Autor: Trías Fargas, Ramón. 
   Banquero, bancario, ¿o qué...? /2     
 
 El País.    06/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ECONOMÍA

EL PAÍS, viernes 6 de octubre de 1978

TRIBUNA LIBRE

Banquero, bancarío, ¿o qué». ? / y 2

RAMÓN TRIAS FARGAS Diputado de la Minoría Catalana

Me parece especialmente injusto que los antiguos gerifaltes del régimen crean que pueden lavarle la cara

a su pasado ensuciando el mío, con la acusación de banquero. El país está en un consenso general con el

que se ha querido evitar otra guerra civil en España. Me parece muy bien. Pero ya no me parece tan bien

que no se pueda mencionar siquiera la historia de nadie durante los años transcurridos. Y, desde luego,

me parece muy mal que los señores que mandaban con el general Franco se permitan el lujo de

obsequiarnos gratuitamente con sermones democráticos a los que hemos sido demócratas de toda la vida.

Es posible que este pacto de no agresión pueda convenir a los grupos parlamentarios que desde la extrema

derecha y desde la extrema izquierda, cada cual a su manera tienen mucha historia que hacer olvidar. Pero

a los que tenemos una historia política ingenua —lo que quiere decir que siempre hemos perdido— pero

limpia, estos cambalaches del silencio nos resultan un mal negocio.

Ministro o empresario

No señor. No es equivalente a la hora de las responsabilidades morales incurridas en los últimos años

haber sido ministro del general Franco o haber trabajado para la empresa privada. Lo primero era un acto

voluntario de opresión política sobre los españoles, y lo segundo era, en el peor de los casos, un acto de

sobrevivencia. Bien o mal, ¿cuántos son los españoles que, con más o menos fortuna, de una manera u

otra no han trabajado para la empresa privada desde 1939 hasta 1975? Por lo demás, no se olvide que a

las dictaduras de todos los tiempos les ha interesado que la gente trabajara y callara, con algún partido de

fútbol de por medio a título de consolación.

Y en cualquier caso, ¿que´ se quiere decir con eso? ¿Que el régimen no democrático del general Franco

dejaba que nos ganáramos la vida? Es cierto que el autoritarismo fue mucho más duro y cruel en la

España de los años primeros del franquismo que en la de veinticinco años después. Y esto será

decadencia de la dictadura, pero era dictadura al fin y al cabo. Es cierto que todos hemos hecho lo posible

para sobrevivir en cualquier etapa de este largo período de la historia de España. No faltaba más. Pero no

era sin dificultades. Y conste que les voy a hacer gracia de la historia de mi vida, pero no sin decirles que

ésta ha contado con más renuncias de lo que parece Y desde luego, se ha desarrollado sin claudicaciones.

Una anécdota

De todas formas, les voy a contar una anécdota auténtica que ilustrará eso que algunos antiguos

franquistas llaman servir al país de un lado, y hacer carrera bancaria o de empresa privada del otro.

Escena: sala de consejos de una conocida empresa editorial de Barcelona. El presidente del consejo, el

gerente de la misma y un servidor de ustedes esperan con inquietud la anunciada visita de un director

general del omnipotente ministro de Información y Turismo del momento. Acto único: llega el personaje

a la hora señalada. Después de interesarse escuetamente y a modo de introducción por la marcha de la

empresa, revela con severidad el motivo de su visita a sus silenciosos y preocupados interlocutores. La

autoridad siempre ha tratado bien a la editorial --la censura ha sido benévola— porque ésta se ha

abstenido de desviaciones políticas. Casi siempre se ha limitado a publicar medicina o ingeniería. Que el

Gobierno no vería con buenos ojos otra cosa que, sin embargo, hay motivos para temer que la editora se

oriente hacia otros temas más de carácter social y, por tanto, más peligrosos. Que muy concretamente, el

