España. El cardenal Journet dijo en sus funerales: «Nos dio el ejemplo de lo que debe ser un

auténtico servidor de la Iglesia.»

 

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