Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   Cataluña no es un poder fáctico     
 
 Diario 16.    02/02/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA

Catedrático de Derecho Político

Cataluña no es un poder fáctíco

No entiende Jiménez de Parga qué le Mueve a Pujol cuando dice y repite que Cataluña es un poder

fáctico. El autor defiende la tesis de que tal poder es el que influye en los poderes oficiales de forma

oculta e indirecta, presionando a las instituciones establecidas en la Constitución. El que interviene en los

pasillos, en las antesalas del poder. Y Cataluña - dice Jiménez de Parga— es mucho más.

Desde hace algún tiempo, los políticos españoles se refieren con bastante frecuencia a los llamados

poderes fácticos. A partir del 23-F se nota una verdadera obsesión por el asunto. Se ven poderes fácticos

por todas partes y una simple invocación a los mismos sirve para justificar cualquier retraso en la toma de

decisiones.

La novedad más reciente se ha registrado en Cataluña. De forma incidental se dijo, creo recordar que fue

este último verano, que Cataluña era un poder fáctico. Me sorprendió la afirmación, pero no le di mayor

importancia. Sin embargo, el propio presidente de la Generalidad, en declaración hecha pública el

domingo 31 de enero, lo ha repetido de forma rotunda: «Cataluña -dice Pujóles un poder fáctico.»

Inquieta la trascendencia que esa opinión puede tener, tanto dentro de Cataluña como fuera de ella. Parece

oportuno hacer algunas precisiones al respecto.

Poderes ocultos

Sabido es que la teoría de los poderes fácticos, en su concepción moderna, es tan vieja como el presente

siglo XX. El norteamericano A. F. Bentley, en una obra aparecida en 1908, ya habla de la presión de los

intereses y de los grupos en el proceso político. A partir de los años veinte se "difunde la idea en los

Estados Unidos y entre nosotros, con un considerable retraso, los poderes fácticos empiezan a ser

considerados científicamente por los años cincuenta. La tesis de Jacqueline B. de Celis, leída en la

Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona en 1962 y luego transformada en libro, es quizá la

primera monografía española sobre el tema.

Poder fáctico, como su nombre indica, es un poder que opera al margen de las normas jurídicas. Es un

poder de hecho, no formalizado por el derecho. Cuando un país posee Constitución escrita, poderes

fácticos son todos aquellos que influyen en los poderes oficiales de forma oculta e indirecta, presionando

a las instituciones establecidas en la Gran Carta. Se sospecha que poseen mucha fuerza, o que algunos de

ellos la poseen, pero no es posible calcular su peso exacto en actos y acuerdos. Una de las características

dé los poderes fácticos es no asumir la responsabilidad que comporta el ser titular conocido de una

decisión política. Los poderes fácticos no salen a escena. Intervienen en los pasillos, en las antesalas del

poder, desde una confortable situación exenta de riesgos.

Estos poderes fácticos, tar numerosos como influyentes en las democracias contemporáneas, son

generalmente grupos privados de intereses (económicos, profesionales, religiosos, culturales, etcétera),

pero puede darse el caso de instituciones constitucionales que se comportan mal, saliendo del ámbito de

su competencia e invadiendo el de otras instituciones. Cuando esto último sucede, se convierten en

poderes fácticos.

En el prólogo que escribí, hace veinte años, al citado libro de J. B. de Celis, expuse este singular

comportamiento de ciertas instituciones oficiales invadiendo extraconstitucionalmente el campo

propio de otras. Transcribo el ejemplo que entonces utilicé: «Pensemos en el Ejército -decía yo-. El

Ejército es una institución del Estado. Cuando un ministro del Ejército toma un acuerdo en la zona de la

Administración Pública que le está asignada, el ministro actúa como autoridad pública. El mismo carácter

de autoridad tienen los capitanes´generales y los gobernadores militares al decidir en sus respectivos

ámbitos de competencia. Mas si un grupo de generales en nombre del Ejército se presenta en un

Ministerio (o en otro organismo oficial) e influye para que determinadas autoridades se pronuncien de

una cierta manera, aquí el Ejército está comportándose como un verdadero grupo de presión (o poder

fáctico).

Y debemos calificar de esta forma su conducta por dos razones: primera, porque ha invadido el sector

propio de otras autoridades;" segunda, porque al no ser legalmente competente en el asunto e influir de

ocultis - como los transpuntes dictan a los actores entre bastidores - , no afronta la responsabilidad que

comporta el ser titular de una decisión política.» («Los grupos de presión en las democracias contemporá-

neas», Madrid, 1963, prólogo, págs. 20/21.)

Los poderes fácticos, en suma, o grupos de presión, aunque resulten inevitables en las democracias

pluralistas, contribuyen a desfigurar el sistema de poderes constitucionales. Y en épocas de consolidación

democrática, como la que nosotros atravesamos, los poderes fácticos son agentes de confusionismo y de

distorsión, en ocasiones graves.

Comunidad

No es constitucionalmente correcto, por tanto, que Cataluña, participe en la política española como un

poder fáctico. El artículo 1° del Estatuto de autonomía de Cataluña la caracteriza como una «comunidad

autónoma de acuerdo con la Constitución y con el presente Estatuto, que es su norma institucional

básica». Cataluña es una institución constitucional, con sus derechos y sus deberes, con sus libertades y

sus obligaciones. Cataluña no es un poder fáctico.

Si los portavoces autorizados de las otras instituciones, verbigracia, el Congreso de los Diputados, el

Senado, el Poder Judicial o el Gobierno, empezaran a anunciar que son poderes fácticos y comenzasen a

operar como tales, la Constitución se desvirtuaría, con el riesgo de desarticularse totalmente. Sería la gran

crisis de la democracia española.

Me consta que el presidente de la Generalidad no desea que .la catástrofe ocurra. No comprendo qué le

mueve a decir y repetir que Cataluña es un poder fáctico. Cataluña es mucho más.

 

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