Ministerio sabe que se ha empezado a dar trabajó a conocidos enemigos del régimen. Que, por no citar de

momento más que un nombre conspicuo, menciona el del comunista Manuel Sacristán. En el Ministerio

esperan que esta anomalía no signifique cambios ideológicos en la casa editora ni confiera carácter a sus

actividades editoriales futuras. En todo caso, se espera que tan irritante situación acabe en el acto,

quedando el referido ideólogo y cualquier otro como él separados desde ese mismo momento de la

empresa y, sobre todo, de su nómina. La empresa —nosotros— acompañamos respetuosamente al ilustre

visitante hasta el coche oficial. No he de entrar en el detalle dé cómo los representantes de la editorial

capeamos el temporal. No hay que decir que en fin de cuentas el represaliado político conservó su

contrato. Seguramente ni se enteró del peligro que corrió.

Asilo en la empresa

Y me atrevo a decir que este caso no es único. Son infinitos los perseguidos de la dictadura que

encontraron asilo en la empresa privada. La modestia nos impide —a mí y a tantos aún más que a mi-- dar

la lista de toda la gente de la oposición, más o menos acosados por el régimen, que se refugiaron

económicamente en empresas privadas donde les pudimos ayudar. Sin la empresa privada, la dictadura de

Franco hubiese sido mil veces más dura.

Esto era lo que era servir al Estado de Franco y esto era trabajar para la empresa privada, en la érjoca de

Franco, Yo entiendo fríamente y sin hacerme ilusipnes que esa división histórica del trabajo en la que

efectivamente yo opté por la empresa privada, a mí me honra.

Quede, pues, claro que yo creo en la empresa privada y en los empresarios, que me satisface colaborar

con ellos y que, salvo excepciones que pueden encontrarse en todos los sectores, considero que los

empresarios cumplen con imaginación y abnegación una alta misión social.

Lo que sí me parecería en desacuerdo con la moral sería cualquier actuación en la vida real mía que

resultara incompatible con mis propias creencias. Yo he trabajado en la empresa privada porque creo en

ella y en su papel positivo en la sociedad. Otra cosa sería si yo creyera que fe empresa privada es un foco

de explotación y de inmoralidad. Pero, no lo creo y he tomado la precaución en este articuló, aun a

riesgo dé cansar a mis lectores, de decir por qué. Soy pues, honesto conmigo mismo porque siguiendo a

Kant actúo de acuerdo con mi conciencia, único juez que reconozco y acato en materia de moral. Sí me

parecería, en cambio, una inmoralidad, insisto, que yo, propietario de grandes extensiones de tierra de

labor o propietario y jefe de empresas titulares de otros factores de la producción, pongo por caso, a pesar

de ello militara al frente de partidos marxistas. La incompatibilidad entre lo que se predica y cómo se vive

es en este caso manifiesta y la inmoralidad evidente. No es mi caso.

O también me parece inmoral, dadas sus convicciones democráticas, que pregonan ahora haber

profesorado siempre, la conducta de los que se pusieron al servicio de la autocracia franquista.

Coherencia

Y por este motivo y razonamientos me creo obligado a decir a mis enemigos de la izquierda, a los que me

tratan peyorativamente de banquero, que me parece el colmo de la parcialidad que a mí me califiquen de

algo que creen ofensivo, mientras callan meticulosamente el epíteto de grandes terratenientes o de

grandes millonarios que objetivamente corresponden a varios dirigentes de los partidos marxistas, cosa

que resulta mucho más grave, no tanto porque sean terratenientes o millonarios, sino porque los ideales

que dicen profesar no coinciden con las normas de conducta que practican.

Y a mis enemigos de la derecha, les reitero muy brevemente que no me arrepiento políticamente de nada,

ni me olvido de nada.

Y a todos, les pido que si hay que calificar a las personas, que la calificación corresponda a la ver-dady

además que con esta verdad respectiva califiquemos a unos y a otros y a todos, y no sólo a algunos. Decir

mentira es malo, pero no basta, señores, con decir la verdad. Hay que decir toda la verdad.

Y antes de terminar aprovecho la ocasión para decirles a mis amigos de la derecha y de la izquierda que

me llamen como quieran, que siempre me tendrán cordialmente a su disposición.

 

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