Autor: Subirats Piñana, Josep. 
   Autonomías y soluciones espaciales     
 
 El País.    16/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

TRIBUNA LIBRE

Autonomías y soluciones espacíales

JOSEP SUBIRATS Senador de Entesa dels Catalans

A los parlamentarios catalanes nos sorprende el enfoqué sectorial de las enmiendas que hemos de

examinar en las ponencias y las comisiones; y lo mismo sucede con las interpelaciones y las preguntas

que se plantean, tanto en el Congreso como en el Senado. Se pone de manifiesto la preocupación para dar

respuesta a unas carencias; para atenuar o corregir déficit dramáticos de servicios comunitarios: en la

enseñanza, en la sanidad, en la pesca, etcétera, el abandono rural y, por supuesto, la mar-ginación de los

suburbios, residencia degradada de la mayoría de votantes de la Entesa deis Catalans. Y, en mi opinión,

no hay respuesta sectorial.

Y no la hay porque en todas las nacionalidades y regiones coexisten los mismos problemas. Es su

intensidad —su mayor o menor gravedad— lo que varía. En Cataluña, al lado del déficit de servicios

comunitarios urbanos y suburbanos, que adquieren carácter extremo en la zona metropolitana

barcelonesa, también tenemos paro estacional agrícola (pienso en mis electores de las comarcas catalanas

del Ebro), como tenemos también, escuelas unitarias en los pueblos y abandono en la actividad pesquera.

En Andalucía sería prioritario el paro estacional y el crónico y en Galicia —seguramente— sería el

problema pesquero el acuciante; pero Andalucía y Galicia, pongar mos por caso, también tienen carencias

suburbanas y de las demás citadas o no. Y lo mismo sucede en los diversos ámbitos territoriales. Las

aspiraciones autonómicas, felizmente generalizadas, responden a la necesidad de utilizar el enfoque

espacial —territorial— para elegir las prioridades en función de la distinta intensidad de los problemas en

presencia. Para ello son precisos órganos de gobierno autónomos, con poder político, en cada

nacionalidad o región, capaces de decidir el uso alternativo de los recursos, siempre escasos, que tengan a

su disposición, por cuanto las soluciones escogidas por tales órganos tienen mayores posibilidades de

acierto y su ejecución se presume más eficiente, habida cuenta de la proximidad de los administradores

tanto respecto del servicio qué se trata de satisfacer como de los ciudadanos afectados.

En estos meses de regímenes preautonómicos, sin competencias ni recursos, estamos decepcionando a

nuestros electores. No puede prolongarse la vida de unos entes nominales sin los medios indispensables

para cumplir unos fines, por modestos que se fijen, so pena de recoger en breve plazo un fruto muy

amargo: el de la frustración colectiva. Y cuando las transformaciones socio-económicas que todo cambio

político comporta no se han producido, encima no se puede sembrar desilusión, porque gobernar es abrir

cauces, oportunidades, que permitan a todos los ciudadanos aportar su creatividad y su iniciativa, con

ánimos, con optimismo y con generosidad.

Hay que desterrar la sensación de impotencia que está presente y que alcanza a los propios

parlamentarios, ante una máquina burocrática estatal heredada de la era autocrática, castradora de

cualquier empeño creador. ¿Qué podemos hacer? Nuestros ancianos siguen con regímenes dispares de

pensiones o sin ellas, arbitrariamente, sin cauces para justas reparaciones; nuestros mutilados de guerra,

discriminados y degradados y, a pesar de ello, sin acceso simplificado a sus mínimos subsidios; nuestros

ayuntamientos sin poderes decisorios, cuando una administración local ágil tendría efectos positivos para

atenuar el paro, mediante actuaciones municipales puntuales.

Convengamos en que la máquina burocrática estatal sólo puede desmontarse potenciando los gobiernos

autónomos; desagregando competencias y servicios estatales y transfiriéndolos a las nacionalidades y

regiones; vaciando de conte nido las funciones de los detentadores del poder de ejecución centralizado.

La reducción de las atribuciones concentradas en los órganos estatales contribuirá a que podamos

alcanzar la solidaridad que todos deseamos, a condición de que no se interprete —la solidaridad— sólo

como una cesión de la periferia en favor del centro, sino como generosa aventura conjunta, para velar por

el bienestar y la prosperidad de todas las comunidades que integran el Estado español.

 

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