Autor: Benet Morell, Josep. 
   Dos golondrinas y el diálogo     
 
 El País.    02/08/1978.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL PAÍS, miércoles 2 de agosto de 1978

OPINIÓN

De las golondrinas y el diálogo

JOSEP BENET

El artículo de Julián Marías titulado Las golondrinas del senador Benet, publicado en EL PAÍS (ll-VII-78)

en contestación al que publiqué en el mismo periódico el pasado 30 de junio sobre el término

«nacionalidades», me ha entristecido por su tono y su contenido. El lector que relea uno y otro artículo

comprenderá porqué.

En mí artículo me limitaba a constatar, con respeto y corrección, que Julián Marías, al afirmar que el

término «nacionalidades» procedía de John Stuart Mili, quien lo utilizó «en su tratado sobre

Representitive Government (1861)», se equivocaba, porque este término era utilizado en Europa con

anterioridad al 1861; como lo demostró Josep Meliá en un artículo publicado también en EL PAÍS (31-I-

78),y también era utilizado, con anterioridad a aquella fecha, por escritores catalanes e inclaso por algún

periodista madrileño, aplicado precisamente a Cataluña. Como prueba de mi afirmación aportaba seis

textos, el primero de 1847, y comentaba que el espacio de un artículo periodístico no me permitía

transcribir un mayor número de textos. Como conclusión afirmaba que las expresiones «nacionalidad

catalana», España,«haz de nacionalidades», España,«haz de naciones», no son ninguna novedad, ya que

eran utilizadas desde mediados del siglo pasado, por lo menos. Y terminaba constatando que cuando, en

1906, Prat de la Riba publicó su obra titulada La Nacionalitat, al titularla así, no hacía más que seguir una

vieja tradición, la de aplicar a Cataluña el término «nacionalidad».

Yo creo en el diálogo constructivo. Por ello esperaba que Julián Marías aceptaría un diálogo que podía

acercarnos a la verdad. Desgraciadamente no ha sido así. En efecto: de las cinco columnas de su artículo,

tres están dedicadas a transcribir y comentar unos textos muy conocidos de Balmes, anteriores a 1847,

que en nada afectan a la cuestión planteada, y casi otra columna entera está dedicada a exponernos sus

teorías sobre el «uso lingüístico», que explicó en su discurso de ingreso en la Real Academia Española.

Así, pues, poco espacio dedica a contestar a mi argumentación. Veamos qué dice en este espacio.

Ante la aportación en mi artículo de pruebas irrefutables que demuestran que el término «nacionalidades»

era utilizado en Europa, e incluso en España, con anterioridad a la publicación de la obra citada de Stuart

Mili, Julián Marías escribe: «El senador Benet cree que me equivoco; no me extrañaría, porque soy tan

falible como cualquiera, y nada pontificante —a menos que se entienda esta palabra en su sentido

etimológico de quien hace o tiende puentes—. En mi propio texto se aceptaba la posibilidad de que

estuviera equivocado, y Stuart Mili no fuese el origen (o el único origen) de esa acepción.» Así, pues,

Marías acepta que haya podido equivocarse e incluso dice que no le extrañaría que se hubiera equivocado,

pero se niega a reconocer llenamente su equivov catión.

A continuación Julián Marías se refiere concretamente a los textos transcritos en mi artículo que

demostraban que con anterioridad a Stuart Mili se utilizaba en España el término «nacionalidad» aplicado

a Cataluña. Escribe: «El señor Benet parece haberse dedicado a buscar —con lupa, probablemente—

algunos textos españoles en qué, antes de 1861, aparece la palabra "nacionalidad" en el sentido discutido.

Desde el 15 de enero hasta el 30 de junio (fecha de su artículo) ha encontrado seis, algunos no

especialmente famosos: de Joan Bta. Guardiola, Tomás Bertrán i Soler, Joan Mané i Flaquer, Víctor

Balaguer. Francesc Romaní i Puigdengolas y un anónimo redactor de El Parlamento, diario madrileño.»

Una vez más Julián Marías demuestra su poco conocimiento de la bibliografía catalana y de la historia de

Cataluña. Porque al señor Benet no le ha sido necesario utilizar lupa alguna para encontrar aquellos textos

y ni tan sólo ha necesitado acudir a investigar en hemerotecas o bibliotecas, ya que todos los textos

citados por él se encuentran eh obras que actualmente se hallan en venta en las librerías de Cataluña.

