Autor: Canyelles i Barcells, Antón. 
   Centristes de Catalunya     
 
 La Vanguardia.    13/01/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA VANGUARDIA

• POLÍTICA • SÁBADO, 13 DE ENERO DE 1979

Libres opiniones

Centristes de Catalunya, la alternativa de Centro

Poco a poco, por caminos largos y no siempre gratos, nuestro país va accediendo a la normalidad política.

El repertorio de opciones se reduce o, cuando no, se racionaliza y clarifica. Ello quiere decir que cada día

hay más ciudadanos de este país capaces de no exigirle a su partido que encarne todas sus ilusiones y

todos los matices de su subjetividad... Cada día hay más ciudadanos capaces de discernir qué política real

puede acercarles objetivamente al logro de lo irrenunciable de sus aspiraciones políticas. Ciertos

planteamientos maximalistas, sobre todo los que se daban en personas de talante moderado... ¿No han

sido algo así como compensaciones oníricas de una época en que el régimen, imperante forzaba a la

inactividad política?

La formación electoral «Centristes de Catalunya» se inscribe de lleno en ese proceso de simplificación, de

clarificación y de realismo. Quisiera poner particularmente de manifiesto algunos conceptos implícitos en

esta operación política, que explican su filosofía y, más concretamente, la filosofía de quienes llegamos a

«Centristes de Catalunya» desde la oposición democrática al antiguo régimen y desde el nacionalismo

catalán.

1. Una mirada a la política española de los dos últimos años nos descubre fácilmente que se han dado

muy pocas cosas realmente nuevas en relación con nuestras constantes históricas. Ni la existencia de un

socialismo importante, ni la de una derecha proclive al integrismo y obsesionada por la unidad, ni la de

unos nacionalismos de peso de Catalunya y en Éuzcadi son novedades. Hay cierta novedad en el volumen

y en la actitud de ios comunistas, en el cuadro del sindicalismo, en el deslizamiento de la izquierda

catalana hacia e! socialismo, en la posición de la Iglesia. Pero la novedad más espectacular y decisiva de

este bienio la constituye, sin duda alguna, la aparición de un centro político que, arrancando de la derecha

sociológica, es capaz de llevar a término un amplísimo y veloz proceso de democratización, que

comprende desde la legalización de los partidos, incluidos e! comunista y la extrema izquierda, hasta el

restablecimiento de la Generalitat de Catalunya y el retorno de su president en el exilio, Josep Tarradellas.

Todos los restantes elementos, en lo esencial, ya existieron en ios años treinta —derechas, izquierdas,

nacionalismos...— y sabemos en qué pararon, la aparición de la nueva baza centrista es lo realmente

nuevo y, en definitiva, lo que alienta en todos una esperanza razonable de que la historia no va a repetirse

esta vez.

Esta consideración es fundamental y ha despertado en muchísimos catalanes un sentido de la responsa-

bilidad política que nos lleva a empeñar nuestra acción política en el triunfo del centro, desde «Centristas

de Catalunya». Desde esta perspectiva histórica y, sobre todo, cada vez que la posibilidad de una: crisis

grave, nos acecha, suenan a coquetería ciertos alardes de pureza de

sangre democrática o ciertas alusiones al pasado. Por otra parte, no en vano luchamos arduamente por la

amnistía, por la reconciliación, por la tota! eliminación de la discordia civil. En este momento, existe un

solo criterio básico de ciudadanía: la aceptación fáctica de la Constitución.

2. He de reconocer, sin embargo, que para un socialista mi conclusión de comprometerme en el triunfo

del centro no resulta válida. Para él existe, en efecto, otra expectativa de consolidación democrática: la

victoria socialista. No voy a discutir ahora con los socialistas. Me limito a observar que su alternativa no

es la de los centristas, llámense éstos demócrata-cristianos, liberales o social-demócratas. Es el caso que,

además de nuevo y trascendental para ia democracia, el centrismo de España propugna un modelo de so-

ciedad concreto que es el de las familias políticas que acabo de mencionar, en lo fundamental: un modelo

equidistante dei viejo capitalismo liberal y de la dictadura de la burocracia. Esta es una razón decisiva que

nos ha agrupado en «Contristes de Catalunya» a quienes, desde siempre, hemos propugnado tales formas

de vida social y política.

