En Cataluña, votos centrados el 1-M     
 
 Diario 16.    07/03/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

En Cataluña, votos centrados el 1-M

La progresión de votos nacionalistas en el País Vasco no ha tenido eco en otra nacionalidad histórica del

Estado español: Cataluña. Los catalanes de origen o de adopción tenían muy claro, salvo pequeñas

oscilaciones, a quiénes tenían que votar y por qué, así que el slogan utilizado por los Centristas de

Cataluña-UCD («Centrémonos») ha resultado una recomendación ociosa al electorado catalán que,

prácticamente, se había centrado ya el 15 de junio de 1977.

A pesar de ello la derecha catalana se ha afianzado, no sólo por el número de votos obtenido, sino

también porque, días antes de las elecciones, nadie apostaba por la coalición Convergencia i Unió, pero

Jordi Pujol ha dado el campanazo, a pesar de haber perdido algún escaño.

Por otra parte, el fichaje de Antón Cañellas por Centristas de Cataluña-UCD ha sido la clave para que el

partido de Adolfo Suárez ganara posiciones en un territorio autónomo, con un fuerte sentimiento

nacionalista y en donde había partido, hace ya año y medio, como «caballo perdedor». La UCD,

improvisada por Carlos Sentís en junio del 77, aliada posteriormente con los giscardianos de Joaquín

Molins y con el aderezo del nacionalismo demócratacristiano de Cañellas, ha resultado ser una de las

sorpresas electorales del primero de marzo, especialmente cuando ahora las conjeturas le conceden, in

cluso, posibilidades de éxito a su candidato a la Alcaldía, Carles Güell de Sentmenat, frente al socialista

Narcis Serra.

Pero quizá el hecho electoral más importante de Cataluña, a la vista de los resultados del 1-M haya sido el

triunfo de los socialistas con su candidatura al Senado, apoyada exclusivamente por un partido tan

minoritario como es la Esquerra Republicana de Catalunya.

La ruptura de la coalición Entesa dels Catalans, en la que estuvieron complicados en su día socialistas,

comunistas y otros partidos de la izquierda nacionalista, hizo suponer a alguno el descalabro de las

fuerzas progresistas de Cataluña en la Cámara Alta. No ha sido así. De doce candidatos; los socialistas

han obtenido diez escaños al Senado, que es mucho cuando se esperaba que la división de la izquierda

entregaría el Senado al centro-derecha. El único descalabro de las elecciones al Senado ha sido el de

Josep Benet, el senador más votado de España en las anteriores elecciones, que se ha visto en el cuarto

lugar, muy por detrás de su competidor directo, Josep Andreu i Abelló.

Estos resultados, evidentemente, van a influenciar al PSUC (comunistas catalanes) ante los posibles

pactos poselectorales en algunos municipios importantes de Cataluña, como podría ser el de Barcelona,

porque, está claro, que los comunistas harán pagar caro a sus colegas socialistas el hecho de no ir juntos al

Senado en una llamada «candidatura de unitat catalana».

En definitiva, esta confirmación del voto catalán, menos oscilante que en otras partes de España, como el

País Vasco o Andalucía, significa más que nada la madurez de un pueblo que sabe lo que quiere y como

conseguirlo. En Cataluña nadie, ni Tarradellas --a pesar de su viaje a Madrid anunciado para hoy-, se ha

puesto nervioso por este nuevo proceso electoral. Quién más y quién menos han quedado donde estaban y

buena prueba de ello es la reciente decisión del Consell Executiu de la Generalitat de continuar sin

cambios hasta que sea una realidad constitucional la autonomía de Cataluña.

El llamado «seny» catalán se ha puesto una vez más de manifiesto y los aventurismos político-

nacionalistas, como podría ser el caso de Xirinacs, han quedado en la cuneta de la voluntad popular,

mientras los votos responsables han ido donde solían.

 

< Volver