Las dos opciones para Cataluña     
 
 La Vanguardia.    15/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA VANGUARDIA

Las dos opciones para Cataluña

LA última huelga de los transportes públicos de Barcelona, tan difícil de justificar por sus fines

como por los medios utilizados para imponerla, ha sido causa de que muchos ciudadanos

hayan vuelto a plantearse viejas reflexiones en torno a la viabilidad de la convivencia

democrática en este país, justamente cuando nos hallamos en vísperas de unas elecciones

que han de prologar la reapertura del Parlamento de Cataluña. Pero tal vez sea oportuna esa

reflexión precisamente ahora, en estos días en que Cataluña está desenmarañando el hilo de

su Historia.

Desde sus lejanos antecedentes, que se remontan hasta aquellas Cortes del siglo XIII y que en

no pocos terrenos se anticiparon a las primeras instituciones democráticas inglesas, nuestro

Parlamento ha vivido innumerables avatares y ha conocido prolongados silencios. Hay que

reconocer, sin embargo, que en su largo recorrido jamás ha desmentido su hondo arraigo en

los caracteres esenciales de un pueblo siempre predispuesto al pacto y al respeto hacia la

libertad de los demás. Y con una inclinación a la tolerancia que sólo se invierte frente a la

coacción. Sólo así puede concebirse aquella armoniosa unión catalano-aragonesa: dos

pueblos, tan distintos en tantos aspectos, unidos en una ejemplar aventura común que, con

razón, ha podido compararse al «Commonwealth» británico. La historia de aquellas Cortes es

la de una institución que avanza paso a paso por el camino de la progresiva limitación del

poder real, sobre todo en el sentido de condicionar y recortar la imposición de tributos, los

cuales no se otorgaban «por deuda ni por obligación, sino por mera y franca liberalidad». Y ello

hasta el punto de que en las Cortes reunidas en Perpiñán en 1406 pudiera formular Martín el.

Humano Ja famosa cuestión: «¿qué pueblo hay en el mundo tan libre como vosotros?».

Como bien observa Vicens Vives, e! declive de Cataluña comienza con el auge del

absolutismo, con la entrada en escena de las monarquías autoritarias; cuando se rompe el

delicado equilibrio, tan celosamente salvaguardado hasta entonces, entre la autoridad del

Soberano y las libertades de los particulares.

Por eso, ahora que el viejo Parlamento está a punto de reabrir sus puertas, no está de más un

repaso a nuestra Historia para recordar quiénes somos, de dónde venimos y así percibir mejor

hacia dónde debemos ir. A Cataluña también ie interesa recuperar sus raíces.

En las elecciones del próximo día 20 van a concurrir numerosos partidos con otros tantos

programas. En el fondo, sin embargo, van a enfrentarse tan sólo dos grandes opciones: la que

tiende a conferir toda la preeminencia al Estado y la que tiende a supeditar su autoridad e

intervención a los derechos y libertades del ciudadano. Los electores tendrán, pues, ante sí dos

formas radicalmente diferentes de entender la vida en comunidad y el papel que en ella ha de

desempeñar el Estado. Seamos conscientes, por tanto, de que los partidos en liza llevan

aparejados distintos grados de adhesión al dirigismo estatal, que podrá verse limitado o, por el

contrario, reforzado, según el Parlamento que salga de las urnas.

 

< Volver