Castellano y catalán     
 
 ABC.    16/08/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ABC. MIÉRCOLES. 16 DE AGOSTO DE 1978.

ABC

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CASTELLANO Y CATALÁN

El diario «La Vanguardia» ha publicado un estudio profundamente iluminador y especialmente oportuno

en esta hora. Se recogen en él los datos sobre la lengua hablada en la provincia y ciudad de Barcelona, tal

y como se comprobaron en el censo de 1975 y como han sido elaborados por el «Consorci d´lnformació i

Documentació de Catalunya».

Según ellos, tanto en la provincia como en la ciudad de Barcelona son más jos que, en el seno de su

familia, hablan castellano habitualmente que los que conversan entre sí en catalán. En la por-víncia el

porcentaje de los castellano-parlantes llega al 61 por 100 (y en algunas de las comarcas más pobladas este

porcentaje llega al 77 por 100), frente a sólo un 38 por 100 de familias que hablan habitualmente en

catalán.

En la ciudad se aproximan estos porcentajes, pero aún predomina el castellano con un 49,5 por 100, frente

a un 47 por 100 de catalanoparlantes.

Más importantes son aún los datos del conocimiento efectivo del catalán. Por ellos sabemos que en la

provincia el 31 por 100 de la población no entiende en absoluto la lengua catalana (en algunas comarcas

llega esta proporción al 44 por 100), mientras que en la capital sólo un 13 por 100 no lo entiende.

Pero a estos porcentajes habría que sumar el de los que dicen entenderlo pero ni saben hablarlo ni

escribirlo. En esta situación nos encontramos con otro 20 por 100 en la provincia y con un 22 por 100 en

la capital. Con lo que tendríamos que no saben de hecho expresarse en catalán un 51 por 100 en la

provincia y un 35 por 100 en la ciudad de Barcelona.

Frente a esta cifra nos encontramos que un conocimiento perfecto o suficiente del catalán (es decir, los

que lo hablan y lo escriben) llega solamente a un 11,5 por 100 en la provincia y un 19 por 100 en la

capital.

No vamos a extendernos en el análisis de las causas de este fenómeno (una de las principales es,

evidentemente la serie de dificultades que el catalán encontró en las décadas pasadas y la falta de

enseñanza del catalán en la escuela) ni a detenernos en la valoración de este tenomeno, aunque es claro

que, para nosotros son estos datos tristes y empo-brecedores ya que reiteradamente hemos defendido que

la lengua catalana es sino riqueza, no sólo para los catalanes, sino para todos los españoles.

Pero sí queremos detenernos en el hecho y en la invitación a la prudencia que implica. (Y, como es

lógico, ampliamos nuestro razonamiento a las restantes lenguas autóctonas de regiones españolas en las

que los porcentajes de yascoparlantes o de conocedores del gallego o del valenciano serían muy

notablemente menores.).

Porque la reclamación de unos derechos e incluso la búsqueda de unos ideales no puede apartarnos de la

realidad de los hechos, tal y como los muestra el sondeo que citamos, o como los demuestran día a día las

ventas de periódicos en castellano, catalán y euzkera en las regiones catalana y vasca.

Bueno será, pues, que vascos y catalanes se vuelquen en el servicio y difusión de sus lenguas nativas

seguros de que con ello sirven a la riqueza total del país. Pero malo sería que con un sentimentalismo o un

revanchismo ingenuo cayeran en imposiciones gemelas —sólo que a la inversa—, a las ocurridas en las

décadas pasadas. Y más triste aún que el conocimiento o no del catalán o del euzkera terminara por

convertirse en un signo de discriminación que favoreciera el nacimiento: de grupos de «catalanes de

primera» o de «segunda», según conocieran o no la lengua regional.

La consigna tendría que ser la de sumar y no restar. Porque si una candorosa mitificación del catalán o del

vasco llevara en un futuro a que un alto porcentaje de estas regiones conociera deficientemente el

castellano, se habría «dado la vuelta a la tortilla», pero no se habría progresado; se habría empobrecido el

conjunto del país, y se habrían empobrecido, sobre todo, quienes conocieran medianamente una lengua

que —los hechos son los hechos— les abre la puerta de una gran parte del mundo.

 

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