Unos, en mi obra, escrita con Casimir Martí, Barcelona a mitjan segle XIX. El moviment obrer durant el

bienni progresista (1854-1856), editada en dos grandes volúmenes por Curial, en Barcelona, el año 1976,

y los otros, en la obra de Félix Cucurull. Panoràmica del Nacionalisme Català, publicada en París, por

Edicions Catalanes de París, en 1975, que hoy se vende libremente en las librerías de Cataluña. Son

libros, pues, que sé hallan al alcance de cualquier persona que se interese por las cuestiones de Cataluña.

Por otra parte, nadie pretende que todos los autores de los textos sean «famosos». Basta que sean

importantes, como lo son todos ellos en la historia del ochocientos catalán. Que el señor Marías, poco

conocedor de esta historia, no tenga conocimiento de alguno de ellos o que lo tenga deficiente no mengua

aquella importancia. Escribir a menudo sobré Cataluña y su historia en los periódicos no presupone

conocer la historia y la realidad catalanas.

Los seis textos transcritos en mi artículo —número máximo que permitía transcribir un artículo

periodístico— son, según Marías, «las seis golondrinas del senador Benet». Recuerda Marías que «una

golondrina no hace verano» y seis quizá tampoco. Pero yo recordaría que la presencia de una sola

golondrina —y aún más si son seis— demuestra que las golondrinas existen y que, por tanto, no hay que

esperar que alguien las «invente». Como la existencia de los seis textos aportados en mi artículo

demuestra que el término «nacionalidad» existía y que dicho término era aplicado a Cataluña, antes que lo

«inventara» Stuart Mili.

Finalmente, Julián Marías afirma que los textos que transcribía en mi artículo «emplean la palabra

nacionalidad con suficiente vaguedad para que pueda pensarse que significa lo que los diccionarios

(incluso catalanes) registran: "Particular afecte a alguna nació, o propietat de (sic) ella".» El lector que no

recuerde o no haya leído los textos que transcribí en mi artículo podría creer que es exacto lo que escribe

Marías. Por ello, para que el lector pueda juzgar por sí mismo transcribo a continuación algunos de los

textos. En 1851, Joan Bta. Guardiola escribía: «mas no anticipemos cuestiones y limitémosnos a sentar,

por ahora, este hecho, por nadie desmentido y fecundo en trascendentales consecuencias, a saber: que la

raza española no es una sola, que el idioma en España no es uno solo; que el clima no es uno solo y que la

historia no es una sola, esto es, que en España los elementos constitutivos de su personalidad nacional no

son uniformes, sino variados, y que no hay en ella, por tanto, un solo pueblo, una sola nacionalidad, sino

varios pueblos, varias nacionalidades; que España no es, en riguroso y buen sentido de la palabra, una

sola nación, sino un haz de naciones.» El periodista más importante del ochocientos catalán, Joan Mané i

Flaquer, escribía en 1855 que «España es una federación de pueblos, de nacionalidades, de razas distintas,

con distintas tradiciones, distintas costumbres y distintos idiomas.» Y explicaba que la «nacionalidad

catalana» se formó laboriosamente bajo la tutela de sus condes. Por su parte, el progresista Víctor

Balaguer escribía en 1856 que España «es una nacionalidad compuesta de diversas nacionalidades».

Romaní i Puigdengolas escribía asimismo que «España es un haz de nacionalidades», y, por fin, en el

diario conservador de Madrid El Parlamento, en 1855, al tratar de la cuestión catalana se escribía: «Esta

pequeña nacionalidad catalana, mezquina concepción en los tiempos en que vivimos, de grandes

aglomeraciones, de grandes nacionalidades (...), esa nacionalidad, decimos, será reemplazada por

creencias y sentimientos distintos.» Ciertamente no ha sido así hasta ahora.

Los hechos son tozudos, escribió alguien. Y los hechos están ahí, gusten o no gusten. El uso del término

«nacionalidades», objeto del debate, no es «una moda recentísima que aparece con alguna frecuencia en

nuestros periódicos y en los discursos de algunos políticos que acaso no saben muy bien de qué hablan»,

como afirma Julián Marías. Al contrario, su uso, hoy, es la continuación de una tradición que, en

Cataluña, por lo menos, arranca de muy lejos y que ahora quedará consagrada en la nueva Constitución.

Que esta tradición sea para muchos desconocida es una prueba más del poco conocimiento que, en

general, se tiene de la historia de Cataluña.

 

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