Nunca he apelado a una alianza antimarxista, caricatura ésta con que alguien pretende desacreditar, a

veces, nuestra actitud. La razón de ser del centro político es, precisamente, impedir tales réplicas a la no

menos peligrosa tendencia al «frente popular». Ahora bien, ello no quita que propugnemos una torna de

posición firme de quienes nos inspiramos en una concepción determinada de la democracia. Hay todavía

demasiada inconsciencia y hasta pereza política en determinados sectores sociales. Estamos ante un

proceso digno de atención y de meditación. Es el siguiente. En muchos aspectos económicos y políticos,

ante sus fracasos insoslayables en el terreno de la realidad, el comunismo se vuelve euro-comunismo y el

socialismo pugna por desmarxistizarse. Pero los aspectos teóricos, de más profunda incidencia, que

afectan al modelo cultural y comprenden la educación y la enseñanza, la familia, el concepto de la vida y

de la historia... el marxismo va colocando sus principios, con el renovado atractivo de la moderación

social y política. ¿Acaso no podríamos sentirnos menos lejos de ciertas exigencias de su desvanecido

radicalismo social, que de sus sutiles contenidos teóricos? Pues bien, los políticos de centro que

procedemos de la antigua oposición al franquismo sabemos sobradamente, y rio debemos tener reparos en

decirio, que nosotros solos no somos «el centro» ni garantizamos nuestro modelo de sociedad. Es

imprescindible, además de lógico, recomponer la concordia con otros centristas que, por razones

históricas ya superadas, mantuvieron otras posiciones. No vamos a ir con la derecha, sector respetable

pero distinto. No sería posible ni serio. Pero sí lo será con un centro democrático y autonómico, que

respira aires demócrata-cristianos, social-demócratas y liberales... Esta es la empresa de «Centristes de

Catalunya»; lograr que los hombres de centro de este país nos encontremos en la democracia y garantice-

mos unidos nuestro modelo de sociedad.

3. Estas van a Ser nuestras primeras elecciones con Generalitat de Catalunya. Ello significa, de un lado,

que nuestro voto no deberá perder de vista la necesidad de potenciar y hacer definitivo lo que es ahora

incipiente e incompleto. La autonomía y el Estatut que ha de sancionarla serán metas fundamentales de

nuestro futuro político. Pero también significa de otro lado, que no estamos en una situación dramática:

nuestra nacionalidad cuenta con el respaldo de la Constitución y el desenvolvimiento cotidiano de la

sociedad catalana, de su cultura, de sus instituciones y de su política, en el marco de la Generalitat, no

tiene nada que ver con nuestro pasado inmediato. Sería un error funesto difundir, con finés

electoraralistas, un clima de desconfianza irrazonable ante el futuro de nuestro autonomía. Hay dos

cuestiones que «Centristes de Catalunya» consideramos primordiales en este momento.

La primera, consolidar la concordia entre todos los ciudadanos de Catalunya, sea cual sea su origen. No

ayudaría a ello poner a muchos ciudadanos centristas, no catalanes por nacimiento, ante la disyuntiva de

votar al nacionalismo o no votar aI centro. Tal disyuntiva viene fomentada por la pretensión de dar a las

opciones de centro un carácter nacionalista, incapaz —números cantan— de incorporar a catalanes de

todo origen. «Centristes de Catalunya» realiza un trabajo trascendental para nuestro futuro, la

convivencia, la discusión política, la integración en un programa catalán que pueda ser común a todos.

Sin esta coalición, muchos votos de centro tendrían que ir a la derecha o a la izquierda...

La segunda, afianzar la incorporación de las aspiraciones autonómicas de Catalunya en la alternativa de

centro. Sin ello, Catalunya o sería derrotada o sólo podría triunfar del brazo de la izquierda. Ya es hora de

decir las cosas como son: no se puede, porque no es verdad, asumir con grandes palabras la

representación del nacionalismo catalán... para que luego piensen en toda España que nuestras

aspiraciones son minoritarias en Catalunya. Las aspiraciones catalanas están representadas por la

izquierda y lo están por el centro, entre otros. Son mayoritarias. No se reducen a los votos de los partidos

nacionalistas. Y corresponde a los centristas propiciar que la victoria del centro sea una victoria de

Catalunya. Esta tarea asume «Centristes de Catalunya», etapa en la estructuración del «centre ampli» que

habrá de asegurar, llegado el momento, la alternativa de centro en la Generalitat de Catalunya.

Antón CAÑELLAS

Secretario General de U.D.C.A

 

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